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Cuando el negocio del fútbol se impone al interés por la vida

Argentina y Colombia se bajaron de la organización de la Copa América por la difícil situación sanitaria en materia de COVID 19. Sin embargo, la Conmebol anuncio que el torneo se va a realizar en Brasil, donde el cuadro es devastador por la desastrosa actitud de Jaír Bolsonaro, que llevó al gigante sudamericano a ser el segundo país con más muertes en el Mundo.


Por Gabriel Michi







Un carnaval de desatinos. Una comparsa de despropósitos. Brasil, el país que hace unas semanas era considerado el epicentro de la Pandemia a nivel global (ahora superada por India) y donde aún hoy, iniciando junio de 2021, hay un promedio diario de 60.000 contagios y casi 2.000 muertos, fue elegido como la sede para disputar la Copa América, el torneo donde compiten los Seleccionados de fútbol de todos los países de Sudamérica. Y la propuesta de la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol) llegó después de que Colombia y Argentina -los dos países que iban a organizar el torneo- desistieron respectivamente de organizarlo en sus territorios por los graves cuadros epidemiológicos que enfrentaban.


Y, con idas y vueltas, el gobierno de Brasil -el país de Latinoamérica con más muertos por COVID 19 cada millón de habitantes- está dispuesto a que este torneo se realice en su territorio. No es de sorprender que el presidente Jair Bolsonaro actúe de esta manera. De hecho, su línea de conducta desde que comenzó la Pandemia fue de un enorme negacionismo frente al peligro que significaba la enfermedad. "Es como una gripezinha", minimizó. Pese a que él mismo la contrajo. Apeló a la utilización de productos cuya eficacia fue cuestionada por todo el universo científico como la Cloroquina. Renegó del uso de las mascarillas y del distanciamiento social. Y, una y otra vez, insistió en la apertura total del país, peleándose con gobernadores y alcaldes que sí notaban cómo la Pandemia estaba provocando estragos en sus poblaciones, con contagios que se multiplicaban, muertos por doquier y un sistema de salud colapsado.






El mismo día en que Brasil confirmó la aceptación de ser sede de la Copa América (1 de junio), en ese país se registraban 78.826 nuevos contagios y 2.408 muertos. Con eso ya sumaban 16,6 millones de casos (tercer lugar del Mundo, después de EE.UU. e India) y 465.000 muertos (segundo, después de EE.UU.). Si bien el plan de vacunación avanza, con casi 50 millones de dosis aplicadas (poco más de 20% de los 210 millones de habitantes que hay en el país), la situación también es grave en la ocupación de las Unidades de Terapias Intensivas, con lugares casi saturados en muchas ciudades.



Las camas de Cuidados Intensivos están saturadas de pacientes con COVID 19 en gran parte de Brasil.


Pese a eso, el Gobierno de Jair Bolsonaro confirmó que albergará la Copa América, después Conmebol no aceptó una postergación del torneo, como plantearon Colombia y Argentina, los países en donde estaba previsto que se realice desde un principio. Esas naciones decidieron desistir de organizar ese competencia, justamente porque los escenarios epidemiológicos que enfrentan son muy preocupantes.





Palabras cruzadas


Cuando se conoció la idea de la Conmebol de trasladar a Brasil la Copa América, tronaron voces de todo tipo al respecto. Mientras que el oficialismo brasileño se abrazó a la propuesta, sectores de la oposición como el espacio político encabezado por el ex presidente Luiz Inácio Lula Da Silva lo rechazaron. Es más, el Partido de los Trabajadores (PT) decidió pedir al Tribunal Supremo Federal que prohíba la celebración de la Copa América en Brasil. Así lo anunció el diputado federal Alexandre Padilha: "Hablé con la presidenta de nuestro partido, Gleisi Hoffman, y el PT presentará un recurso ante el Tribunal Supremo Federal contra este nuevo absurdo del gobierno de Jair Bolsonaro, que busca realizar la Copa de la Muerte en Brasil".


La propia Hoffman tuiteó: "¡Y nos enteramos de que Bolsonaro autorizó la realización de la Copa América aquí en Brasil! ¿Esto es serio? ¿En medio de la pandemia, la llegada de la tercera ola, riesgo por falta de camas y suministros y con vacunación lenta? ¡Increíble!". Y agregó: "En Brasil, con más de 462.000 víctimas del covid-19, miles de muertes y casos registrados diariamente, Bolsonaro, en un acto de locura, acepta traer la Copa América al país. ¡Este genocida necesita ser acusado urgentemente!"


Del lado del gobierno federal defendieron la iniciativa, "Confirmada la Copa América en Brasil. ¡Ganó la coherencia!", publicó en Twitter el jefe de Gabinete de la Presidencia, el ministro Luiz Ramos. El ministro en jefe de la Casa Civil , que en un principio le había puesto paños fríos al asunto, luego aplaudió la decisión y sostuvo que Brasil ya albergaba los partidos de fútbol a nivel de clubes de la Copa Libertadores y Sudamericana. Por lo tanto, "no podía darle la espalda a un campeonato tradicional como este", aseveró Ramos.








Las sedes


Por lo que se conoció hasta ahora son cuatro los Estados que actuaran de sede para recibir a la Copa América: el Distrito Federal, cuya capital es Brasilia; Río de Janeiro; Mato Grosso; y Goiás. Se supone que habrá una quinta y que sería San Pablo pero el gobernador João Doria, informó en su cuenta de Twitter que le comunicó a la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) que ese Estado no debía ser anfitrión del torneo, debido a que la prioridad de su Gobierno es controlar la Pandemia.


Vale decir que en Río de Janeiro hubo hasta el momento unas 40.000 muertes por COVID 19 y cada día se producen 3.000 nuevos contagios. En Mato Grosso los fallecidos suman más de 10.000 y hay 1.600 casos cada jornada. En Goias debieron sepultar a 17.000 residentes y hoy tienen 1.800 casos cada 24 horas Y en la Capital, Brasilia, 8.760 personas murieron y cada día se contagian 900 ciudadanos.







Pese a todo este cuadro, Brasil sigue adelante con la organización del certamen. Con sus hospitales explotados, sus médicos saturados, sus enfermos multiplicándose, los cementerios que no dan abasto. Y con el descontento social en las calles, tal como se vio en las protestas en más de 180 ciudades que se vieron el pasado 30 de mayo. Mientras atraviesa una crisis económica sin precedentes. A pesar de todo eso, Bolsonaro no da marcha atrás en este carnaval de desatinos. En esta comparsa de despropósitos.









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