Alemania: Un triunfo de la extrema derecha que preocupa a toda Europa
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AfD, un partido acusado de filo nazi, arrasó en las urnas de Sajonia-Anhalt y podría formar gobierno. Es la primera vez desde el final de la Segunda Guerra Mundial que ocurre algo así.
Por Gabriel Michi

Pasaron 93 años desde que el nazismo llegó al poder en 1933. Pasaron 81 años desde que el nazismo cayó definitivamente por la derrota del Eje en la Segunda Guerra Mundial, en 1945. Y, después de tanto tiempo, de tantas atrocidades cometidas, su fantasma vuelve a agitarse en Alemania. El triunfo del partido de extrema derecha Alianza por Alemania (AfD) en el estado oriental de Sajonia-Anhalt despertó los temores más fuertes en el resto del país como también en los otros países de la Unión Europea (UE). Y es que su discurso anti-inmigrante toma posturas cuasi xenofóbicas que recuerdan los años más negros de la principal potencia europea. AfD obtuvo el 44% de los votos contra la centroderecha de la Democracia Cristina que cosechó apenas el 17% de los apoyos, perdiendo más de 20 puntos con respecto al 2021 y poniendo en aprietos al canciller Friedrich Merz. En medio de una inusual participación récord de más del 80% de los votantes.
Con este resultado, AfD se quedará con 39 escaños, a tan sólo tres de los 42 necesarios para formar gobierno en la Asamblea Legislativa local. Es posible que el resto de los partidos intenten construir lo que se llama un "cerco sanitario" para evitar que esa extrema derecha llegue al poder, pero parece difícil que lo puedan hacer ya que un partido que se autoproclama como de izquierda -y que comparte con los ganadores una postura pro-rusa- dejó entrever que podría darle su apoyo. Así Alternativa para Alemania podría aspirar quedarse con un gobierno regional por primera vez en la historia. El 17% de Unión Demócrata Cristiana (CDU) que quedó segunda le permitiría acceder a 15 bancas. Más atrás quedaron el Partido Socialdemócrata (SPD) con el 9,3%; Los Verdes, con el 8,9%; la Izquierda, con el 8,3% y la mencionada BSW (Alianza por Sahra Wagenknecht), con el 5,1%.
Este contundente resultado de la extrema derecha constituye un fuerte mensaje para otros líderes europeos que luchan contra la misma mezcla de crecimiento lento y desilusión con la política tradicional, muchas veces vinculada a cuestiones económicas pero donde no faltan los condimentos del racismo y la xenofobia. AfD, que quedó a las puertas de la mayoría absoluta en el Parlamento del Estado de Sajonia-Anhalt, se convirtió en el rostro de la oposición al sistema político basado en el consenso que ha gobernado Alemania desde la Segunda Guerra Mundial. Y el Este -otrora vinculado a la URSS- quedó muy rezagado desde la reunificación alemana en la década del '90, tras la caída del Muro de Berlín. Ese Este que ha visto crecer el odio a los inmigrantes a la par de una situación social mucho más desventajosa que en el Oeste.
Lo cierto es que la imagen del canciller Merz están por el piso. Y fue uno de los principales blancos de la bronca de los votantes por el alto costo de la vida, las pensiones y la inseguridad económica que atraviesa la mayor potencia europea. Incluso una encuesta difundida por la televisión pública ARD reveló que el 87% de los votantes del Estado estaban descontentos con su gobierno. Otra encuesta, realizada para la televisión pública ZDF, mostró que tres cuartas partes de la población, incluyendo casi la mitad de los simpatizantes de la CDU, creían que Merz había perjudicado los resultados del partido.
El propio canciller señaló que el resultado electoral sacudió a su partido "hasta sus cimientos", pero rechazó el pedido de algunos referentes de AfD para que llame a elecciones a nivel nacional, como fue el caso de la líder de ese partido Alice Weider. Desde la alianza de extrema derecha sostuvieron que su victoria en Sajonia-Anhalt debe ser interpretada como un primer paso hacia el triunfo en las elecciones federales previstas para 2029. Sin embargo en CDU señalaron que el partido de gobierno de "seguir adelante con nuestra política".
Este resultado de AfD puede tener proyecciones en otros países europeos. Por ejemplo, en Francia, donde las encuestas de opinión sugieren que la ultraderechista Agrupación Nacional podría ganar las elecciones presidenciales del próximo año, el ministro de Finanzas, Roland Lescure, afirmó que el resultado de las elecciones en Sajonia-Anhalt era una "señal muy, muy preocupante. Esto demuestra que nos enfrentamos a un gran desafío por parte de una ola populista que ahora es global".
El Estado de Sajonia-Anhalt -mayoritariamente rural- cuenta con unos 2,1 millones de habitantes. Está ubicado en el antiguo Este comunista y es uno de los más pequeños y desfavorecidos. Desde la reunificación alemana perdió alrededor de una cuarta parte de su población. Las claras diferencias y divisiones sin resolver entre Alemania Oriental y Occidental, se mantienen aún hoy, después de cuatro décadas después de la reunificación.
Sin embargo, la tasa desempleo del 8% no está muy por encima del promedio nacional y en los últimos tiempos ha podido reconstruir su industria química y desarrollado nuevos sectores, como la logística y las energías renovables.
Durante la campaña hubo advertencias de sectores políticos y empresarios sobre las consecuencias económicas que podrían devenir si AfD triunfaba. Pero el enojo con la dirigencia y el estancamiento económico pudo más que incluso el fantasma de la fuga de inversiones y, con eso, de las pérdidas de empleos, en especial aquellos que alcanzan a los trabajadores cualificados.
En triunfo de la extrema derecha fue empujado por el voto de los trabajadores, los hombres y los jóvenes. Esos sectores apuntalaron la candidatura de Ulrich Siegmund, el líder de 35 años, que creció gracias a plataformas como TikTok donde atrajo a miles de personas. En multitudinarios mítines políticos prometía recuperar "nuestra buena, vieja y segura Alemania", algo que atrajo a ese público donde la prédica anti-inmigrantes había prendido con fuerza. Una predica" donde se responsabiliza al llegado desde otros países como el responsable de todos sus males. Las promesas apuntaban también a abordar sus principales preocupaciones: la inseguridad social, la paz en Europa y su propia situación económica.
Y allí entra la propia debilidad del gobierno de Merz, que se enfrenta a una profunda crisis en la base industrial de Alemania y pretende poder avanzar en las reformas de las pensiones, algo que cosechó una enorme impopularidad en el Este más castigado del país. Encima, una serie de malas noticias llegadas desde la economía parecen deteriorar aún más su imagen. Un ejemplo de ello fue el caso de la emblemática automotriz Volkswagen que la semana pasada anunció un plan de reestructuración radical, que podría suponer el recorte de 50.000 puestos de trabajo en todo el mundo y que, en particular, en Alemania conduciría al cierre de importantes fábricas, provocando un estancamiento aún mayor del que ya viene arrastrando.
Ese cuadro se vio agravado por los aumentos de los costos energéticos -potenciados por las guerras en Ucrania e Irán- e incluso planteando responsabilidades en el apoyo a Kiev con respecto a los dramas que viven los ciudadanos germanos. Es más, ese tipo de discursos han desembocado en muchos casos a que partidarios de AfD apoyen abiertamente a la Rusia de Vladimir Putin y rechacen no sólo el respaldo a Volodymyr Zelensky y al ingreso de Ucrania en la Unión Europea. Los aumentos de los precios del petróleo y el gas hicieron el resto.
Es cierto que la dirigencia de Alternativa para Alemania suele rechazar formalmente las acusaciones de "nazismo", calificándolas de tácticas de difamación política de los partidos tradicionales y los medios para marginarlos de la discusión pública. Sin embargo, varios de sus referentes han despertado fuertes polémicas por minimizar las atrocidades nazis o utilizar retórica asociada al régimen comandado por el genocida Adolf Hitler. Sin embargo, institucionalmente la AfD niega ser neonazi y sostiene que es una fuerza "conservadora" y "patriótica". Dicen que los quieren estigmatizar por criticar a la inmigración masiva y a la Unión Europea.
Pero los casos de abusos de sus dirigentes son muchos. Por ejemplo, Björn Höcke (líder de AfD en Turingia) fue llevado a juicio y multado por usar conscientemente el lema prohibido de las SA nazis "Alles für Deutschland" ("Todo por Alemania") en un mitin, además de exigir un giro de 180 grados en la memoria histórica alemana respecto al nazismo. Por su parte, Alexander Gauland (expresidente del partido) le restó importancia a los crímenes del Tercer Reich y calificó a los doce años del régimen nazi como una mera "mota de excremento de pájaro en más de 1.000 años de exitosa historia alemana". En tanto, Maximilian Krah (ex-eurodiputado) escandalizó a la sociedad cuando señaló que los miembros de las SS no eran "automáticamente criminales" y que se debía evaluar la responsabilidad individual. Incluso hubo dirigentes -con un concejal en Renania del Norte-Westfalia- que utilizó imitaciones explícitas de estética hitleriana junto con militantes de base, algo que llevó a que la propia AfD deba expulsar a personas de su partido para intentar frenar el daño político en su imagen.
Pero, más allá de los exabruptos individuales, lo cierto es que muchas de las propuestas de la Plataforma política de Alternativa para Alemania generan todo tipo de controversias porque se asientan en la xenofobia, el racismo y/o la estigmatización del inmigrante. A saber:
• Deportaciones inmediatas: “¡Deportaciones desde el minuto uno!", tras detenciones forzosas y masivas de indocumentados.
• Trabajo obligatorio: Trabajo comunitario obligatorio para los solicitantes de asilo.
• “Operativo retorno” de alemanes: planes que incluyan ayudas para la vivienda y prioridad en plazas de guarderías.
• Patrullas ciudadanas voluntarias: Para sumar a las tareas de la Policía.
También AfD quiere que Alemania se aleje de la Unión Europea y se acerque a Rusia. En un "combo" que también incluye la negación del cambio climático y, por ende, que su país abandone los compromisos medioambientales -como el "Acuerdo de París"- y suspenda los de subsidios para energías renovables, a la vez que propugna un impulso a los combustibles fósiles con la promoción y reactivación de la minería del carbón local.
El descontento social sumado al deteriroro de la imagen de los políticos tradicionales parecen estar sembrando el campo para que los discursos del odio aparezcan por doquier. Incluso en el pretendido "mundo desarrollado" semblantizado en Europa. Por eso hay alarma en el "Viejo Continente". Y no es para menos. Los retóricas anti-imigrantes crecen y crecen. El racismo y la xenofobia ganan espacios. Y hasta elecciones. Y, lo que parece más grave, hasta pueden reconquistar el poder. Como hace casi un siglo. Como cuando la Humanidad conoció una de las noches más tenebrosas y oscuras: el nazismo. Ese mismo que, de una u otra forma, está al acecho.





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