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Un nuevo Apartheid: la ola anti inmigrantes llena de odio las calles de Sudáfrica

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    MundoNews
  • hace 6 días
  • 7 min de lectura

Una serie de protestas violentas contra extranjeros indocumentados sacude al país de Mandela. La guerra de pobres contra pobres ya dejó muertes y exilios. Las razones.


Por Gabriel Michi



Sudáfrica supo de persecuciones. Y exclusiones. Por años las minorías blancas concentraban todo el poder y las riquezas y excluían de manera violenta a las mayorías negras. El "Apartheid" generó una enorme indignación en todo el Mundo. Y fue la prédica de Nelson Mandela -luego convertido en Presidente y Premio Nobel de la Paz- y su movimiento el que pudo dar fin a semejante injusticia. Hoy, lejos de aquel escenario, hay un nuevo "Apartheid" pero contra los inmigrantes. En los últimos meses han crecido las marchas contra los llegados de otros países, algo que se tradujo en amenazas e incluso en muertes. La difícil situación económica, con un desempleo que supera el 32%, parece ser el disparador del enojo social que encima se potencia con un discurso en el que se culpabiliza a los inmigrantes de ser "mano de obra barata" y arrebatarle los puestos a los sectores populares de Sudáfrica. Es decir, este "Apartheid" a diferencia del anterior no es otra cosa que una guerra de pobres contra pobres. Bajo la idea de "Sudáfrica para los sudafricanos" se enarbolaron todos tipos de consignas xenofóbicas contra los extranjeros, algo que encendió las luces de alerta en las autoridades. En este país, los inmigrantes son alrededor de 3 millones de personas y representa alrededor del 4% de la población. Más de 35.000 extranjeros fueron repatriados o expulsados desde el 7 de junio, y miles más intentan abandonar el territorio por temor a perder la vida en medio de esta oleada amenazante.


Esta semana muchos centros urbanos de grandes ciudades de Sudáfrica quedaron paralizados por el temor a que las protestas convocadas por grupos antiinmigración desemboquen en actos de violencia, en particular cerraron sus puertas aquellos comercios que son propiedad de foráneos. Y es que en las últimas manifestaciones se vio a personas totalmente enfurecidas, con palos en sus manos, gritando todo tipo de insultos contra aquellos inmigrantes llegados ilegalmente de otros países en busca de un futuro un poco mejor. Eso provocó que el último martes 30 de junio, las calles quedaran desiertas y los trabajadores extranjeros que evitaron salir de sus casas, con mucho miedo de ser atacados. Eso se vio en Durban, Johannesburgo o Soweto, todas ciudades donde miles de manifestantes marcharon para reclamar la deportación de migrantes en situación irregular, al cumplirse la "fecha límite" no oficial fijada por los movimientos xenófobos para su salida del país. "Hoy es el último día. Después de hoy, nos ocuparemos de nuestro presidente y de nuestra nación. No queremos que nadie de fuera venga a interferir", amenazó la manifestante Nkele Thebe, en la protesta en Johannesburgo.


Las marchas de esta semana -como las anteriores- asustaron mucho a los inmigrantes. Había jóvenes que portaban bastones de combate y escudos, con vestimenta tradicional zulú. También muchísimas mujeres. La bandera sudafricana flameaba en las marchas y, como otra muestra exacerbada de un nacionalismo extremo, se cantaron canciones de liberación o cargaban pancartas con lemas como "Sudáfrica debe retirarse de la Convención de la ONU sobre los Refugiados". Y es que, a pesar de tampoco gozar una situación socio-económica de privilegio, Sudáfrica aparece como un destino que ilusiona a muchos africanos llegados desde naciones de ese mismo continente que atraviesan una situación mucho más dramáticas, en ocasiones atravesadas por guerras intestinas o epidemias de enfermedades letales. Eso llevó a que miles de personas de otras naciones viajen al país más austral para intentar soñar con un futuro aunque sea que les permita sobrevivir.


Frente a la violencia de las protestas antiinmigrantes, miles de policías fueron desplegados para sofocar potenciales actos de violencia y un portavoz militar informó que soldados se mantuvieron en estado de alerta durante las marchas convocadas, entre otros, por una coalición informal de partidos políticos minoritarios y pequeños grupos de autodefensa, que están organizados, tienen recursos y una fuerte presencia en redes sociales, algo que han potenciado con todo tipo de "fake news" y desinformación para estigmatizar a los inmigrantes. El principal grupo organizador es "March & March", un movimiento que está ganando adeptos y generando mucha preocupación. Dicen oponerse a la migración irregular en Sudáfrica y la vinculan con el alto desempleo, el alza del crimen o las dificultades en el acceso a servicios públicos. Ese movimiento tiene una líder: la activista zulú Jacinta Ngobese-Zuma, una antigua presentadora de radio que enfrenta una causa judicial por incitación a la violencia pública, cargo que ella niega y que en el pasado incluso había sido premiada por su rol de defensa de los derechos de las mujeres. Ngobese se defendió asegurando que no se puede responsabilizar al grupo que dirige por los actos violentos espontáneos. "Estamos tratando de canalizar esa ira hacia el gobierno. Lamentablemente, no podemos estar en todas y cada una de las comunidades diciéndoles cómo comportarse. Ellos conviven con estas personas", afirmó.


 "March & March" no es el único convocante. También figura peración Dudula (un pequeño partido político de corte nacionalista) y Progressive Forces. Todos ellos plantean un conjunto de exigencias que incluyen controles migratorios más estrictos, regulaciones más rigurosas para la expedición de visados, una revisión de las políticas de asilo y adoptar represalias contra empresas que contratan a migrantes en situación irregular, a lo que consideran una parte neurálgica de este conflicto.


Hace tiempo que se venía notando una la ola de sentimiento antiinmigrantes en la sociedad sudafricana, con picos de manifestaciones a menudo violentas y agresiones contra extranjeros, manchando la historia de lo que representó, como sinónimo de inclusión y convivencia, el propio Nelson Mandela.


Según todos los analistas, el caldo de cultivo de estos discursos xenofóbicos -que tanto han prendido en gran parte de la sociedad- reside en las grandes desigualdades sociales del país, pero particularmente en esa tasa de desempleo del 32,7% –una de las más altas del mundo– que hace que se acuse a los inmigrantes de quedarse con los empleos de los sudafricanos. A todo eso hay que sumar una decadente prestación de servicios públicos y la violencia delincuencial: de hecho, Sudáfrica tiene uno de los índices de homicidios más elevados del planeta, con 5.181 asesinatos sólo en el primer trimestre de 2026, y en el imaginario colectivo y en esos discursos xenofóbicos se responsabiliza de eso a los inmigrantes, aunque no haya prueba alguna de que los extranjeros sean los que cometen esos crímenes. Pero pareciera que la verdad no importa. Y que los prejuicios sean la regla. Por todo eso, las personas migrantes, sobre todo aquellas en situación irregular, se transformaron en el chivo expiatorio ideal para canalizar el malestar social de quienes se sienten víctimas de esas injusticias .


Pese a todos problemas, Sudáfrica sigue siendo la mayor economía de África y atrae a migrantes, sobre todo de las vecinas Zimbabue y Malawi. Pero, aun así, la población extranjera ronda los 3 millones de personas, es decir, alrededor de un 4% del total, una proporción relativamente baja si se compara con los estándares mundiales y lo que ocurre en otras naciones.


Algunas de las protestas anti inmigrantes derivaron en hechos de violencia. Por ejemplo, en el último fin de semana de mayo, en la ciudad de Mossel Bay, en la provincia del Cabo Occidental, desembocaron en la muerte de siete personas de Mozambique y 55 chozas incendiadas. En tanto, el último fin de semana de junio un ciudadano de Uganda falleció tras ser brutalmente golpeado por una turba, lo que hizo que el gobierno ugandés anunciara un plan de evacuación para 746 nacionales que solicitaron ser repatriados. Lo mismo están solicitando miles de migrantes, principalmente de los vecinos Zimbabue y Malawi, que se han congregado en sus embajadas y consulados para solicitar que se les brinde un transporte de regreso a sus países, frente al temor de ser asesinados.


Pero la violencia antiinmigrantes se expresa de muchas maneras. Por ejemplo, hay propietarios de viviendas en Johannesburgo y Durban que desalojaron a inquilinos extranjeros por temor a que sus edificios fueran vandalizados. También hubo despidos a trabajadores foráneos para evitar posibles represalias contra sus negocios. Además se les impide a migrantes africanos acceder a atención médica o educación en instalaciones públicas.


Frente a semejantes persecuciones, cada vez son más los inmigrantes que quieren abandonar Sudáfrica. Tal es así que el cruce de Beitbridge -entre esa nación y Zimbabue- registra un incremento en el tráfico en los últimos días por la circulación de autobuses de evacuación de hasta el momento, unos 3.600 migrantes. Lo mismo ocurre con miles de ciudadanos de Malawi que también han regresado a su país. En tanto, Ghana -que pidió a la Unión Africana que envíe una "misión de investigación" a Sudáfrica- también repatrió a unos 300 ciudadanos; y también Mozambique, Nigeria, Kenia y Lesoto. Son cada vez más las naciones que emiten alertas de seguridad para sus ciudadanos residentes en Sudáfrica. Y hay algunos países (como es el caso de Nigeria, Ghana y Guinea-Bissau) que han planteado cuestionamientos diplomáticos, llamando a consultas a los embajadores sudafricanos.


March & March y otros organizadores de las protestas señalan que "sólo" buscan la expulsión de los migrantes indocumentados. Sin embargo, la violencia sin límites se ha lanzado contra cualquier inmigrante, sin importar la situación legal de los extranjeros. Y las autoridades temen que esta escalada de violencia termine en algo igual o peor a lo ocurrido en otras ocasiones en el pasado cercano:


  • En 2008 se desató un fenómeno similar y se registró el peor estallido contra inmigrantes en Sudáfrica, en el que 62 personas murieron.

  • En 2015 otras 7 personas fueron asesinadas en medio de una serie de ataques a comercios de extranjeros en Johannesburgo y Durban.

  • En 2019 se contabilizaron al menos 18 víctimas fatales de la violencia xenófoba.

  • En 2021, hubo otra ola de violencia pero por otras razones: el encarcelamiento del expresidente Jacob Zuma generó protestas que terminaron con la muerte de unas 350 personas luego de días de saqueos y enfrentamientos.


En este contexto antiinmigrantes del presente, el presidente de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa, intentó calmar los ánimos frente a la temeraria cuenta regresiva para la fecha límite del 30 de junio y lo hizo a través del anuncio de una mejora en los planes gubernamentales para enfrentar la inmigración irregular, además de instar a los líderes comunales tradicionales a usar su influencia "para calmar las tensiones". Sin embargo, el clima parece muy lejos de apaciguarse. Y este nuevo "Apartheid" en el que se vislumbra una guerra de pobres contra pobres parece estar marcando a fuego a un país que conoce de divisiones y persecuciones. Una verdadera bomba de tiempo.





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