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Última oportunidad para el mar

Después de 20 años de debate y tensiones se llegó a un acuerdo para proteger los océanos. La biodiversidad corre un serio peligro si no se aplica este tratado en forma inmediata.


Por Gabriel Michi



El tiempo se acaba. Y las chances de cambiar el destino se van agotando. La destrucción que el Hombre viene generando en el medio ambiente desde hace siglos, pero que se potenció y aceleró en los últimos años, parece irreversible. Y sólo si las naciones se comprometen con frenar esta locura autodestructiva y lo hagan más allá de las palabras con hechos y políticas concretas, algo cambiará. Esa contaminación alarmante se extiende en tierra, aire y también en el mar. Los océanos forman parte de ese repertorio de lugares donde la mano del Hombre viene causando estragos. Y ahora, por primera vez, los miembros de la Organización de Naciones Unidas (ONU) acordaron un tratado unificado para proteger la biodiversidad en alta mar, lo que representa un punto de inflexión, un antes y un después, para vastas extensiones de agua donde la conservación se ha visto obstaculizada anteriormente por un confuso y contradictorio mosaico de leyes. Y esto es una gran noticia. Quizás sea la última oportunidad para los mares.


Si bien existe la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (que se puso en marcha en 1994), en aquel entonces aún el concepto de la biodiversidad, en particular la marina, no tenía la dimensión ni el conocimiento que hoy tiene. Y, mucho menos, la conciencia que se ha generado al ver los desastres de la contaminación, sobre todo de plásticos, en los mares del mundo. Ahora el acuerdo del tratado de la ONU, que llevó más de dos semanas de conversaciones en Nueva York pero que en realidad sintetizó más de 20 años de debates, alimenta la esperanza de que algo empiece a cambiar. Que otra historia se empiece a escribir.


El acuerdo alcanzado da un marco actualizado para proteger toda la vida marina en las regiones fuera de las aguas fronterizas nacionales, es decir, en aquellas aguas internacionales que están a más de 200 millas de las costas. Eso se había trabado una y otra vez en las últimas dos décadas pero ahora esas superficies de alta mar, estarán bajo el amparo de este nuevo tratado de acuerdo unificado, que se aplica sobre la mitad del planeta.


El texto sienta las bases para el establecimiento de zonas marinas protegidas, lo que debe facilitar que se cumpla la promesa internacional de salvaguardar al menos el 30 % de los océanos para el año 2030. "El barco ha llegado a la costa", anunció la presidenta de las negociaciones, Rena Lee, para confirmar que finalmente había un consenso sobre el documento, una noticia recibida con una gran ovación por las delegaciones reunidas en la sede de Naciones unidas. Todo el proceso fue seguido en detalle por organizaciones ecologistas que empujaron para que se llegue a un tratado "sólido y ambicioso", porque justamente veían en esta situación la última oportunidad para salvar a los mares. Para eso se creará un organismo supranacional especial para gestionar la conservación de la vida marina y establecer áreas marinas protegidas en alta mar.





A las imágenes aterradoras que se han visto de islas gigantescas formadas por los plásticos que se arrojan y se acumulan en los mares y que no son biodegradables, se suman otras amenazas concretas -que más que amenaza son una realidad- como la minería en el fondo de los mares y la pesca intensiva. Esas son las principales amenazas para altamar, que supone dos tercios del total de los océanos. Por eso el nuevo tratado establece como regla central "asegurar la conservación y el uso sostenible de la diversidad biológica marina de las zonas situadas fuera de la jurisdicción nacional". Vale recordar que varias especies marinas, (delfines, ballenas, tortugas marinas y distintos tipos de peces) están en peligro ya que realizan largas migraciones anuales, cruzando fronteras nacionales y llegando a alta mar.


La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, señaló: "El océano es comida, energía, vida. Le ha dado mucho a la humanidad, es tiempo de devolvérselo. Celebro el acuerdo sobre la altamar; un tratado que protegerá el océano más allá de las jurisdicciones nacionales".


Realmente solo tenemos dos grandes bienes comunes globales: la atmósfera y los océanos”, dijo Rebecca Helm, bióloga marina de Georgetown. Si bien los océanos pueden llamar menos la atención, "proteger esta mitad de la superficie terrestre es absolutamente fundamental"


Por su parte Steffi Lemke, ministra de Medio Ambiente de Alemania, sostuvo que: “Por primera vez, estamos obteniendo un acuerdo vinculante para alta mar, que hasta ahora apenas ha sido protegido. La protección integral de especies y hábitats en peligro de extinción ahora es finalmente posible en más del 40% de la superficie de la Tierra”.


El tratado también establece reglas básicas para realizar evaluaciones de impacto ambiental para actividades comerciales en los océanos. Según Gladys Martínez de Lemos, directora ejecutiva de la Asociación Interamericana para la Defensa del Medio Ambiente, “los gobiernos han dado un paso importante que fortalece la protección legal de dos tercios del océano y con ello la biodiversidad marina y los medios de vida de las comunidades costeras”.

La pregunta ahora es qué tan bien se implementará el ambicioso tratado.


En este nuevo acuerdo se trata de “reconocer que el océano no es un recurso ilimitado, y requiere la cooperación global para usar el océano de manera sostenible”, dijo la bióloga Malin Pinsky de la Universidad de Rutgers.


La buena nueva llega en un momento determinante para la Humanidad. Porque los efectos de la contaminación humana se está viendo reflejada cada vez con más frecuencia y consecuencias más graves en distintas expresiones del cambio climático. Y, en el caso de los océanos, esa contaminación equivale a que cada año más de 13 millones de toneladas de plásticos sean arrojadas a ellos. Una verdadera locura. Autodestructiva y dañina. Por eso este acuerdo puede llegar a ser la última oportunidad para los mares.





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