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Glifosato: Pelea en Europa por el uso del herbicida más polémico

La Comisión Europea votó la posible renovación de la licencia de comercialización por 10 años del pesticida más utilizado, pero no hubo mayoría. Las consecuencias letales sobre el medio ambiente y la salud humana pone en alerta al Mundo. El caso argentino en la mira.



Por Tomás Michi


Salud y medio ambiente vs maximización de la economía a toda costa. En esa lucha constante y permanente (especialmente disugual) se inscribe una nueva disputa por el glifosato, el herbicida más utilizado en el mundo, y también el más cuestionado. Ese pesticida, empleado para eliminar las malas hierbas que invaden los cultivos agrícolas y los espacios públicos, está envuelto en críticas no sólo por sus consecuencias en la salud humana y animal, sino también porque proviene de una de las multinacionales más poderosas del Mundo y a la vez la impulsora de las semillas transgénicas que resisten a ese veneno: Monsanto. La empresa agrícola tiene en su historia incontables denuncias de distintos actores sociales, desde familias hasta gobiernos de países como Argentina, Francia, Estados Unidos y Uruguay, entre otros.


A medida que crece la conciencia por la construcción de un Mundo más sano y sostenible, la polémica por el glifosato se hace más fuerte. Es por esto que el pasado 13 de octubre, la Comisión Europea decidió abrir una votación en Bruselas para los Estados Miembros, donde se definiría si se renovaba la licencia de comercialización por 10 años; no obstante, no lograron la mayoría necesaria para hacerlo. Se necesitan 15 Estados de 27, que representen al menos el 65% de la población europea; y por las abstenciones de Alemania, Francia, Bélgica, Bulgaria, Países Bajos y Malta, sumadas a la negativa de Austria, Croacia y Luxemburgo, la propuesta no se llevará a cabo, al menos hasta noviembre, cuando se espera que el Comité debata y vote la propuesta de la Comisión Europea. Es importante remarcar que la decisión sobre la renovación del glifosato se debe adoptar antes del 14 de diciembre de 2023, ya que la aprobación actual expira el 15 de diciembre de 2023.


En consecuencia, las voces de grupos ecologistas se hacen escuchar cada vez más. Una de ellas es la del experto Gergely Simon, que cuestionó duramente las declaraciones de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), al considerar que "ha restado importancia a las pruebas existentes de estudios en animales y epidemiológicos sobre los efectos del glifosato, que puede causar daños en el ADN de ciertos organismos". Según el especialista, "esto indica que el glifosato puede causar cáncer. Por tanto, creemos que, de acuerdo con las directrices internacionales de la EPA estadounidense, el glifosato debería clasificarse como cancerígeno, como ya han hecho la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) y también el Institut national de la santé et de la recherche médicale (Inserm) de Francia. Todos ellos han concluido que, basándose en las pruebas disponibles, existe una relación probable entre la exposición al glifosato y el desarrollo de cáncer", aseveró Simon.



A modo de respuesta, la entidad europea aseguró que "se mencionan lagunas de datos" en su informe, "ya sea como preguntas que no pudieron finalizarse o como preguntas abiertas". A lo que se refiera la EFSA es a cuestiones como la evaluación de una de las impurezas presentes en el glifosato, la evaluación del riesgo alimentario para los consumidores y la evaluación del riesgo para las plantas acuáticas no pudieron finalizarse. "En conjunto, la información disponible no permite extraer conclusiones definitivas sobre este aspecto de la evaluación de riesgos", declaró a Euronews. Sin embargo, la respuesta no fue satisfactoria para Simon, que afirmó: "Numerosos estudios demuestran que la exposición al glifosato puede estar relacionada tanto con el autismo infantil como con la enfermedad de Parkinson. Por lo tanto, creemos que el hecho de que la EFSA haya declarado que no existe un protocolo estandarizado para sacar conclusiones sobre la neurotoxicidad del glifosato debería ser un área crítica de preocupación, lo que significaría que el glifosato no podría autorizarse tal y como está actualmente".


En ese sentido, el representante de PAN Europa agregó que "existen numerosas pruebas alarmantes sobre los efectos destructivos del glifosato en el microbioma, ya que el glifosato es a la vez un herbicida y un antibiótico. Se utiliza principalmente, por ejemplo, para alterar el microbioma del suelo, pero también el del intestino humano. Sabemos que existen muchos riesgos para la salud asociados a la destrucción del microbioma. Por último, la EFSA ha confirmado que el glifosato tiene potencial para causar alteraciones endocrinas a dosis consideradas seguras en la Unión Europea". Pero la EFSA insiste con que "no existen directrices reconocidas internacionalmente para evaluar los riesgos asociados al microbioma en el ámbito de los pesticidas"; por lo que insistieron en que "es necesario seguir investigando".


La negación de los efectos adversos que puede ocasionar el glifosato beneficia a las empresas involucradas. Reunidas en el grupo Glyphosate EU, expresan que los grupos ecologistas plantean alegaciones que "han sido tratadas por las autoridades reguladoras, en Europa y en todo el mundo y se trata de un nuevo intento de desacreditar el expediente científico más completo presentado en la solicitud de renovación de la autorización del glifosato en la UE, y de minar la confianza en las autoridades reguladoras para impedir la renovación de la autorización del glifosato en la UE".



Los daños a la salud humana


Pese a las declaraciones de la EFSA, Greenpeace asegura que el glifosato produce efectos inmediatos como irritaciones dérmicas y oculares, además de mareos, náuseas, problemas respiratorios y aumento de la presión sanguínea. "Una de las grandes victorias para la regulación y disminución del uso de glifosato sucedió en 2015, cuando el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (CIIC) de la Organización Mundial de la Salud (OMS) concluyó que el glifosato es una sustancia probablemente cancerígena", recordó la organización que lucha por los derechos ambientales. Incluso, puso a la luz un artículo publicado en 1999 en la Journal of American Cancer Society, de los autores Hardell y Eriksson, donde relacionaron la exposición al herbicida con mayor riesgo para desarrollar el linfoma no Hodgkin (LNH).


Hay varios casos emblemáticos que suscitaron una gran polémica a nivel mundial, como lo es el de Dewayne Johnson, un jardinero estadounidense que demandó a Monsanto por el diagnóstico avanzado de LNH. En el juicio, Johnson logró comprobar que durante 2012 y 2014 utilizó las marcas comerciales Roundup y Ranger Pro, causantes de su enfermedad. En aquella instancia, el jurado de California falló en favor de Johnson y el tribunal ordenó una compensación por 289 millones de dólares. Y como este, hay más de 100 mil tan solo en Estados Unidos. Otro caso recordado es el de la demanda colectiva contra Bayer, la compañía químico-farmacéutica alemana que adquirió Monsanto, que acordó un pago de 9.600 millones de dólares para los demandantes. Este fue un juicio bisagra, ya que por primera vez se pusieron en evidencia los "Monsanto Papers", documentos de comunicación interna en el que se reveló la promoción de opiniones positivas, junto con el ocultamiento de información y bloqueo de investigaciones acerca del herbicida y sus efectos nocivos.


Dwayne Johnson, el jardinero estadounidense que le ganó un juicio millonario a Monsanto


Todos estos estudios, así como los polémicos casos por la utilización del glifosato, llevaron a que el debate por su legislación tomara un papel preponderante en la agenda sostenible de muchos países del Mundo. Es así que en 2019, Austria aprobó una ley que prohíbe ese herbicida, convirtiéndose en el único país donde su restricción se planteó de manera total. Bajo esa línea, distintas ciudades de Estados Unidos, Argentina, Canadá, Escocia, España y Nueva Zelanda también se sumaron a la prohibición del glifosato. Otros lugares del planeta tienen restricciones parciales, como Malawi, Sri Lanka, Vietnam, Omán, Emiratos Árabes, Bahréin, Catar, Bermudas, Colombia, San Vicente y las Granadinas, Francia, Bélgica, Italia, República Checa, Dinamarca, Portugal y Países Bajos.


Argentina y el glifosato


El caso de América Latina también es polémico: es una de las regiones donde se utliliza el glifosato en grandes cantidades: en 2018, Argentina lideraba el ranking mundial de uso en el campo, según un estudio de la Universidad Nacional de La Plata. Pero, poco a poco, los gobiernos locales ponen en tela de juicio su aplicación en los sectores agrícolas. En junio de este año, Misiones prohibió el uso de glifosato por ley, siendo la segunda provincia, luego de Chubut, en hacerlo. "Se prohíbe la utilización del glifosato, sus componentes y afines en toda la provincia. Se establece que esta prohibición entra en vigencia luego de dos años desde su publicación oficial a los efectos de una transición progresiva del cambio cultural de los sistemas productivos", enuncia el artículo 7 de la normativa provincial misionera.


Uno de los referentes agrícolas de esa provincia, Salvador Torres, secretario general del Movimiento Agrario de Misiones (MAM), indicó que desde la organización hace mucho tiempo se viene impulsando el cese del uso de agroquímicos "por ser altamente perjudiciales para la salud de las personas y para el medio ambiente", y celebró que "haya una decisión firme de ir prohibiendo determinados productos como el glifosato, que es uno de los tantos que se usa en el agro". Esto trajo consigo el reclamo de siete entidades que representan a productores y cadenas productivas de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, que le habían solicitado a la Unión Europea la renovación del permiso para el uso del glifosato en el Viejo Continente.


La Asociación de la Cadena de la Soja Argentina (Acsoja), la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid), la Asociación Brasileña de Productores de Soja (Aprosoja), la Asociación de Productores de Soja y Maíz del Estado de Mato Grosso, la Asociación de Productores de Soja, Oleaginosas y Cereales del Paraguay (APS), la Cámara Paraguaya de Exportadores de Cereales y Oleaginosas (Capeco) y la Mesa Tecnológica de Oleaginosos (MTO) de Uruguay afirmaron en un comunicado conjunto que "comparten el compromiso de satisfacer la creciente demanda mundial de productos de soja, que representan un porcentaje importante del excedente exportable de soja en el mundo", y que "reconocen la creciente presión sobre la producción para satisfacer la demanda de seguridad alimentaria y al mismo tiempo cuidar el medio ambiente y la salud humana"; recordando que la EFSA llevó a cabo sus evaluaciones de riesgos y peligros de la sustancia activa glifosato y concluyeron que "es eficaz para los usos propuestos".


La advertencia por la utilización de glifosato se traslada a varias décadas atrás. No obstante, pareciera que el poder económico y otro tipo de intereses superan a los datos científicos de organizaciones dedicadas al estudio de los efectos secundarios de este herbicida. Si bien son cada vez son más los países que ponen se plantean su prohibición, son pocos los que toman decisiones determinantes para erradicarlo. Y es un problema que crece, porque no sólo afecta al medio ambiente, sino también a las vidas humanas. Nada más y nada menos.






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