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El largo y fructífero camino de las Abuelas de Plaza de Mayo

La organización, presidida por Estela de Carlotto, anunció la restitución de la identidad del nieto 132. Se trata de Juan José Morales, hijo de una joven desaparecida en 1976 en Tucumán por la dictadura. En menos de una semana hubo dos casos. Cómo es su trabajo.


Por Gabriel Michi


El anuncio de Abuelas de Plaza de Mayo de la restitución de la identidad del nieto 132.

Una pieza más en el rompecabezas de la memoria. De la búsqueda de justicia. De la identidad, individual y colectiva. Porque cada vez que las Abuelas de Plaza de Mayo anuncian la restitución de la identidad de un nieto recuperado, ese rompecabezas lleno de historias inconclusas se reconstruye un poco más. Y es un rompecabezas que involucra a todos los argentinos, porque hace a la identidad colectiva. Cada pieza es una pieza que faltaba a la sociedad en su conjunto, más allá de la propia ausencia personal de las víctimas. Y aún faltan otras 400 por recuperar. Y eso muestra que los crímenes cometidos por la dictadura militar no son cosa del pasado, sino que siguen vigentes también en cada uno de esas personas que aún desconocen su verdadera historia. Esta semana Abuelas anunció la restitución de la identidad del nieto recuperado 132. Se llama Juan José y ahora adoptará el apellido Morales, el de su madre, Mercedes del Valle Morales, una joven que fue detenida desaparecida junto a gran parte de su familia en 1976 en Tucumán en el inicio de aquellos años de oprobio y sobras. Juan José tenía apenas 10 meses cuando su madre fue secuestrada y aún busca poder tener también la identificación de su padre biológico.


La buena nueva llegó pocos días después de que la propia organización de DDHH anunciara la restitución de la identidad del nieto 131. "Nos volvemos a encontrar para dar a conocer la resolución de un nuevo caso, el 132. Esta mañana el juzgado federal Nº1 de Tucumán confirmó al nieto 132 que no es hijo de la familia que lo crió como propio en Tucumán, dueña de una finca en la que trabajaba su madre, Mercedes del Valle Morales, detenida desaparecida en mayo de 1976, en la misma provincia", informó la presidenta de Abuelas, Estela de Carlotto. El nieto desconocía que no era hijo de quienes lo criaron, hasta que, fallecidos sus supuestos padres, sus hermanos de crianza se lo revelaron y le entregaron su DNI original -que lo habían dejado junto a él en el momento del secuestro- donde figuraba el nombre de su madre biológica.


Pero la búsqueda de Juan José no es de ahora. Comenzó hace 18 años. Más precisamente en 2004 cuando empezó a tratar de rastrear su historia biológica. No estuvo solo en ese camino: fue acompañado por el nodo Tucumán de la Red por el Derecho a la Identidad de Abuelas de Plaza de Mayo y la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (CoNaDi). Y allí se inició el trabajo del Banco Nacional de Datos Genéticos (BNDG).


La madre de Juan José, Mercedes, fue secuestrada junto a parte de su familia el 20 de mayo de 1976. Ocurrió en ciudad tucumana de Monteros. El "grupo de tareas" criminal dejó al pequeño de 10 meses en la cama, con el DNI a su lado. El ensañamiento de la dictadura con la familia fue tal que en en el mismo operativo también secuestraron a sus abuelos maternos, Toribia Romero de Morales y José Ramón Morales y, cuatro días después, a sus tíos José Silvano, Juan Ceferino y Julio César Morales. Ellos también se encuentran desaparecidos hasta hoy. Fue una tía abuela materna, Máxima Rita Romero de Morales, la que denunció ante la CONADEP la desaparición de toda su familia, cuando volvió la democracia.


Cuando Juan José conoció su filiación materna, dejó su perfil genético en el prestigioso Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), que en 2008 logró identificar los restos de Mercedes en el Cementerio Norte de Tucumán. Después de todo eso, el nieto comenzó todo un derrotero judicial para intentar saber si el hombre que lo había criado -y que ya había fallecido- era su padre. Y ese extenso recorrido terminó ahora cuando el Juzgado Federal de Tucumán le informó que no lo era.


El anuncio hecho por Abuelas también tomó la metáfora de inicio de esta nota. Estela de Carlotto señaló: "Hoy lo abrazamos como nuestro nieto 132, y como un rompecabezas que nunca se termina de completar, se inicia un nuevo camino para poder dar con su verdadero padre. A pesar del dolor que trae cada una de estas historias, junto a la constatación de la trabajosa tarea que sigue siendo reconstruir lo que la dictadura quiso borrar, seguimos celebrando la vida con la alegría que nos da la conquista de la verdad".


La noticia de la restitución de la identidad del nieto 132, llegó apenas 6 días después de que las mismas Abuelas de Plaza de Mayo anunciaron la llegada del nieto 131, hijo de los militantes mendocinos del PTR-ERP, Lucía Nadin y Aldo Quevedo, quienes fueron secuestrados en 1977 y llevados al Centro Clandestino de Detención "Club Atlético" en la Ciudad de Buenos Aires. Como toda una señal de la vida y de la sangre, el nieto recuperado estudió Filosofía y Letras, igual que sus padres. "Estos son los milagros de la vida, dos nietos en una semana, la vida es esto: emociones, dolores, luchas", expresó Carlotto. Y llegan justo en un momento para hacer sucumbir a la desazón porque hacía ya tres años que no se encontraba un nuevo nieto. El último había sido Javier Matías Darroux Mijalchuk, el nieto 130, hijo de Elena Mijalchuk y Juan Manuel Darroux, ambos desaparecidos en diciembre de 1977.


Más de tres largos años debieron pasar para poder volver a colocar una nueva pieza en este rompecabezas colectivo. En realidad fueron dos en pocos días. Y así las identidades, individuales y colectivas, recuperaron una parte tan especial de la historia. Gracias a la labor incansable e inconmensurable de las Abuelas de Plaza de Mayo. En su largo, doloroso y fructífero camino para devolver vida donde hubo tanta muerte. Para devolver presencias en tantas ausencias.


Menos de una semana antes Abuelas había anunciado la restitución del nieto 131, después de tres años de ningún caso.


UN DIA EN ABUELAS DE PLAZA DE MAYO


Para comprender la enorme dimensión y el trabajo que realizan las Abuelas de Plaza de Mayo, para conocer cómo es su permanente búsqueda y su día a día, el autor de estas líneas hizo un documental (en dos partes) hace algunos años que decía:


PRIMERA PARTE


Todos los días sus puertas se abren para que todos los argentinos puedan colocar una pieza más en la reconstrucción de su historia. Todos los días las Abuelas de Plaza de Mayo dan su ejemplo para que la Argentina pueda despejar sus sombras y llenar con presencias sus ausencias. Un día en Abuelas es un día en una búsqueda que protagonizan ellas, pero que es de todos. A las 9 de la mañana arranca la jornada con una rutina que tiene poco de rutina. En la sede de la calle Virrey Ceballos, cinco abuelas, junto a los distintos equipos de trabajo, buscan a aquellos nietos arrebatados por la dictadura.


Ahí empieza el día, si bien la agenda marca cierta formalidad, la formalidad acá no existe. Esto más que una oficina es como una casa. Una casa de abuelas, donde al mediodía acá se cocina, y las que venimos de lejos, estas cinco abuelas, comemos. Es de esa comida casera, sana y sin sal, porque la receta del médico es esa", cuenta Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo. Y continúa: Después vienen las actividades inesperadas, donde vienen nietos recuperados o a saludarnos o a traernos su participación donde han estado porque nos han representados. Los martes se hace reunión de Comisión, todos los martes de cada mes, y nos reunimos en la sala grande las 13 abuelas de la Comisión Directiva y algunos nietos que ya participan. Estamos dándole bastante oportunidad de que el relevo esté listo cuando ya ellos tomen la posta".


Entre las áreas de trabajo de los equipos de Abuelas están la de los psicólogos que atienden a los nietos y sus familias, la de investigación y la de prensa y difusión, los genetistas, los abogados, entre muchos otros. En la búsqueda de las Abuelas hay básicamente dos tipos de casos, las de los jóvenes que se acercan espontáneamente porque tienen dudas sobre su identidad y la de aquellos a los que se llega por la investigación que realiza el equipo de la institución.


“Hay de los dos casos. Cuando viene el joven se allana porque hay una voluntad propia y personal de descubrir su identidad. Entonces las cosas se hacen de una manera tal que le damos intervención a la CONADI, la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad, que está dentro de la Secretaría de Derechos Humanos y que como Estado tiene la facultad para recibir a esa persona, a ese joven que duda, después de que los recibimos nosotros se lo derivamos, se hace un legajo y se lo deriva con un turno al Hospital Durand, al Banco Nacional de Datos Genéticos, sin necesidad de pasar por la Justicia", narra Carlotto. Y explica: "Ahora, cuando hay denuncias ciertas, que nuestro equipo de investigación los analiza y dice “acá hay un caso casi seguro”, hay un equipo de aproximación de jóvenes nuestros que van a verlo a este joven o a esta joven a decirles que son de Abuelas y que hay presunciones que su origen puede ser hijos de desparecidos. La respuesta puede ser de aceptar o de cerrar la puerta. Y si se va una, dos o tres veces y no vienen. Y después si no, por obligación tenemos que presentar el caso en la Justicia. Y ahí es la Justicia la que lo llama. Lo convoca y va. Porque lógicamente cuando la Justicia nos llama, a la tercera nos llevan por la fuerza pública. Y el juez es el que lleva la voz cantante. Es el que le comenta que puede ser hijo de desaparecidos, le cuenta, y que tiene que hacerse un examen de sangre".


Carlotto señala que “La mayoría (de los nietos) están en manos de miembros de las Fuerzas Armadas, de fuerzas de seguridad o civiles cómplices. Porque también la Justicia de entonces tuvo su complicidad: entregó chicos sin buscar la familia bilógica a algún amigo. Pero hemos encontrado gente que adoptó de buena fe, pensando que el chiquito que le ofrecían en Minoridad era un chiquito que no tenía familia y lo adoptaron legalmente. Más o menos tenemos unos 16 o 17 casos".

Las Abuelas destinan su día a día a esta lucha que comparen con el resto de las abuelas. Algunas de ellas ya encontraron a sus nietos, pero aún así dan la pelea por todos los que faltan. También está el trabajo que hacen otras abuelas en algunas de las cinco delegaciones que tienen en otros distritos.


Según Estela, “en Abuelas tenemos filiales en el Interior, más esta casa, más una casa histórica, más una casa de atención psicológica…. Alrededor de 150 personas, rentadas por supuesto, profesionales y no profesionales. Y dentro de las personas que trabajan con nosotros hay nietos, nietos que recuperaron sus hermanos o nietos que recuperaron ellos su propia identidad”. Y relata: "Cuando nosotros hacemos la reunión de la Asamblea General, que es cuando nosotros podemos palpar la presencia real y visible de las abuelas, reunimos alrededor de 40. Y, a veces cuando no viene la abuela porque falleció o está enferma, viene un familiar que puede ser la hija que la representa. Pero las activas somos pocas. Porque tenemos en Mar del Plata una filial donde hay dos abuelas. Hay otras también, pero las permanentes son éstas. Acá somos cinco abuelas permanentes. En La Plata hay una. Porque las otras están viejitas. También hay que ver que tenemos 35 años más que cuando empezamos y algunas tienen noventa y pico de años. Y ya a esa edad hay que tener una salud de hierro. Y, aparte, un cerebro privilegiado para sentirte con ganas para seguir la lucha. Nosotros las comprendemos y las que estamos mejor sabemos que estamos luchando por todas”.





El abogado de Abuelas Alan Iud explica: “Es muy importante qué le dice un juez a una persona que no se quiere analizar, cómo le dice que su identidad está en duda. Hay terceros, abuelas, familiares, que están buscando a sus nietos. Cómo se plantea el caso desde la Justicia o la relación con esa persona cuya identidad está en duda es quizás más importante que las cuestiones de neto corte jurídico. Entonces, también el trabajo que desarrollamos requiere una sensibilidad especial y una atención especial porque hay ciertas cosas que exceden lo legal. La respuesta sería: son casos difíciles pero por las cuestiones que involucran más allá de la cuestión netamente jurídica”. Y agrega: "Principalmente lo que nosotros tratamos de hacer, cuando presentamos un caso a la Justicia, demostrar que ese caso tiene una hipótesis seria, sólida, que la posibilidad de que esa persona sea hijo de desaparecidos no es algo antojadizo, que nos vino de la nada, sino que hay una investigación previa por parte de Abuelas”.

Por su parte, Juliana García, integrante del equipo de investigación de la Organización, señala: "Fundamentalmente Abuelas tiene como dos pilares, esto que es ´presentación espontánea' que es donde recibimos a los jóvenes que tienen dudas y después la otra pata es a los que buscamos nosotros, que es desde el área de investigación que es donde recibimos las denuncias desde hace años. Buscar un hijo de desaparecidos es buscar una aguja en un pajar en muchos casos. Así que lleva mucho tiempo, hay casos en que tenemos denuncias de hace muchos años, y es todo un trabajo artesanal de búsqueda”.


Y Juliana cuenta su propia historia: "En mi caso particular yo tengo a mi papá asesinado y a mi mamá desaparecida. Ella fue secuestrada embarazada de unos cinco meses y fue llevada a Campo de Mayo. Concretamente yo pude encontrar a mi hermana en febrero de 2009, así que ya hacen dos años y medio, que estamos tratando de armar una relación, con todo lo que ello implica. Pero justamente fue desde el área de investigación que pudimos llegar a ella. Así que para mí es que el trabajo nuestro tiene un valor personal, además de esta búsqueda, que como siempre digo es una búsqueda colectiva porque es buscando a todos que podemos encontrar al propio".


Por eso su pedido, que en realidad es un consejo: “A los que tengan dudas, que no duden en averiguar. Que lo que más jode es la incertidumbre. Es ese espacio medio borroso, entre 'seré o no seré' que esta bueno poder definir y poder saber si sí o si no y poder, en función de eso, pisar firme. Que realmente es así, no son frases hechas, sino que es concreto. Que siempre está bueno poder conocer la verdad y en función de eso construir. Sobre la duda es difícil construir. Sobre la mentira también. Y sobre la verdad puede ser triste o lindo, o lo que fuera, pero es la verdad. Entonces, contra eso no hay nada".



SEGUNDA PARTE


En el informe anterior les contamos cómo es un día en Abuelas de Plaza de Mayo en su búsqueda incansable de aquellos nietos robados por la dictadura. Las dos variables de casos que manejan, aquellos que tienen que ver con jóvenes que se acercan porque tienen dudas sobre su identidad y aquellos a los que llegan por la propia búsqueda investigativa que hacen los equipos especializados que tiene la institución. Pero hay un día que suele ser una fiesta. Es aquel que corona su tarea: cuando logran devolverle su historia a uno de estos jóvenes y, con ello, a todos los argentinos. Así lo ejemplifica en un caso, el del hijo de Abel Madariaga, un hombre que trabaja en con las Abuelas desde hace más de dos décadas. “Así que el caso fue que vino a buscar su identidad un muchachito con una señora y, más que nada el olfato de los chicos de la parte de investigaciones dijo “Este chico coincide todo con Abel, pero bueno, hay que ver lo que dice la sangre”. El chico vino, así que fue fácil porque se analizó. Y cuando tuvimos la noticia desde la CONADI de que era el hijo de Abel, esto fue una revolución, una explosión de alegrías, de corridas. Y Abel no estaba. Abel estaba en el campo", cuenta Estela de Carlotto.


Hacia allí fue Estela con un puñado de gente. Pero Abel no creía lo que le estaban diciendo. No creía la llegada de la noticia por la que había esperado casi 35 años. “Nos decía: “ustedes son unas brujas, me están mintiendo”. No podía creerlo, sí lo creía. Y nosotros tratando de calmarlo. Cuando llegamos acá esto era una fiesta. Ya se habían dado la noticia. Ya había llegado gente y nietos. Y cuando entramos a Abel, lo calmamos, al ratito llega su hijo. Y ese abrazo del padre con su hijo fue el milagro de la vida, como si hubiera nacido el chico. Empezamos a ver los parecidos, las manos iguales, la estatura, todo lo demás. Y los demás nos quedamos ahí y Abel dijo: ‘él es mi hijo y yo me lo llevo”. Lo agarró de la mano y parecía que llevaba a un nene de jardín de infantes. Se lo llevó a su escritorio y ahí empezaron a hablar y a hablar solitos, que es lo que hacemos siempre. Bueno, ese es un día. Después vienen los festejos, los manteles, las botellas que aparecen misteriosamente y los brindis por todo eso que es el encuentro de la vida".


Según contó Estela, en la institución hay cinco abuelas que concurren todos los días. Los martes se reúne la Comisión Directiva donde son 13 abuelas. Y en la Asamblea Anual logran juntar a alrededor de 40. En las distintas sedes que tiene la organización, incluyendo las cinco filiales, trabajan unas 150 personas que indagan en esas piezas que aún faltan: los 400 nietos que todavía no han podido recuperar su identidad. Además de darle contención a los 105 que ya conocen quiénes son. "No es fácil llegar a buscar algo que se desconoce, hay miedos, hay que atenderlos, tratarlos con mucho respeto, con mucha intimidad. A veces vienen una vez y no vuelven más. Después hay que buscarlos para descubrir esa verdad. A veces tardan, a veces se niegan, están enojados, no quieren cambiar, dicen que no. Pero porque tienen miedo, lo desconocido asusta. Porque hay como presiones y la presión más grande que sufren estos chicos que quizás no quieren saber nada es de los apropiadores. Porque los apropiadores le dicen: “si vos vas a la Justicia, o aceptás hacer esto, me estás pagando con una traición, porque yo te crié y me vas a mandar vos a la cárcel. Y a tu madre”, que no es la madre. O sea, le pasan facturas de agradecimiento. Y además el chico que tiene sincero afecto, se inhibe", describió Carlotto.





En tanto, el abogado de Abuelas, Alan Iud, sostuvo “Es muy importante qué le dice un juez a una persona que no se quiere analizar, cómo le dice que su identidad está en duda. Hay terceros, abuelas, familiares, que están buscando a sus nietos. Cómo se plantea el caso desde la Justicia o la relación con esa persona cuya identidad está en duda es quizás más importante que las cuestiones de neto corte jurídico. Entonces, también el trabajo que desarrollamos requiere una sensibilidad especial y una atención especial porque hay ciertas cosas que exceden lo legal. La respuesta sería: son casos difíciles pero por las cuestiones que involucran más allá de la cuestión netamente jurídica”.


Por su parte, Juliana García, del equipo de Investigación de la Organización, señaló: "Fundamentalmente Abuelas tiene como dos pilares: esto que es 'presentación espontánea' que es donde recibimos a los jóvenes que tienen dudas y después la otra pata es a los que buscamos nosotros, que es desde el área de investigación que es donde recibimos las denuncias desde hace años. Buscar un hijo de desaparecidos es buscar una aguja en un pajar en muchos casos. Así que lleva mucho tiempo, hay casos en que tenemos denuncias de hace muchos años, y es todo un trabajo artesanal de búsqueda”.


Estela de Carlotto señaló: "El ADN es poderoso y algunos dicen que por obra nuestra se investigó la genética y creció. Ojalá. Nos sirve muchísimo, es la certeza total. Después está la parte jurídica". Y Alan Iud explicó: “Principalmente lo que nosotros tratamos de hacer, cuando presentamos un caso a la Justicia, demostrar que ese caso tiene una hipótesis seria, sólida, que la posibilidad de que esa persona sea hijo de desaparecidos no es algo antojadizo, que nos vino de la nada, sino que hay una investigación previa por parte de Abuelas”.


Y Juliana García concluye: " n mi caso particular yo tengo a mi papá asesinado y a mi mamá desaparecida. Ella fue secuestrada embarazada de unos cinco meses y fue llevada a Campo de Mayo. Concretamente yo pude encontrar a mi hermana en febrero de 2009, así que ya hacen dos años y medio, que estamos tratando de armar una relación, con todo lo que ello implica. Pero justamente fue desde el área de investigación que pudimos llegar a ella. Así que para mí es que el trabajo nuestro tiene un valor personal, además de esta búsqueda, que como siempre digo es una búsqueda colectiva porque es buscando a todos que podemos encontrar al propio".

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