Otra derrota militar de EE.UU.: Tras 23 años de ocupación, los marines se retiran hoy de Irak

El Ejército estadounidense había comenzado la invasión en 2003 para derrocar a Sadam Hussein. Y regresó para enfrentar al ISIS. Ahora abandona el país, tras años de destrucción y muerte, habiendo fracasado en sus objetivos. Irán y sus aliados lo festejan como una victoria.
Por Gabriel Michi

Fueron más de dos décadas de ocupación en Irak. Una ocupación, que encima partió de una mentira: la supuesta tenencia de armas químicas por parte del régimen iraquí conducido por Saddam Hussein, algo que nunca existió. Corría el año 2003 y tras decidir la invasión a Afganistán para acabar con los talibanes y con Osama bin Laden (por los atentados a las Torres Gemelas y el Pentágono, el 11 de septiembre de 2001), Estados Unidos decidió atacar a Irak que fue su aliado en los años '80 -en la guerra con Irán- pero que ya había pasado a ser considerado su enemigo a comienzos de la década del '90 cuando se produjo la invasión a Kuwait y la primera guerra del Golfo Pérsico. Si bien en esta segunda guerra contra Irak, EEUU había practicado una retirada en 2011, en 2013 regresó con todo para combatir al ISIS. Y allí se quedó. Hasta hoy que se produce el abandono final de los últimos resquicios de su presencia militar en la zona, con el retiro de los últimos 2.500 soldados, después de que hubo más de 1,5 millones de marines en total en todos estos años, con un pico en 2007 de 170.000 militares a la vez en el territorio. Esta retirada es festejada por Irán y sus aliados ya que lo viven como una victoria propia. Este repliegue final se había acordado en 2024 bajo la presidencia de Joe Biden y fue llevada a cabo por la administración de Donald Trump, incluso mientras aún se lleva adelante la guerra contra el vecino Irán, al que vive desafiando una y otra vez pero que no logra derrotar.
En estas más de dos décadas de incursión militar, Estados Unidos ha perdido más de 4.500 soldados, duplicando el número de sus bajas en Afganistán, el otro territorio en el que también fracasó y del que se tuvo que retirar por la puerta de atrás -después de más de 20 años-, dejando nuevamente en el poder al régimen talibán. La actual retirada de Irak llega en un momento donde EEUU está empantanado en la guerra que mantiene con Irán, país al que atacó junto con Israel el 28 de febrero pasado y que aún mantiene el control sobre el estratégico Estrecho de Ormuz. Por eso y porque en Irak el poder hoy lo detentan sectores pro-iraníes, es que ese país de mayoría chiita siente que la retirada de EE.UU. del vecino territorio iraquí es un triunfo militar y político para ellos. Y la mayoría de los iraquíes también festejaron, aunque se cierne un futuro incierto en cuanto a la seguridad interna.
Lo cierto es que en estos 23 años, más allá de las 4.500 bajas del lado estadounidense, hubo más de 200.000 civiles iraquíes muertos y millones de desplazados. Además de una destrucción consuetudinaria. Las consecuencias de estos años de ocupación hicieron indignar a los iraquíes, lo que explica las celebraciones que hubo este miércoles 30 de septiembre de 2026 que pasará a la historia como un símbolo de un nuevo fracaso político-militar por parte de la mayor potencia del Mundo, como lo fue también Afganistán y, más allá en el tiempo, Vietnam.
Tras más de dos décadas de guerra, las tropas estadounidenses se van sin haber podido garantizar la seguridad del lugar y dejando un enorme vacío de poder que potencia los peligros para los iraquíes. Es casi seguro que el poder de las milicias respaldadas por Irán tendrán un empuje mayor en la zona y hay quienes hasta se preocupan por la potencial reaparición del ISIS, algo que hasta ahora asomó tímidamente en Medio Oriente pero como una expresión muy minoritaria y debilitada.
Así, la retirada de las últimas tropas, principalmente de una base aérea en Erbil, en la región semiautónoma kurda, pone fin a la mayor guerra estadounidense del siglo, que provocó una devastación y un caos generalizados de los que Irak aún no se ha recuperado por completo. Mientras que Irán y sus aliados celebraban la retirada como si fuera una victoria en su campaña para expulsar a las fuerzas estadounidenses de Oriente Medio, las tropas iraquíes desfilaron en vehículos por las calles de Bagdad y la ciudad santa chiíta de Nayaf para festejar la retirada.
La mayoría de los pobladores, en tanto, también festejan el fin de esa ocupación estadounidense, aunque temen por lo que pueda pasar en el futuro con los poderosos grupos paramilitares que asolan a Irak. Les preocupa que el gobierno no tenga la fuerza -o la convicción- para poder derrotarlos.
Vale recordar que las fuerzas estadounidenses invadieron Irak en 2003 para derrocar al dictador Saddam Hussein, lo que desencadenó años de violencia y caos. EE.UU. retiró sus tropas inicialmente a finales de 2011, pero regresaron menos de tres años después para ayudar a las fuerzas iraquíes tras la toma de un tercio de Irak por parte de combatientes del ISIS, quienes impusieron un régimen violento y sanguinario, con decapitaciones masivas incluso trasmitidas por videos.
Para intentar justificar esta retirada de Irak, el Pentágono declaró que Estados Unidos y sus socios de la coalición concluyeron formalmente la "Operación Resolución Inherente" y que Washington continuará brindando entrenamiento específico y apoyo de inteligencia a sus socios iraquíes. Ahora serán las fuerzas oficiales del Estado iraquí las que deben garantizar la seguridad del país. Un país que, hoy por hoy, está en una situación política internacional muy extraña ya que si bien se considera que es un aliado de Washington también lo es de Teherán. Un desafío en sí mismo es lograr mantener ese equilibrio. Como también evitar un resurgimiento con fuerza del temido ISIS.
El primer ministro iraquí, Ali Faleh al-Zaidi, escribió en un comunicado: “El fin de la misión de la coalición internacional no significa el fin de nuestra lucha contra el terrorismo, sino más bien la transición de Irak a una fase en la que asume la plena responsabilidad de su seguridad y estabilidad”. De esa manera intentó tratar de llevar algo de tranquilidad a la población que, si bien festeja la retirada estadounidense, tiene temor de que las fuerzas de seguridad entrenadas y financiadas por Estados Unidos aún no sean capaces de proteger al país. Según Jassim al-Bahadli, un analista iraquí que asesora a las fuerzas de seguridad, "la lección de las últimas dos décadas es que los vacíos de seguridad pueden ser extremadamente peligrosos".
Hay expertos que señalan que los iraquíes no deberían apresurarse a celebrar, ya que hay que ver qué pasa con las milicias que siguen operando al margen del control estatal y el ISIS no desapareció por completo. Eso podría llevar a momentos de inestabilidad y violencia. Pero esa inseguridad ya existía con la presencia de fuerzas estadounidenses también, ya que, junto a grupos armados aliados de Irán, Irak se ha visto envuelto en la guerra de este año. Y es que en estos 7 meses que lleva la nueva guerra en Medio Oriente, que EE.UU. bautizó como "Operación Furia Épica" -junto con Israel-, la principal potencia del Mundo perdió a 18 oficiales, de los que siete murieron en Irak. El último fue un sargento del ejército que falleció durante la detonación controlada de un dron en una base cerca de Erbil en julio.
Encima es sabido que la situación regional ha cambiado mucho en los últimos años. Hoy Irán afianzó su influencia en Irak a través de grupos armados aliados. Y por eso pueden presentar la retirada estadounidense como un triunfo para su "eje de resistencia" de grupos armados aliados en toda la región. Este nuevo escenario podrían hacer que esos grupos proiraníes ganen terreno y hasta logren una mayor influencia en las instituciones del Estado. Eso preocupa tanto a funcionarios de seguridad iraquíes y a los militantes de la región kurda semiautónoma del norte.
Estos últimos son los que también advirtieron sobre la amenaza de resurgimiento del ISIS: y saben de lo que hablan porque el fueron los combatientes kurdos los que lograron vencer a los miembros del denominado "Estado Islámico", algo que no habían podido concretar ni Estados Unidos y sus aliados, ni Rusia y sus aliados, ni las fuerzas regulares de Siria ni las de Irak. Sin el aguerrido combate de los kurdos, la expansión y consolidación del autoproclamado "Califato" que buscaba el ISIS hubiese sido una realidad mucho más contundente. Es más, la última vez que Estados Unidos se retiró, el ejército iraquí no pudo hacer frente al ISIS: los soldados se quitaron los uniformes y huyeron cuando el grupo capturó Mosul, la segunda ciudad más grande de Irak, en 2014.
Finalmente, gracias a aquella audacia kurda, el ISIS fue derrotado en 2017. Tras eso, las tropas estadounidenses han estado proporcionando -a las fuerzas de seguridad iraquíes- información crucial sobre los movimientos de los remanentes de ese grupo, así como vigilancia aérea y reconocimiento. Pero la mera presencia en el territorio generaba enojo y resistencias entre los iraquíes que ahora quieren volver a controlar sus destinos sin una vigilancia o tutoría de la principal potencia del Mundo. Esa que hoy encara su última retirada. La que pone fin a la ocupación más larga de los últimos tiempos. Esa invasión que dejó muerte y destrucción por más de 23 años. Y que ahora, tras un abandono con sabor a fracaso, alimenta las esperanzas de sus enemigos. En otra derrota militar de los EE.UU. Otro "Vietman", en el siglo XXI.






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