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La bomba racial que explotó en EE.UU.

Actualizado: jun 23

El brutal crimen de George Floyd por parte de un policía de Minneapolis hizo estallar la furia de miles de personas en decenas de ciudades en los EEUU. La violencia puso en jaque a Trump que se desespera y echa más leña al fuego. Quedó al desnudo no sólo la persecución contra las minorías étnicas sino también las enormes inequidades según el color de piel. Los datos de un país que supo tener un presidente negro pero que sigue no dejó de discriminar.


Por Gabriel Michi





Era el 6 de noviembre de 2008. Ese día parecía que se empezaba a escribir una historia distinta en los Estados Unidos de Norteamérica: 66 millones de personas, el 51% de los votantes, elegían al primer presidente afroamericano en la historia de la principal potencia del Mundo. El demócrata Barack Obama se encaminaba hacia la Casa Blanca después de vencer al republicano Mitt Rommey. Y cuatro años después, cuando obtuvo la reelección, se ratificaba que algo había cambiado. Quizás en la política sí. Pero en los males socio-culturales que arrastra desde hace años el país norteamericano, ese cambio de paradigma no ocurrió. Eso quedó en evidencia el pasado 20 de mayo de 2020, casi una docena de años después, cuando el policía de Mineapolis Derek Chauvin asesinó asfixiando contra el pavimento a George Floyd, un hombre de raza negra al que habían acusado de intentar usar un billete de 20 dólares falsos en una compra. La secuencia grabada en un celular por un transeúnte muestra como Chauvin asfixió durante 8 minutos y 46 segundos a Floyd, pese a sus pedidos de clemencia y al grito: "No puedo respirar".



George Floyd se convirtió en un ícono contra el racismo.

Ese grito se convirtió en el estandarte de masivas manifestaciones durante los días sucesivos en más de 75 ciudades a lo largo y ancho de los Estados Unidos, como también en otras ciudades del Mundo. Muchas de esas convocatorias terminaron en hechos de violencia, con incendio de patrulleros, edificios públicos y hasta iglesias. Los enfrentamientos con la Policía se dieron en las marchas más violentas, algo que llevó a que en 25 ciudades norteamericanas se decrete el "toque de queda". Pero, sin duda, el denominador común fue el reclamo de decir basta a la segregación racial y a la violencia institucional contra los negros.



El crimen de Floyd destapó la olla a presión que hace años viene acumulando fuerza para explotar en EEUU. Y eso es lo que se vio en estos días. Miles y miles de personas, de todas las razas y credos, saliendo a la calle para mostrar su hartazgo hacia la ferocidad de algunos policías en particular contra esa minoría étnica. Un hartazgo que encima llega en medio de la Pandemia de Coronavirus que, al momento de este crimen, ya le había costado la vida a más de 100.000 norteamericanos e infectado a más de 1,6 millones en ese país. Y cuyos efectos se traducen en un récord de desempleo como no se veía desde la Gran Depresión de los años '30: más de 40 millones de personas pidieron el subsidio de desempleo en las últimas 9 semanas.


En ese contexto de Pandemia, muertes y desempleo, otro policía blanco asesinó de la forma más brutal (y ante los ojos de todos) a este hombre afroamericano por un supuesto billete falso de 20 dólares. Fue la gota que rebalsó el vaso. Y la que puede generar, en definitiva, el cachetazo más fuerte para el presidente Donald Trump: perder la reelección. Trump ya venía golpeado por la recesión y el desempleo generados por la Pandemia y por su irresponsable manejo negacionista del tema, y ahora se suma este crimen racial que lo deja al borde del abismo para las elecciones de noviembre, esas que antes de todo esto se daba por descontado que ganaría. Pero ahora pareciera que el magnate devenido en Presidente volvió a perder el pulso de esta nueva crisis ya que, si bien en un primer momento dijo que crímenes como el de Floyd no debían darse nunca más en los EEUU, luego devino en un atacante durísmo contra los manifestantes (sobre todo los más violentos) y pidió a los gobernadores que los repriman sin piedad.



Pero sin duda el crimen de Floyd no fue lo único que hizo indignar a los que salieron a la calle a manifestarse. También el casi nulo accionar de la Justicia. Si bien el gobernador demócrata de Minneapolis, Mark Brandt Dayton, reaccionó rápido y echó de la fuerza a Chauvin y otros tres oficiales de la Policía que fueron sus cómplices, ellos siguieron en libertad. Recién cinco días después del crimen y ante una situación que se había desbordado, detuvieron al policía asesino, pero no a sus secuaces. Hasta ese momento, el fiscal del distrito Michael Freeman se había mostrado renuente a la detención, y eso desató la furia de la gente que fue hasta a su casa a "escracharlo". Es más, el gobernador de Minnesota, Tim Waltz, no sólo lo desplazó del caso sino que pidió que se hiciera cargo del caso el fiscal de Estado, Keith Ellison, afroamericano y musulmán, tal como pidió la familia de la víctima. Si no hubiese existido la filmación y si no hubiesen explotado las manifestaciones, quizás el criminal con uniforme seguiría impune.


Allá por 1967, Martin Luther King dijo, en un recordado discurso en la Universidad de Stanford: “El disturbio es el lenguaje de los que no son escuchados. ¿Y qué es lo que Estados Unidos no ha escuchado? No ha escuchado que la situación del negro ha empeorado, que las promesas de libertad y justicia no se han alcanzado”. Ya pasaron 53 años después de aquel recordado mensaje donde hablaba de un sueño de igualdad. Y eso, increíblemente, parece lejos de concretarse en los EE.UU. del 2020.


Minéapolis, en el Estado de Minessota, es una ciudad considerada progresista, donde la mayoría de los blancos también bregan por la igualdad racial y que no sólo tiene a un jefe de Policía negro, sino que los votantes optaron por elegir a dos personas transgénero para que integren el gobierno del Municipio. Sin embargo, la mayor parte de los policías son blancos. Y, si bien, los afroamericanos constituyen el 20% de la población, representan el 60% de las víctimas de las balas policiales.


También hay barrios de preminencia blanca y otros de mayor presencia de negros. Y esas distinciones y delimitaciones se reproducen en el tiempo. De hecho a George Floyd lo asesinaron en la esquina de la calle 38 sur y la avenida Chicago Sur, donde según los que conocen el lugar se levanta una barrera invisible entre los integrantes de ambas razas.





Pero la situación de inequidad racial en los EE.UU. no sólo se expresa en Minneapolis. Las estadísticas de esa nación, por donde se las mire, denuncian que en "el país de las oportunidades", esas no llegan de igual manera de acuerdo al color de piel con el que uno nazca.


Por ejemplo, en 2018, la tasa de pobreza para los blancos no hispanos fue del 8.1% en 2018, mientras que para los negros fue del 20.8%, casi tres veces más. Tampoco tienen la misma suerte otras etnias: los pobres entre los asiáticos fue del 10.1% y entre los hispanos fue del 17.6%. Además, la riqueza media de una familia blanca es 10 veces superior a la de una familia negra.


Pese a que a nivel país, los negros representan el 13% del total de los habitantes de EE.UU., son el 25% de las víctimas de las balas policiales. Y, en otras estadísticas, las minorías latinas y negras representan el 62% de las personas desarmadas asesinadas por los uniformados. Los afroamericanos tienen 2,5 veces más de posibilidades de morir en manos de un policía que los blancos. Y, además, es mucho más probable que arresten a un afroamericano por tenencia de drogas: la tasa es de 879 detenidos negros cada 100.000 personas por este motivo contra 332 cada 100.000 de los blancos.



Las protestas llegaron hasta la Casa Blanca y obligaron a Trump a resguardarse en el refugio antiterrorista.



En materia de prisiones, "la tasa de encarcelamiento entre las mujeres afroamericanas es casi el doble que entre las mujeres blancas y la tasa de encarcelamiento para los hombres afroamericanos fue casi seis veces mayor que la de los hombres blancos. Para los afroamericanos más jóvenes, la disparidad fue aún mayor", según indica un informe de la ONG Human Right Watch publicado en este 2020.


Si a todo esto se suma la enorme vulnerabilidad social que deben soportar grandes sectores de esta raza en los Estados Unidos, demostrada en el altísimo porcentaje de afroamericanos que han muerto producto de Coronavirus en grandes ciudades como Nueva York y que los empleos que más se han destruído con la crisis desatada por esta Pandemia son justamente trabajos precarios que suelen ocupar las minorías étnicas (negros y latinos), el cóctel es letal. Quizás por eso la violencia racial expresada en manera explícita como en el brutal asesinato de George Floyd o de manera implícita como demuestran las estadísticas, hoy generó semejante respuesta en las calles. Esa olla a presión explotó. Y se encontró con un Presidente que lejos de apaciguar los ánimos, lo que hace es tirar más combustible al fuego y hasta amenazar con sacar los militares a las calles. Hoy EE.UU. es un regadero de pólvora y si las cosa sigue así ya no podrán apagar esa mecha.




"No puedo respirar", la frase que Floyd repitió 16 veces antes de morir, se convirtió en un nuevo grito de justicia.


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