Colombia frente al peor terremoto en décadas en pleno recambio presidencial
- MundoNews

- 11 ago
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El primer día laboral del flamante mandatario Abelardo De la Espriella quedó enlutado por un potentísimo sismo de 7,4 grados que dejó centenares de muertos, heridos y desaparecidos.
Por Gabriel Michi

En Colombia hubo un metafórico terremoto político. Y un lamentable terremoto real. Todo en cuestión de horas. El viernes 7 de agosto asumió el nuevo presidente Abelardo de la Espriella, un outsider de extrema derecha que -con un discurso anti política y de mano dura- sucederá a su enemigo más acérrimo, el líder de izquierda Gustavo Petro. Y ni bien asumió, luego de un fin de semana a pura fiesta, el flamante mandatario empezó su primer día laboral con la peor noticia: un megaterremoto, el más fuerte en lo que va del siglo, sacudió el oeste de l país cafetero: con una intensidad de 7.4 el sismo tuvo su epicentro en el noroeste del país -específicamente en la localidad de San José del Talar, en el departamento de Chocó- pero repercutió no sólo en toda Colombia sino también en países vecinos como Ecuador y Panamá.
El terremoto ocurrió a las 7:34 de la mañana del lunes 10 de agosto y hasta el momento dejó más de 200 muertos, 1.400 heridos y 3.400 desaparecidos. Pero es una cifra provisoria. Lamentablemente es de suponer que eso crecerá. Quizás no llegue al desastre ocurrido con el doble terremoto del 24 de junio en la vecina Venezuela (hasta el momento hay 6.400 muertos pero siguen buscando cuerpos bajo los escombros) porque las características del sismo fueron diferentes, como también el lugar donde ocurrió y las características constructivas. En el caso colombiano, las ciudades más afectadas fueron Cali, Pereira, Manizales y Quibdó; en todos esos lugares la destrucción fue gigantesca y colapsaron decenas de edificios. Pero el temblor también se hizo sentir en las dos urbes más populosas: Medellín y Bogotá.

Según el Servicio Geológico Colombiano el terremoto de tuvo una profundidad de 103 kilómetros y su epicentro se localizó a 12 kilómetros de San José del Palmar, un pequeño pueblo rural de 6.000 habitantes -en el departamento de Chocó- en el que llamativamente no murió ninguna persona. Distinta fue la situación en Pereira y Manizales, dos ciudades cercanas, y en la populosa Cali que, con 2,2 millones de habitantes, resultó ser la urbe con más fallecidos dadas sus dimensiones.
Frente a semejante catástrofe, el flamante presidente Abelardo de La Espriella declaró desastre de carácter nacional para atender la emergencia. También se decretó en toque de queda en varias localidades para prevenir saqueos. Mientras, equipos de emergencia y voluntarios buscan sobrevivientes atrapados bajo los escombros y siguen apareciendo cuerpos de personas fallecidas. Una verdadera tragedia que, según los primeros cálculos, significaría además pérdidas por más de 6.350 millones de dólares (unos 20 billones de pesos colombianos). Pero, sin duda, las más dolorosas son las humanas. En una Colombia que enfrenta dos terremotos. Uno metafórico. Y otro real. Desgarradoramente real,





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