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Ciencia vs religión: el llamativo auge de los científicos que creen en la existencia de Dios

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    MundoNews
  • 24 ago
  • 5 min de lectura

Cada vez más investigadores intentan encontrar explicaciones divinas a fenómenos que no pueden explicar desde su saber y sus estudios. Y se convirtieron en fuertes éxitos editoriales.


Por Gabriel Michi




Desde siempre ha sido la mayor discusión de la Humanidad. Donde los debates terminan en callejones sin salida. Encerronas en los que ninguna de las partes en disputa quieren ceder. Y es que se trata de cuestiones de convicciones que hacen a la esencia del ser humano. De un lado están quienes defienden la existencia de Dios. Del otro, los que creen que es la ciencia la que tiene todas las respuestas. Pero ahora hay personas se animan a transitar el puente que une ambos extremos. Y no cualquier persona. Cada día más científicos se animan a indagar sobre temas como el cielo, la reencarnación y hasta la inmortalidad del alma, temas que siempre fueron tabú para sus disciplinas. Y van contra la corriente porque aún hoy la mayoría de la comunidad científica es escéptica de esas creencias. Lo llamativo es que la postura de estos científicos pro existencia divina va ganando seguidores y hasta conquista espacios en librerías e Internet.


Un ejemplo de ello es el trabajo de los ingenieros Michel-Yves Bolloré y Olivier Bonnassies que en su libro  "Dios. La ciencia. Las pruebas" (Funambulista, 2023) postulan sus ideas para explicar el extraño salto de la materia inerte a los seres vivos. La obra se volvió un éxito editorial ya que llevan vendidos más de 250.000 ejemplares sólo en Francia. Hay otros estudiosos que se han volcado a intentar descubrir que hay detrás del fenómeno de los niños que recuerdan vidas pasadas o las llamadas "Experiencias Cercanas a la Muerte" (ECM). O aquellos que se basan en relatos de personas que enfrentaron una situación de muerte y que supuestamente vieron como se desprendían y salían de su propio cuerpo, o atravesaban un túnel u observaron una luz intensa al final del camino.


Lo cierto es que el estudio de estos fenómenos no es una novedad reciente. Las ECM se investigan desde los años '70. Uno de los precursores fue el psiquiatra Raymond Moody. Pero no fue el único: antes que él hubo trabajos de otro psiquiatra, Ian Stevenson, quien documentó supuestos recuerdos de vidas pasadas que apuntalarían la idea de la reencarnación.


Hoy esa intersección entre la ciencia y lo divino parece estar ganando terreno y cada vez esa intersección entre la ciencia y lo divino va cosechando más adeptos. El éxito de estas tendencias parece relacionada con un boom de la espiritualidad que se viene dando en gran parte del mundo, que se refleja no sólo en libros, sino también en podcast y distintos formatos que se multiplican por Internet.


Otros autores que despertaron el interés del público en estos asuntos son el cardiólogo Valentín Fuster -que recibió el premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica, que prologa "Ego y supraconciencia" (Planeta, 2025)-, el cirujano Manuel Sans Segarra y Robert W. Wilson, (quien obtuvo el Premio Nobel de Física por su descubrimientos sobre la radiación de fondo que confirmó el Big Bang, que participa en el libro de Bolloré y Bonnassies.


Dentro de los hits de los últimos años que han despertado el interés masivo se encuentra "La prueba del cielo" (2012), escrito por el neurocirujano estadounidense Eben Alexander, profesor de la Facultad de Medicina de Harvard. Y, en su caso, se trató de una experiencia en primera persona ya que en noviembre de 2008, una meningitis bacteriana lo mantuvo más de una semana en coma y cuando despertó describió su "viaje" al más allá. Y, como en otros testimonios similares, su historia coincidió con el relato de haber vivido una proyección extra corporal, en la que se vio escapándose de su cuerpo y elevándose; en esos tipos de relatos es recurrente la referencia a encuentros con seres de luz o familiares fallecidos y hasta una revisión apretada pero detallada de la propia vida del protagonista. Y también una coincidencia muy llamativa: todo se da en medio de una sensación de paz inigualable, como nunca dicen haber sentido en su existencia.


Según Eben Alexander, semejante experiencia no puede ser una explicado por una supuesta alucinación influenciada por medicación psicoactivas suministrada a los pacientes. Y lo explica desde su propio conocimiento científico dado que, según su mirada. no podría generarse vivencia de esa intensidad difícilmente cuando hay zonas del cerebro inoperativas, tal como le tocó vivenciarlo a él m mientras estuvo en estado de coma en el hospital. Alexander diferenció lo que puede ser una alucinación con lo que que se vive en una "Experiencia Cercana a la Muerte" , donde se da una vivencia estructurada, persistente en la memoria y con efectos duraderos. Por eso señaló: "la vida después de la muerte ha sido probada más allá de toda duda desde una perspectiva científica. Lo que ocurre es que algunas personas no están lo suficientemente interesadas como para informarse”.


Vale aclarar que existen otras posturas científicas que cuestionan las ECM y plantean que no sería una prueba de un más allá. Un estudio realizado por la neurocientífica Charlotte Martial (de la Universidad de Lieja) concluye que las ECM son el resultado de una "cascada de procesos neurobiológicos en un cerebro sometido a estrés extremo, como las situaciones terminales donde se suelen manifestar. Según la investigación, hay factores como la falta de oxígeno, el aumento de dióxido de carbono y las alteraciones en la actividad eléctrica cerebral que pueden derivar en una "hiperactividad neuronal y una liberación masiva de neurotransmisores capaces de generar experiencias intensas, coherentes y emocionalmente profundas". Es cierto que la imposibilidad de comprobar fácticamente esos fenómenos con métodos científicos dificulta su aceptación. Sin embargo, según el filósofo Carlos Blanco, autor de "Conciencia y mismidad" (Dykinson, 2013), que algo no se pueda observar no implica que no exista. Blanco argumenta que algunas de las supuestas pruebas científicas de la existencia de Dios parecieran ser un regreso a "viejos argumentos filosóficos". Es esa búsqueda de un origen o una causa que desemboca en la idea de un Dios. Aunque un mismo fenómeno puede permitir explicaciones distintas, y quizás la observación no pueda desmentirla pero tampoco afirmarla. El filósofo lo dice así: “Todo podría ser fruto del azar, o de que el universo sea simplemente así, eterno, o de que existan otros universos, multiversos. Dios es una causa posible, por supuesto, pero hay otras. ¿Cómo decides cuál es la correcta si no hay observaciones ni experimentos?”. Sin embargo, la simple admisión de la duda es algo que constituye de por sí un cambio paradigmático en cómo la ciencia se ha parado enfrente de las ideas divinas.


Otros relatos similares son los de Álex Gómez-Marín, investigador sénior del Instituto de Neurociencias y científico titular del CSIC, que describió la ECM que vivió en su libro "La ciencia del último umbral" (Temas de Hoy, 2025), y critica el escepticismo extremo: “Este tipo de expertos siempre dicen, en nombre de la ciencia, que saben que no, cuando en realidad no saben. Y eso ha puesto muchas trabas en la investigación y ha hecho sentir tonta, loca y sola a mucha gente que experimenta estos fenómenos. Eso es poco científico y poco ético”. Y así la vieja polarización entre ciencia y misticismo inaugura nuevos capítulos. Pero, en algunos de ellos, se encuentran puentes que unen a esos dos universos que parecían irreconciliables. En donde una y otra se encuentran Y buscan respuestas en común.




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