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Un sueño que se convirtió en pesadilla en el fondo del mar

Finalmente, el sumergible turístico Titán, con el que un grupo de millonarios pretendía llegar al Titanic terminó en "catástrofe". Tras 4 días de una carrera contrarreloj, llegó el peor final.


Por Gabriel Michi


Pasajeros: El empresario paquistaní Shazada Dawood y su hijo Suleman, los exploradores Paul-Henry Nargeolet y Hamish Harding y el piloto Stockton Rush.

Las esperanzas se iban desvaneciendo con el paso de los minutos, de las horas, de los días. Fueron 4 jornadas contrarreloj con el fantasma de que el vital oxígeno se agotaba. Y eso generó un impresionante despliegue internacional para intentar evitar un trágico final. Un trágico final que sucedió. El sumergible Titán, que transportaba a cinco personas a las profundidades del Océano Atlántico para poder observar al legendario Titanic, implosionó cerca del lugar del naufragio y mató a todos a bordo. Así lo confirmaron las autoridades, dando fin a una novela de la vida real que mantuvo en velo al Mundo entero por casi cuatro días.


La pequeña esperanza, alimentada por una serie de ruidos provenientes del fondo del mar y que fueran detectados por los equipos de búsqueda, se desvaneció el jueves 22 por la mañana, cuando se esperaba que se agotara el suministro de oxígeno para 96 ​​horas del sumergible y la Guardia Costera de EE.UU. anunció que se había encontrado un campo de escombros a aproximadamente 488 metros del Titanic.


El pequeño sumergible -de 6 metros de largo, 2,5 de alto y 10 toneladas de peso- probablemente implosionó en las aguas del Atlántico Norte, a unos 600 kilómetros de Terranova, Canadá. “Los escombros son consistentes con la pérdida catastrófica de la cámara de presión”, dijo el contralmirante John Mauger, del Primer Distrito de la Guardia Costera estadounidense.


Por su parte, OceanGate Expeditions, la compañía propietaria y operadora del sumergible, dijo en un comunicado que las cinco personas en el barco, incluido el director ejecutivo (y piloto de la embarcación) Stockton Rush “lamentablemente se han perdido”. A él lo acompañaban los pasajeros que habían pagado 250.000 dólares cada uno por la aventura: el empresario paquistaní Shahzada Dawood y su hijo Suleman Dawood, además del aventurero británico Hamish Harding y el experto francés Paul-Henri Nargeolet. “Estos hombres eran verdaderos exploradores que compartían un espíritu distintivo de aventura y una profunda pasión por explorar y proteger los océanos del mundo”, señaló OceanGate en un comunicado. “Lamentamos la pérdida de vidas y la alegría que trajeron a todos los que conocían”.


En el operativo de búsqueda intervinieron barcos, aviones y otros equipos de distintas nacionalidades. Las esperanzas de rescatarlos con vida se activaron cuando el martes 20 y el miércoles 21 detectaron una serie de golpes provenientes del fondo del mar, algo que ayudó a reducir el área inspeccionada, que era muy extensa y con una profundidad que llegaba a los 4.000 metros, la máxima que podía alcanzar el sumergible y cerca de los 3.800 metros en los que está hundido el Titanic.


Tras conocerse la noticia del agotamiento del tiempo del oxígeno, el hallazgo de los primeros rastros y la información de una "implosión catastrófica", se conoció otro dato que impacta en el dolor de los familiares de los desaparecidos: es posible que los cuerpos de cinco personas que viajaban en Titán nunca se encuentren debido al océano "imparable".


La Guardia Costera estadounidense explicó que los hombres murieron instantáneamente en una "implosión catastrófica" que rompió el casco de presión antes de que los aviones de rescate detectaran sonidos de "golpe". Se han encontrado piezas destrozadas del barco a 500 metros de la proa del Titanic. "La implosión habría generado un sonido significativo de banda ancha que las boyas del sonar habrían captado", explicó el contraalmirante John Mauger. Se supone que su muerte fue instantánea y sin sufrimiento. Pero queda el de sus deudos. Aquellos que hoy saben que ese sueño de sus seres queridos se transformó en la peor pesadilla. Allí, en el fondo del mar.


Los viajeros pagaron 250.000 dólares cada uno para poder ver al Titanic que está a 3.800 metros de profundidad.


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