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El increíble caso del ladrón más culto del Mundo llega a su fin

Culmina en EE.UU. el juicio contra Filippo Bernardini, un joven italiano que ingenió un insólito plan para acceder a libros antes de ser publicados. Su único objetivo: "leerlos antes que nadie". Puso en jaque a las editoriales al obtener más de 1.000 manuscritos inéditos.


Por Gabriel Michi


Seguramente si su historia fuese llevada a un libro, sería el primero en leerla. No sólo por su interés particular en ese relato, sino por una extraña manía que hoy lo tiene en la mira de la Justicia estadounidense: Filippo Bernardini, un joven italiano de 29 años, tenía el llamativo toc de leer los borradores de obras literarias antes de ser publicadas. Y lo hacía por el simple placer "de leerlos antes que nadie". Y para poder hacerlo "El ladrón de manuscritos" -tal como lo bautizaron en el mundo editorial al que puso en jaque) ideó un increíble plan aprovechando su trabajo y conocimiento en el sector.


Filippo Bernardini se desempeñaba en la sede de una editorial estadounidense en Londres. Y desde ese lugar estratégico logró forjar una gran estafa cultural. Y lo hizo durante cinco años y con un mecanismo que atravesó tres continentes. Ahora espera la sentencia de un tribunal de Nueva York por haber robado más de 1.000 manuscritos de libros inéditos. Esta semana hizo su descargo con una carta que le envió a la jueza Colleen McMahon: allí confiesa que lo hico por esa extraña vocación de poder leer los libros antes que nadie.


Según su propio relato todo comenzó en el año 2016. Filippo Bernardini tenía 23 años en ese entonces cuando empezó a desempeñarse como becario en una agencia literaria de Nueva York. Allí fue que le sorprendió la facilidad con la que "editores, agentes, scouts literarios e incluso personas ajenas a la editorial se intercambiaban originales de libros inéditos", según señaló en su descargo. Y ahí sucumbió ante la tentación: ávido lector buscó la forma de involucrarse en el circuito para tener acceso a esas obras literarias aún sin publicar y poder leerlos antes que nadie.


¿Cómo lo hizo? "Un día creé una dirección de correo electrónico falsa de alguien que conocía de la industria editorial y le envié la petición de un manuscrito preprint a otra persona de otra editorial que también conocía", confesó Bernardini. Y continuó: "Utilicé el mismo estilo y el mismo lenguaje que usaban mis ex colegas (utilizaba sus abreviaturas: ms para manuscrito, por ejemplo). Tuve éxito y, a partir de ese momento, eso se convirtió en una obsesión, en un comportamiento compulsivo". Así creó una ingeniería en la que suplantó a decenas de agentes literarios. Y adquirió al menos 160 identidades falsas.


Con un simple cambio de letras en las direcciones electrónicas lograba engañar hasta a los editores con más experiencia. En el cúmulo de mails que circulan en ese mercado, esa mínima diferencia pasaba desapercibida. Y es común el intercambio de esos manuscritos porque muchas veces se relacionan con la posibilidad de la traducción a otros idiomas de las obras en cuestión. Así fue como Bernardini logró timar durante más de cinco años a editores, autores y agentes. Y obtuvo incluso adelantos de textos de renombrados escritores como Margaret Atwood, Ian McEwan, Ethan Hawke o Sally Rooney.



El Facebook de Filippo Bernardini.

El rumor de un presunto "ladrón de manuscritos" empezó a circular en el mercado editorial internacional y algunos editores comenzaron a estar más atentos. Por ejemplo en Italia notaron que algo raro había en un mail que habían recibido para obtener la obra de "La vida mentirosa de los adultos", de Elena Ferrante, y la editorial E/O logró frenar el engaño. "Entendimos que era una estafa y desde ese momento no enviamos archivos de ese manuscrito a nadie. Pasábamos todo en papel, en un sobre, de mano en mano. Y antes de enviar nada, nos cerciorábamos de quién era el destinatario", señalaron desde la editorial.


Pero, ¿Por qué y cómo llegó Bernardini a esto? Según la carta en la que confiesa sus acciones, "al principio comenzó como un desafío. Nunca creí que me llevaría a cometer estos delitos tan prolíficamente como lo hice; me dejé llevar". Según se supo, pese a tener muchos años de trabajo en el mercado editorial, este italiano no lograba hacer pie formal en ninguna compañía de manera estable, lo que representaba para él una enorme frustración y un desafío. Por eso, sentirse parte de ese engranaje, consiguiendo leer las obras todavía inéditas, le generaban esa pertenencia que tanto deseaba.


Y su conocimiento de ese ámbito fue clave para diseñar su estrategia. Pero lo que más sorprendió es que Bernardini no utiliza todos esos artilugios para vender los textos inéditos en el mercado negro, no para exigir rescates, ni participar de subastas; es decir no buscaba un rédito económico. Sólo quería poder leer las obras literarias antes que nadie. "Nunca quise venderlos y nunca filtré estos manuscritos. Quería mantenerlos cerca de mi pecho y ser uno de los pocos en apreciarlos antes que nadie, antes de que terminaran en las librerías. Hubo momentos en los que leí los manuscritos y sentí una conexión especial y única con el autor, casi como si fuera el editor de ese libro", declaró en su confesión ante la Justicia.


Esa pasión por la lectura la arrastró desde niño, desde su pequeño pueblo natal Amelia, en la provincia de Terni, en el centro de Italia. Según su abogada, Jennifer Brown, Bernardini "se refugió en los libros para huir de unos compañeros que le hacían bullying por ser homosexual". De hecho, antes de comenzar con su piratería de textos escribió un libro firmado sólo como Filippo B., que se tituló "Bulli" (abusadores) donde cuenta su traumática infancia y adolescencia.


Todo eso también forma parte del rompecabezas de la historia de este joven que, además de estudiar letras, traducía libros al mandarín, sueco, alemán, holandés, danés, coreano e islandés. Eso sorprendía a los responsables de distintas editoriales, como también su conocimiento en las novedades del mercado ya que, como había tenido el "privilegio" de haber leído los manuscritos antes que nadie, eso le servía para intentar avanzar en, por ejemplo, la solicitud para traducirlos cuando aún no estaban publicados. Así, por ejemplo, proponía la publicación en italiano de títulos que apenas habían llegado a las librerías en su país de origen.


Pero la "aventura" de Bernardini comenzó a derrumbarse poco tiempo después de haber ingresado a trabajar en la sucursal londinense de la prestigiosa editorial estadounidense Simon & Schuster en 2019, uno de sus anhelos más buscados. En 2022, cuando llegó a Nueva York para tomarse unas vacaciones, fue detenido por el FBI. Le impusieron una fianza de 300.000 dólares y le otorgaron el arresto domiciliario. Lo acusan de "estafa informática" y "usurpación de identidad", delitos que tienen una pena de dos a 20 años de prisión. Si bien el italiano se declaró "inocente" en una primera instancia, luego por un acuerdo con la Fiscalía reconoció su culpabilidad, algo que llevó a que el Ministerio Público solicite una condena de entre 15 y 21 meses de cárcel, además de pagar una multa que no podrá superar los 75.000 dólares. En pocos días )el 5 de abril) la jueza deberá resolver si acepta los términos de ese acuerdo, o si decide condenar o liberar a Filippo Bernardini.


Mientras, decenas de cartas han llegado pidiendo clemencia, desde su familia, amigos, compañeros de trabaja y hasta incluso de algunas de sus víctimas. Por ejemplo Jesse Ball, autor de 14 libros de novela y poesía sostiene que la única consecuencia de aquel engaño fue "un poco de confusión respecto a lo que había enviado a mi editor". Y fue más allá: "Por favor, trate de comprender la naturaleza de su crimen y la naturaleza del entorno en el que tuvo lugar. Era realmente una cosa trivial, una cosa frívola. Enviar a un hombre a prisión por esto sería una forma de tomar un crimen sin víctimas y crear una víctima en la persona del acusado", escribió Ball en la misiva que le envío a la jueza.


Ahora habrá que esperar qué decide la Justicia de EE.UU.. El final es incierto aunque seguramente terminará en un libro. Como una paradoja de la vida del "ladrón de manuscritos", el hombre que creó una insólita ingeniería con un solo objetivo: tener el privilegio de leer los libros "antes que nadie".






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