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Japón: entre la emergencia, los JJ.OO. y la baja vacunación

Las autoridades niponas decidieron que los Juegos Olímpicos se realicen -por primera vez en la historia- sin público. Es por el nuevo brote de COVID 19 por la cepa Delta, algo que preocupa, en un país que apenas tiene inmunizada al 15% de una población no propensa a las vacunas. Tras subir el Estado de Alerta, se enfrenta a una competencia deportiva sin igual.


Por Gabriel Michi



Ni siquiera un año de gracia sirvió para cambiar el escenario. En 2020, con la irrupción de la Pandemia de Coronavirus, el gobierno de Japón tomó una decisión que le costó mucho: suspender los Juegos Olímpicos previstos para el mes de julio en Tokio. Hoy, un año después y a apenas quince días del inicio de las competencias, tomó otra determinación a la que se resistió con uñas y dientes: que los JJ.OO. se desarrollen sin público presente. Por primera vez en la historia. Ya en marzo de 2021 habían informado la imposibilidad de que hayan asistentes extranjeros. Pero ahora se extiende también a los locales. Va a ser muy llamativo presenciar por televisión una competencia de semejante importancia a nivel internacional sin personas en las gradas alentando a los deportistas de sus países. Y más extraño resultará para los atletas de todo el Planeta no poder exhibir ante el fervor del público presente su talento y sus años de dedicación en el torneo más esperado y deseado de sus vidas.


La decisión del gobierno nipón llega por el aceleramiento de los contagios de Coronavirus en todo Japón, pero sobre todo en la capital Tokio y varias de las ciudades más importantes donde se celebrarán los Juegos. Si bien no se está en los picos de la primera ola (en diciembre de 2020) donde se llegó casi a los 8.000 contagios diarios, ni tampoco de la segunda ola (en mayo de 2021) en la que se tocaron los 7.500 casos en una jornada, a comienzos de julio de 2021 el fenómeno se aceleró y se superó los 2.000. Y la situación de Tokio es la que despertó las luces de alerta entre las autoridades. Esta situación de agravamiento de los contagios tiene que ver con la aparición de la cepa Delta del COVID 19, presente al menos en el 30% de los nuevos casos. Pero el potencial de contagiosidad, muy superior al resto de las variantes, es el dato que observan las autoridades sanitarias japonesas.


Por eso, cuando el Ministerio a cargo de los Juegos Olímpicos anunció que los espectadores locales también estarían prohibidos no sorprendió a nadie. Sobre todo porque esa información llegó después de que el Primer Ministro Yoshihide Suga decidió que se ponga en marcha -por cuarta vez desde el inicio de la Pandemia- el Estado de Emergencia tanto en Tokio como en otras ciudades y provincias circundantes. Ese marco se extenderá entre el 12 de julio y el 22 de agosto, cuando los JJ.OO. se desarrollarán entre 23 de julio y el 8 de agosto. O sea que las restricciones por las medidas de cuidados abarcarán todas las competencias.





Si bien Japón, con sus 125 millones de habitantes, no tuvo un cuadro tan grave comparado con otros vecinos asiáticos (poco más de 800.000 casos y casi 15.000 muertes por COVID 19, desde el inicio de la Pandemia hasta julio de 2021, mes en el que comienzan los JJ.OO.), no sólo la aceleración de los contagios fue lo que motivó esta decisión. Hay un dato que preocupa especialmente: la baja tasa de vacunados. Apenas el 24% de la población recibió una dosis y tan sólo el 15% está totalmente inmunizada. Con ese cuadro de escasa inoculación y la aparición de la hipercontagiosa cepa Delta, las autoridades niponas no quieren correr mayores riesgos a los que ya significan el recibir a delegaciones internacionales de deportistas y entrenadores, llegados desde todos los puntos del Planeta.





Desconfianza de los japoneses a las vacunas


La extraña desconfianza de los japoneses a las vacunas no es algo bueno ni tampoco sólo asignada a la medicina anti-COVID 19. De hecho, la prestigiosa publicación científica The Lancet señaló que el pueblo nipón es uno de los que menos confianza tienen hacia ellas, donde sólo el 30% de los ciudadanos consideraban que las vacunas eran seguras, importantes y efectivas. Quizás eso explique que, con todo lo ocurrido con el Coronavirus, la inoculación aún se mantenga tan baja.


Si bien los japoneses no desconfían de la ciencia, temen a los supuestos efectos secundarios de las vacunas. Y esos miedos tienen un origen: en la década del '70, dos bebés murieron dentro de las 24 horas posteriores a la vacunación combinada contra la difteria, el tétanos y la tos ferina. Eso llevó a que las autoridades suspendieran por un tiempo ese tipo de inoculación. El efecto sobre la confianza colectiva ya había hecho mella, a tal punto que las tasas de vacunación infantil cayeron estrepitosamente, generando un aumento en casos de enfermedades infantiles prevenibles.


Años después, a fines de la década del '80, hubo otro pánico colectivo con la introducción de una vacuna contra el sarampión, las paperas y la rubéola, y la supuesta relación con la meningitis aséptica, algo que se tradujo incluso en demandas judiciales. Por ello, en 1993 se suspendió la inoculación y, tiempo después el programa nacional de vacunación se volvió voluntario. Encima, eso desembocó en un parate de 15 años en la aprobación de nuevas vacunas, que volverían a tener un golpe letal en 2013, con la que combate el Virus del Papiloma Humano (HPV) y que protege a las niñas del potencial desarrollo del cáncer de cuello uterino. Pero una serie de videos que comenzaron a circular con supuestos efectos adversos llevó al gobierno a eliminarla de la programación nacional.


Así, en medio de esas miradas desconfiadas sobre las vacunas, con poca población inoculada y con un crecimiento de los contagios por la cepa Delta llegan los Juegos Olímpicos a Japón. Una competencia mundial, que tendrá sobre sí los ojos de todo el Planeta. Pero sólo por TV.



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