España: cómo el desalojo de una mujer de 87 años se volvió un símbolo del caos en vivienda

El desahucio de Maricarmen, una anciana que rentaba un departamento desde 1956, se convirtió en el emblema de la crisis que afecta a millones de inquilinos y que los enfrenta a la usura inmobiliaria. Hay manifestaciones de miles de personas. El gobierno estudia una salida.
Por Gabriel Michi

La historia es desgarradora y reveladora a la vez. Muestra en un vida individual una tragedia colectiva. Con todos los aditamentos para corporizar la debilidad de millones de personas contra el poder insensible de un puñado de especuladores. Y, quizás por eso, el caso cobró la fuerza que cobró, generó una indignación masiva y despertó la ira de miles de ciudadanos en una España que ahora se metió de lleno en un tema letalmente postergado, arrastrando a la dirigencia política a tomar cartas en el asunto. Y es que el dramático desalojo de Maricarmen, una mujer de 87 años en silla de ruedas, que fue expulsada del departamento que -junto a su familia- alquiló desde 1956, se convirtió en la punta del iceberg de la desolación que viven millones de inquilinos en España. Esos que están expuestos a que de un día para el otro, ante el cambio de la titularidad de la propiedad que rentan, corporaciones inmobiliarias sin corazón les empiecen a exigir el pago de un alquiler dos o tres veces más caro del que venían abonando. Y que eso desemboque en la desesperación de quedarse sin techo. Por eso y por la obscenidad e insensibilidad que quedó expuesta en el caso de Maricarmen, miles de personas están acampando y/o manifestándose en Madrid y otras ciudades españolas contra semejantes prácticas inhumanas.
El caso, que estalló hace una semana, no deja de estar en el centro de la escena pública. Este fin de semana miles de manifestantes indignados por el desalojo de esta mujer de 87 años pasaron la noche acampados en la histórica plaza de Puerta del Sol de Madrid, donde más personas —incluidas familias de varias generaciones— se sumaron el domingo para un segundo día de protestas por la demoledora crisis de vivienda que se vive en España hace años pero que cobró una visibilidad extrema a partir de esta historia. Más allá del acampe, fueron decenas de miles de personas las que marcharon el sábado por las calles de la capital española para protestar por el desalojo de María del Carmen Abascal de un departamento en el barrio de Retiro, donde había vivido durante más de siete décadas, primero con sus padres y luego sola.
Quienes están protestando exigen medidas de protección para los inquilinos, para combatir el fraude y la prohibición de desalojos cuando no haya una alternativa habitacional. Alicia del Río, portavoz del Sindicato de Inquilinas de Madrid, que encabezó las protestas, dijo que “Tenemos la ola de indignación y rabia que se ha desatado, es ya imparable. Nos quedaremos aquí" hasta que el gobierno apruebe nuevas leyes, incluidos contratos de alquiler indefinidos, y detenga desalojos como el de Maricarmen. Se espera que el Gobierno español liderado por los socialistas anuncie nuevas medidas en su reunión semanal del Consejo de Ministros el próximo martes.

El 23 de septiembre, la mujer de 87 años fue sacada de su departamento en una camilla y trasladada en ambulancia mientras simpatizantes —que intentaron sin éxito detener el desalojo— coreaban su apodo, “Maricarmen”. Ella se lamentó: “No lo he logrado defender mi casa. Pero sí he luchado para que los demás aprendan a luchar por las suyas”. Lo hizo a través de un video grabado desde su cama de hospital tras el desalojo.
Las imágenes del desgarrador desalojo conmovieron a toda España, alimentando la indignación y las críticas a las autoridades públicas y a las empresas de inversión inmobiliaria acusadas de expulsar a los residentes de sus hogares al encarecerlos. Los críticos suelen referirse a esas empresas como “fondos buitres”.
Simón de Riva, un profesor de 43 años que participó de las manifestaciones del sábado, señaló a la agencia AP: “Al final toda esta situación de la vivienda es sangrante. Al final Maricarmen ha sido un poco la gota que ha despertado este malestar social, pero ya venimos hace mucho tiempo atrás con toda esta historia porque al final lo que no puede ser es que los fondos buitres estén comprando casas, que la gente no tenga para vivir, que se esté echando a familias enteras, que se haya echado a una mujer mayor de 87 años de su casa”.
Lo ocurrido con Maricarmen y el efecto dominó que generó en toda la sociedad, trajo sobre el tapete el debate sobre la especulación inmobiliaria en España y obligó al gobierno nacional a tomar cartas en el asunto de fondo. Por eso, en un mitin del Partido Socialista en Madrid, el presidente del gobierno, Pedro Sánchez, se dirigió directamente a la mujer desalojada: “Maricarmen, tengo un mensaje para ti. El Gobierno está trabajando contrarreloj para llevar el próximo martes el Real Decreto Ley sobre Vivienda. Y pido a los grupos parlamentarios que hagamos un último esfuerzo para que sea convalidado en el Parlamento Nacional por Maricarmen”. La anciana respondió: “¿No se entera la cantidad de desahucios que hay diarios? ¿No se entera o no quiere enterarse?”.
En tanto, la Presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, también quedó envuelta en medio de las críticas por el desahucio de Maricarmen, a tal punto que hubo protestas muy fuertes frente al ático de Chamberí adquirido por la Administración autonómica por unos 6 millones de euros y cuya compra estuvo rodeada de sospechas. La dirigente del Partido Popular desvinculó al Gobierno regional de la ejecución del desahucio y sostuvo que se produjo por una orden judicial, además de cuestionar a Pedro Sánchez. Por su parte, Maricarmen dijo que el puesto de Presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid le queda "bastante grande" a Isabel Díaz Ayuso y que a ella no le interesa mudarse al cuestionado y millonario ático, sino que sólo quiere vivir "dignamente".

La historia de Maricarmen es de por sí muy ilustrativa: el padre de Abascal alquiló por primera vez el apartamento en 1956 y ella permaneció allí como inquilina bajo un alquiler controlado después de que murieran sus padres. Todo transcurrió sin sobresaltos durante décadas hasta que en 2018 el edificio cambió de propietario y, según el Sindicato de Inquilinas de Madrid, a Abascal se le ofreció la oportunidad de comprar el apartamento, pero no tuvo los recursos para hacerlo. Fue allí que Urbagestión, un fondo de inversión que posteriormente compró la vivienda, elevó su alquiler mensual de 500 euros (570 dólares) a uno prohibitivo de 2.650 euros. Después lo redujo a 1.650 euros, una cantidad que Abascal aún no podía pagar con su pensión. Y llegó el desalojo.
Su caso es el de muchos otros. El aumento de los costos y la escasez de vivienda están dejando a miles de españoles fuera del mercado inmobiliario, pese al fuerte crecimiento económico de la cuarta economía más grande de Europa. Los ingresos no han seguido el ritmo del encarecimiento de la vivienda, y analistas afirman que el turismo -con el boom de los alquileres temporarios, que suelen ser más rentables-, sumado al crecimiento de la población en las ciudades impulsado por la inmigración, multiplicaron la presión sobre una oferta de vivienda limitada. Según el Banco de España, el país tuvo en 2025 un déficit de unas 550.000 viviendas, concentrado sobre todo en grandes ciudades como Madrid, Barcelona y Valencia.
Ahora, las imágenes de los manifestantes acampando en la simbólica plaza madrileña de Puerta del Sol hicieron recordar las históricas protestas que comenzaron el 15 de mayo de 2011, cuando los integrantes del movimiento de los “indignados” se instalaron durante 28 días seguidos , generando un efecto contagio en toda España, que luego se proyectó a distintas partes del Mundo. Justamente ese movimiento fue una reacción a los desalojos y a otros problemas económicos tras una crisis económica global, incluido el desempleo, las medidas de austeridad y la corrupción. Sin embargo, según los expertos, en 2011 la gente en España protestaba porque no podía comprar una vivienda en. Ahora, en cambio, es porque directamente no puede siquiera alquilar una habitación en la casa de otra persona.
España está en los últimos puestos entre los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en lo que respecta a vivienda pública de alquiler subvencionada, algo que representa menos del 2% del parque de las propiedades del país. Mientras que el promedio de la Unión Europea es del 8%. Y eso tiene consecuencias sociales. Sumado a la enorme especulación de la usura inmobiliaria. Esa que desalojó a Maricarmen, de 87 años, después de décadas de pagar religiosamente su alquiler. Algo que puso al desnudo una crisis de vivienda sin igual en una España que no para de crecer. Un símbolo de los tiempos que corren y las necesidades y urgencias que no son oídas. Es, en definitiva, la especulación extrema frente al desahucio de los vulnerables. De ahí la bronca. Y la indignación. Por el caso de Maricarmen y de miles más.





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