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COVID: El 'déjà vu' psicológico

Un balance del impacto que genera en las personas que, a dos años del inicio de la Pandemia, haya un nuevo rebrote de dimensiones impensadas. Las consecuencias en la salud mental frente a la ola que se desató cuando muchos pensaban que se había superado.


Por Diego Quindimil (*)


El psicoanalista Diego Quindimil.

Llegó el temido nuevo brote de contagios del Covid-19: en muchos países del mundo lo llaman "quinta ola"; aquí en Argentina se prefiere contarlo como la "tercera ola". A esta altura ya poco importa la numeración: analicemos este momento desde la perspectiva psicológica y realicemos un balance de lo que nos ocurre hace casi dos años a nivel mundial, para tratar de entender cómo impacta la Pandemia en nuestra salud mental.


Ya tenemos frente a nosotros una posible nueva ola de coronavirus, marcada por la variante Ómicron y que está generando un aumento acelerado de contagios en nuestro país. Cuando ya parecía que la habíamos vencido, la Pandemia se cierne sobre nosotros con una nueva amenaza y con esto aparecen en el horizonte las nuevas restricciones -el uso del tapaboca, la distancia social y demás cuidados- que tanto malestar nos provocan.


Con el inicio de una temporada de verano austral, la vuelta a las restricciones pandémicas reactiva la angustia, la frustración y el agobio, que son los síntomas psíquicos más comunes frente a esta y las previas "nuevas olas".


Los más de veinte meses de lucha contra el COVID 19, con aislamientos, encierros, distancia de los seres queridos, incertidumbre y falta de perspectiva, dieron lugar al agravamiento de trastornos de ansiedad, estrés, depresión y alteraciones del sueño.


El "agobio pandémico" afecta a todos.

Las consecuencias físicas y psíquicas de la "Pandemia sin fin" se perfilan devastadoras. Y el cansancio aumenta de la misma manera que la resignación frente a esta nueva ola.


Después de un breve respiro en la primavera, la nueva variante, Ómicron, se abre paso aceleradamente, causando un importante aumento de casos. Se produce un 'déjà vu' de lo que fue la antesala de otros momentos duros de la Pandemia de Coronavirus. Pero, esta vez, llega cuando ya pensábamos que se veía la luz al final del túnel.


Al parecer, el año 2022 está predestinado a ser el tercer año de la Pandemia, una perspectiva que nos deja abrumados, confundidos y con un fuerte temor. Desde la perspectiva psicológica se incrementa el malestar y aparecen las preguntas: "¿Sirvió el esfuerzo?", "¿para qué nos cuidamos tanto?", "¿cuándo termina este sufrimiento?".


Este conjunto de sentimientos, que se conoce como el "agobio pandémico", refleja el cansancio de las personas que se esforzaron por mantener las precauciones y los cuidados de salud durante un tiempo tan prolongado como el que llevamos de pandemia.


En términos generales, la Pandemia provocó diversas reacciones y comportamientos caracterizadas por dos polos opuestos.


Por un lado aquellos que se habituaron o resignaron a la pandemia a raíz de la repetición de los contagios: son quienes se relajan en los cuidados, no ven la situación tan grave, se acostumbraron a vivir así y abandonaron las medidas de cuidado y protección.


En el otro polo se ubican aquellas personas que se ven afectadas psicológicamente por la pandemia, que revisan las pérdidas que sufrieron y que están cayendo peligrosamente en una situación de estrés y desmotivación que, en algunos casos, llega a la depresión.


En el medio ubicamos a una gran mayoría que atraviesa situaciones subjetivas particulares en las que predomina la ambivalencia y la confusión.


La Pandemia, con su impacto disruptivo, pone en cuestión nuestra salud mental en cada una de nuestras acciones (amor, familia, amigos, sexualidad, estudio, trabajo, etcétera.). Generó una situación de amenaza, peligro y, sobre todo de contacto con la muerte.


En general, no estamos acostumbrados, como sociedad, a pensar en un mundo que cumpla con esa descripción. Si bien socialmente tenemos la habilidad de adaptarnos a las dificultades y los cambios, utilizando nuestra capacidad de resiliencia, el tiempo que llevamos de pandemia genera un fuerte impacto en nuestra salud mental.


Es por eso que se repite la incertidumbre sobre el futuro y la falta de perspectiva para elaborar planes, con la consecuencia de un sentimiento de apatía, tristeza y desmotivación de cara al futuro.


En nuestro país, esta fatiga que trae la Pandemia es tan palpable que le pega fuerte a las fiestas de fin de año y al entusiasmo de las vacaciones de verano. El cansancio de tener que reprogramar planes o cancelarlos, de no saber hasta último momento cómo van a salir los encuentros o los viajes, genera un desconcierto y un malestar palpable en los ciudadanos.


Sin duda la pandemia es una época de pérdidas. Pero existe la posibilidad de encontrar en ella algunos aprendizajes, como -por ejemplo- la chance de revalorizar nuestra salud física y psíquica, los vínculos humanos y nuestro tiempo de calidad.


Aunque el cansancio nos golpea, vemos con cierto optimismo que la vacunación contuvo la letalidad del virus y eso es un aliciente. Al mismo tiempo, entendemos que el coronavirus no será erradicado para siempre, sino que tendremos que convivir con él.


Un fenómeno endémico que estará dando vueltas durante los próximos años, nos obligará a un proceso de aprendizaje que sin dudas conllevará un esfuerzo emocional de adaptación adicional y que dejará huella en nuestro psiquismo y en el modo en que nos vinculamos con

los otros.


La Pandemia nos obliga a sucesivas acomodaciones. Serán fundamentales las adaptaciones que hagamos y la capacidad de flexibilización para que este hecho disruptivo empiece a formar parte de la escena del mundo que vivimos y de la realidad que habitamos.


El 'déjà vu' de volver a empezar impacta en la psiqiuis.

En otras palabras: es necesario desde la perspectiva psicológica, que podamos hacer inteligible lo que nos acontece, desde lo personal y lo social, para que podamos elaborar esta situación y hacerla transitable con nuestros mejores recursos subjetivos, sociales y culturales.






A mi juicio, la clave de lo que viene es el trabajo sobre la salud mental de la población. Como planteo en mi libro "Mundo post Covid. La psicología del trabajo tras la pandemia", habrá que pensar la salud mental como la posibilidad de asumir la pérdida, de revisar aprendizajes, de cicatrizar heridas y de hacer duelos de lo que ya no va a volver.


Se tratará de reforzar la posibilidad de recoger recursos y desarrollar las potencialidades subjetivas para, de este modo, poder afrontar los conflictos que nos dejará la Pandemia. De esa manera podremos incrementar –como diría Freud– la capacidad de amar, de producir, de sublimar y disfrutar, atravesando el miedo y la angustia de lo nuevo por venir.




(*) Diego Quindimil. Psicoanalista. Profesor UBA y UTDT. Director del Posgrado “Gestión Humana de las Organizaciones” (UBA) Director de la consultora Contenido Humano IG: @contenidohumano. Autor del libro "Mundo post covid. La psicología del trabajo tras la pandemia" (ediciones Granica).

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