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Home office: aliado impensado contra el cambio climático

Un informe de la la Universidad de Cornell y Microsoft reveló que los estadounidenses que trabajan en forma remota reducen sus emisiones de gases de efecto invernadero en un 54%, en comparación con los que lo hacen en una oficina. Las diferencias con el empleo híbrido.


Por Tomás Michi


En la pelea por el "home office" un nuevo actor hace sentir su peso. En medio de la polémica y las exigencias de las compañías para que los empleados regresen al trabajo presencial a las oficinas, un disruptivo informe inclinó nuevamente la balanza para quienes se niegan a dejar sus hogares. Hoy, pese a que en sus inicios era pensado como una solución temporal para aquellos que podían realizar sus tareas a distancia (sobre todo durante la pandemia del COVID 19), se hizo más que una costumbre. Y no se equivocan cuando dicen que llegó para quedarse. Pese a la insistencia de los magnates de empresas como Apple, Tesla u OpenAI, investigadores de la Universidad de Cornell y Microsoft publicaron un estudio donde afirman que los empleados de Estados Unidos que trabajan a distancia a tiempo completo reducen sus emisiones en un 54% en comparación con los que trabajan en una oficina.


Es cierto que la Pandemia de COVID 19 vino para cambiar el Mundo. Plataformas digitales como Netflix, Amazon Prime Video, Star +, HBO max se hicieron muy fuertes en todo el planeta en medio de las cuarentenas. Incluso, transformó la realidad académica de jóvenes y niños, así como un desafío laboral para los adultos. Son innegables las ventajas individuales que trae el trabajo en remoto: la flexibilidad horaria, menos distracciones, ahorro de tiempo y energía y mayor autonomía, pero los empleadores no coinciden, aunque eso no haya disminuido su productividad y sus ganancias y les haya reducido los costos en alquileres y servicios. Los empleadores se amparan en justificaciones como que las personas no contarían con la tecnología necesaria para llevar a cabo todas las tareas que ellos requieren. Pero esto no parece ser motivo suficiente para regresar a la presencialidad total.


De acuerdo al análisis de la Universidad de Cornell y Microsoft, el impacto en los distintos modelos de trabajo presencial y remoto varía dependiendo de varios factores. Los investigadores utilizaron múltiples conjuntos de datos -incluidos los de los propios empleados de la empresa líder de software informático- con los que evaluaron cinco categorías de emisiones, tales como el empleo de energía en edificios y las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC). Entre los factores los factores que determinaron la reducción del CO2 en altos niveles se ubicaron el menor consumo de energía en la oficina y la reducción de las emisiones derivadas de los desplazamientos diarios y el transporte.


No obstante, hay algunas excepciones. El trabajo híbrido no parece ser necesariamente una buena apuesta al medio ambiente. Según un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), si se aplica este esquema laboral una vez a la semana, las emisiones de carbono se reducirían en tan sólo un 2%. Esto se relaciona directamente a que ese ahorro energético que se podría conseguir por no asistir a las oficinas, se vio compensado por otros factores, como el aumento de los desplazamientos no regulares y del consumo de energía doméstica. Por su lado, si el esquema es de dos a cuatro días de manera remota, las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) se reducen entre un 11% y un 29%.


En ese sentido, el coautor del estudio, de la Universidad de Cornell, Fengqi You, cuestionó la postura de quienes respaldan a rajatabla el trabajo en remoto. "La gente dice: 'Si trabajo desde casa, soy cero neto'. Eso no es cierto", aseveró. Y explicó: "El beneficio neto de trabajar a distancia es positivo, pero una cuestión clave es cómo de positivo. Cuando la gente trabaja a distancia, tiende a gastar más emisiones en actividades sociales". Para lograr una mayor reducción, dijo You, "es esencial tener muy en cuenta las pautas de desplazamiento al trabajo, el consumo energético de los edificios, la propiedad de vehículos y los desplazamientos no relacionados con el trabajo para aprovechar plenamente sus beneficios medioambientales".


Otra estrategia que puede contribuir a ese objetivo "compartir el espacio de oficinas". Según establece el informe, "podría ayudar a mitigar las emisiones, reducir la plantilla y reforzar las medidas de eficiencia energética". Bajo esa línea, consideró que "compartiendo espacio de oficina reducimos capacidad y tamaño y reducimos el consumo de energía de nuestra oficina". Además, recomienda que las empresas debería apuntar a la implementación de las energías renovables para, por ejemplo, la calefacción o refrigeración de las oficinas; y, también, descarbonizar los desplazamientos al trabajo.


Los beneficios del "home office" para los trabajadores ya no son tan marcados. Cuestiones que se valoran como la flexibilidad horaria y la mayor autonomía, así como el ahorro en el gasto de transporte y, en consecuencia, la menor emisión de GEI, pueden verse contrarrestadas por el gasto energético individual de aquellos trabajadores que ya no asisten a las oficinas. Aún así, en el balance final, los números favorecen al trabajo a distancia. Tanto desde lo económico como desde lo medioambiental. Porque el "home office" se convirtió en un aliado inesperado en la lucha contra el cambio climático.






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