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El golpismo volvió a Bolivia en medio de un escenario dividido

Juan José Zuñiga, jefe del Ejército, fue detenido tras un intento de Golpe contra Luis Arce. El presidente enfrenta una feroz interna con Evo Morales, en medio de una crisis económica.


Por Gabriel Michi



La historia se repite. Una vez más. Pero esta vez con un final distinto. Se podría decir hasta esperanzador, sino fuera por la complejidad del tema. Bolivia volvió a ser escenario de una intentona golpista por parte de un grupo de militares. Pero esa vez sus ambiciones destituyentes fallaron y los resortes democráticos pusieron las cosas en su lugar. El grupo de sublevados no sólo no consiguió apoyo y terminaron presos. Quien comandó semejante "aventura" fue, ni más ni menos, que el comandante general del Ejército, Juan José Zuñiga, jefe máximo de los militares y hombre que había sido ratificado en du cargo hace muy poco tiempo por el propio presidente Luis Arce, a quien ahora pretendía destituir. Semejante traición golpista llega en un momento de suma complejidad en Bolivia por la crisis económica empujada por la falta de dólares, el agotamiento del gas (gran proveedor de divisas para el país) y el aumento de los precios en los bienes básicos. Y se da en un contexto de gran enfrentamiento en el partido de gobierno, el Movimiento Al Socialismo (MAS) entre el propio Arce y el ex presidente Evo Morales, quienes -entre otras cosas- se disputan quién será el candidato para las elecciones del 2025. Ese complejo escenario fue aprovechado por los golpistas para intentar, una vez más, adueñarse del poder y acabar con la democracia. Algo que, afortunadamente, fracasó.


Este capítulo de la historia comenzó el 24 de junio cuando Zuñiga deslizó en el programa "No mentirás", del canal PAT TV que iba a impedir de cualquier manera -incluso con el uso de las armas- que Evo Morales vuelva a ser Presidente de Bolivia, tema que está en discusión en la agenda pública después de un fallo de la Corte Suprema que interpretó que el ex mandatario estaba inhabilitado de competir de acuerdo a lo que dice la Constitución Nacional. Morales reniega de eso y señala que la imposibilidad tiene que ver con mandatos sucesivos y que este no sería el caso, y apunta a que la decisión judicial estaría digitada pór el gobierno. La amenaza de Zuñiga fue muy mal recibida dentro del MAS y comenzaron a circular versiones cada vez màs fuertes de que el presidente Luis Arce había decidido destituirlo.


Fue allí que el comandante del Ejército enfureció. Y en la tarde de este miércoles 26 de junio, Zuñiga encabezó a un grupo de militares fuertemente armados, que con tanques irrumpieron en la Plaza Murillo frente a la Casa Grande del Pueblo, sede del Ejecutivo boliviano en la ciudad de La Paz. Y, a las 15:51, una imagen impactó a todo el mundo, por la violencia y por simbólico: una tanqueta embistió la puerta del histórico Palacio Quemado, mientras varios militares cercaron la céntrica plaza. Una vez destruida la puerta, el propio Zuñiga invadió -junto a un grupo de soldados- el edificio, adonde permaneció por siete minutos. Con enorme valentía lo enfrentó cara a cara el presidente Luis Arce, que estaba en la Casa Grande del Pueblo, junto a su vicepresidente David Choquehuanca. Arce le ordenó deponer su actitud, algo a lo que Zuñiga se negó. Lo mismo hizo otro alto mando que lo secundaba en la sublevación. Pero un tercero, en cambio, sí aceptó la orden constitucional del Presidente y rompió con el golpista. Finalmente, al ver que no tenía más apoyo, Zuñiga se retiró derrotado y horas después fue detenido, junto a una veintena de oficiales que lo acompañaron en semejante locura.


El presidente Arce enfrentgó cara a cara al general golpista. Finalmente, Zuñiga fue detenido.


Cuando había sitiado la Plaza Murillo, el general desestabilizador señaló que lo que buscaba era -paradójicamente.- “restablecer” la democracia en Bolivia y que también pretendía liberar a “todos los presos políticos”, incluyendo a la ex presidenta interina Jeanine Añez (a la que pusieron tras el violento Golpe de Estado contra Evo Morales en 2019- y al polémico gobernador opositor de Santa Cruz de la Sierra, Luis Fernando Camacho. "El pueblo no tiene futuro, y el Ejército tiene el coraje de velar por el futuro de nuestros hijos, el bienestar y el progreso de nuestro pueblo", sostuvo Zuñiga, con esos aires mesiánicos y de presuntos "salvadores" de la Patria con la que los golpistas suelen acompañar sus aventuras destituyentes y antidemocráticas.


Finalmente, el Golpe de Estado se frustró. Y los resortes democráticos funcionaron como no lo habían hecho en 2019. Tanto Arce como Morales criticaron muy fuertemente la intentona golpista, cosa que también hicieron -paradójicamente- hasta Añez y Camacho, además de casi todos los países del Mundo y organismos internacionales como la Organización de Estados Americanos (OEA) que en la ocasión anterior había tenido una postura muy cuestionada con Luis Almagro a la cabeza.


Sin embargo, en el aire quedó flotando la sensación de que -más allá de las dificultades económicas que atraviesa Bolivia por lo antes mencionado- la interna entre los dos principales referentes del MAS está atrayendo otros problemas al país. Eso se vio reflejado incluso con el tema del Golpe, donde algunas voces cercanas a Evo Morales se montaron en la versión, arrojada por el propio Zuñiga cuando fue detenido, de que se trató de un presunto "autogolpe" pergeñado por Luis Arce para aumentar su popularidad en un momento donde su imagen está en declive. Esa hipótesis conspiranoide no sólo es agitada por la derecha -que quiere aprovechar la situación para meter más cuña en la interna oficialista- sino que ahora también hay sectores cercanos al ex presidente que la blanden. Algo que, según los más serios y rigurosos especialistas, es un verdadero disparate, que lo único que hace es hacerle el juego a los enemigos del MAS.


Así Bolivia enfrentó un nuevo Golpe de Estado que, en este caso, logró ser abortado por los resortes de la democracia. Pero está en alerta. Porque las sombras del pasado emergen ahí. Al acecho. Buscando el momento para volver a atacar. Y aprovechando cada resquicio que le regalen quienes por disputas mezquinas y personalistas ponen en juego todo lo construido. Y terminan siendo funcionales a sus enemigos y a los enemigos de las instituciones. Porque, como reza el Martín Fierro: "Los hermanos sean unidos, esa es la ley primera; porque mientras ellos se pelean, los devoran los de afuera". Algo que deberían aprender todos los que quieren vivir en democracia.



Evo Morales y Luis Arce fueron amigos y socios políticos. Hoy se disputan la interna del MAS.



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