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La otra "Gran renuncia" que jaquea la economía europea

En otro efecto impensado de la Pandemia, en distintos países cada vez cuesta más conseguir trabajadores para determinados rubros. La clave: la enorme precarización que ya existía antes. En España faltan 50.000 camareros y en Francia, unos 200.000. En el Reino Unido hay déficit de agricultores. En toda Europa necesitan transportistas y obreros de la construcción.


Por Gabriel Michi

En España faltan alrededor de 50.000 camareros y empleados de hostelería. En Francia necesitan 200.000.

El fenómeno de la "Gran Renuncia", que sacude a Estados Unidos tras la Pandemia de COVID 19 y que ha raleado de mano de obra a distintos sectores, parece haber llegado a Europa. Por lo menos en los rubros más precarizados. En España, en la víspera de una temporada turística que se presume récord, ese faltante de empleados se evidencia en un sector muy demandado: faltan alrededor 50.000 personas, entre camareros y cocineros. Tras la Pandemia, muchos trabajadores no regresaron a sus puestos en la gastronomía y la hostelería. Y, dadas las características del esos empleos, es la ausencia de jóvenes interesados en esas tareas, lo que pone blanco sobre negro en un sector muy dinámico de la economía española.


Sin dudas, cuando se les consulta a los especialistas y a los propios protagonistas aparece un común denominador: la enorme precarización laboral que caracteriza al sector. En ese combo entran los bajos salarios (que enciman aparecen más devaluados por el encarecimiento de la vida empujado por la inflación creciente), la falta de reconocimiento de las horas extras, los contratos leoninos para los empleados y una sobreexplotación en los más diversos aspectos. A eso se suma que en Pandemia, muchos de esos empleados no sólo pudieron ver las ventajas de otros tipos de trabajos virtuales y el disfrute de la propia vida (con toda una revinculación con los afectos y otras escalas de valores).


Según el Instituto Nacional de Estadística de España, los camareros cobran unos 1.300 euros brutos al mes en catorce jornadas pagas. Eso constituye el sueldo más bajo de todas las categorías medidas por el INE. Encima, dos de cada tres contratos son eventuales, lo que sumerge a los empleados en una enorme inestabilidad, agravada porque sus salarios suelen ser en negro. Una inestabilidad que además se profundiza por las extensas jornadas que deben desarrollar, aunque muchas veces esas horas extras nunca se pagan.


"La conciliación familiar, horarios que te proponen un jueves y al siguiente lunes, en tres días, ya están modificándose porque viene más gente. No sabes cuando libras. Así es difícil conciliar la vida laboral con la vida familiar. Entonces mucha gente no quiere trabajar, no quiere ser un esclavo de lo que es la hostelería", afirmó Francisco Giner, empleado de hostelería y sindicalista de Comisiones Obreras, a Euronews.


Los empleadores vienen notando desde hace tiempo que los potenciales aspirantes ni siquiera se acercan a las entrevistas de trabajo. Eso ocurre tanto en el sector gastronómico como también en el hotelero. Si bien reconocen que los salarios que se ofrecen son bajos y desalientan a quienes podrían convertirse en sus empleados, aseguran que la situación en sus sectores no es la mejor ya que todavía intentan recuperarse de los efectos de los cierres a los que fueron obligados durante el peor momento de la Pandemia.


Emilio Gallego, secretario general de la Federación Española de Hostelería, lo explicó así: "Nosotros no eludimos la cuestión de que la remuneración debería seguir creciendo, lo que pasa es que ocurre que en estos momentos hay una dificultad añadida. Estamos en una tormenta perfecta de altísimos precios, unos crecimientos del IPC impresionantes, al mismo tiempo que la demanda todavía no está suficientemente reforzada y las empresas se encuentran débiles después de dos años de graves dificultades".


Esta falta de mano de obra en la hostelería española se repite y multiplica en otros países. El caso más evidente es Francia donde necesitan 200.000 empleados que no encuentran. Y las urgencias que llegan con el verano y las proyecciones de un gran movimiento turístico, complican el panorama. Sumado al alza de los costos por los aumentos de precio a raíz de la guerra entre Rusia y Ucrania.


En España y otros países europeos no consiguen trabajadores de la construcción, uno de los más demandados.


En España no sólo faltan camareros sino que también escasean en muchos otros sectores. La mayoría de ellos son rubros donde también se repiten los esquemas de precarización laboral y de sobre explotación en trabajos que otorgan pocas satisfacciones y suelen ser muy estresantes. Son sectores donde muchas veces los contratados son jóvenes y en muchos casos inmigrantes. Por ejemplo en territorio español faltan empleados en la construcción (unos 700.000), el transporte (unos 20.000) y la agricultura. Es llamativo que eso ocurra también porque en ese país hay 3 millones de "parados", es decir, desempleados.


En Europa en general el número de transportistas que faltan llegan a los 500.000 y pese a que se consiguen sueldos que superan los 40.000 euros semanales (como es en el caso de la propia España), no consiguen conductores y conductoras. Del total de puestos de transportistas que estaban vacantes en Europa al término del 2021, entre 80.000 y 100.000, correspondían al Reino Unido; 80.000, a Polonia; entre 57.00 y 80.000, a Alemania; 71.000, a Rumania, y 34.000, a Francia. Lo mismo ocurre en EE.UU.



En toda Europa hay una enorme necesidad de transportistas: se calcula que faltan unos 500.000.


En el rubro de la agricultura también se necesitan trabajadores en el Reino Unido. Ese tipo de labores las solían desarrollar personas llegadas del Este de Europa, pero distintos factores -entre ellos el Brexit y los condicionante migratorios de la Pandemia de Coronavirus- generaron una sangría difícil de enfrentar. Han recurrido a mano de obra temporaria de Asia central, a Uzbekistán, Kazajistán y Tayikistán. Los británicos no quieren hacer ese trabajo tan duro y poco rentable, que queda en definitiva para los inmigrantes.


Por eso el gobierno de Boris Johnson decidió lanzar un "programa de temporeros", que ofrece visados cortos para trabajadores agrícolas. Con esa iniciativa se permitió a productores del Reino Unido la oportunidad de traer a 30 000 inmigrantes este año, con la opción de diez mil extra si fuera necesario. Aunque por ahora el proyecto viene demorado y los dueños de los campos se están quejando de que van a perder miles de toneladas de sus producciones. "Reclutar a alguien, poner en orden toda su documentación y luego trasladarlo al Reino Unido lleva un mínimo de 3 semanas. Y los cultivos no esperan por nadie, siguen creciendo y una vez que crecen más allá de cierto punto, ya no se pueden comercializar en el Reino Unido y se desperdiciarán", señaló Julian Marks, director gerente de Barfoots of Botley.


Así, entre las condiciones de precarización laboral que se le imponen a esos trabajadores (particularmente jóvenes e inmigrantes) sumado a todo lo que se redescubrió como efecto de la Pandemia de Coronavirus en cuanto a las ventajas del trabajo virtual y la priorización de determinados valores en la vida social y familiar, parecen potenciar esta "Gran Renuncia" a la europea. Con miles de trabajadores que faltan. Y que hoy jaquean la economía del Viejo Continente.


En el Reino Unido faltan trabajadores agrícolas pese a los programas para facilitar la contratación de inmigrantes.

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