Paradoja noruega: el país verde del Nobel de la Paz se beneficia con la guerra y el alza del crudo
- MundoNews

- hace 3 días
- 5 Min. de lectura
El país nórdico se enfrenta a la contradicción de nutrirse un 98% de energía limpia pero exporta como nunca su crudo, obteniendo grandes ganancias por el conflicto bélico.
Por Gabriel Michi

Noruega es el país de los Premios Nobel. Incluso el de la Paz. Es famosa también por los fiordos, las auroras boreales y el sol de medianoche. Y es también un Estado tomada como modelo por sus excelentes índices sociales y por ser una de las más verdes del Mundo. A tal punto que, el 98% de su electricidad proviene de fuentes renovables y nueve de cada diez autos nuevos vendidos en 2024 fueron eléctricos. Pero tiene otra particularidad que es, a su vez, una paradoja; es el principal productor de petróleo de Europa Occidental, algo que le genera 200.000 puestos de trabajo. Y, en un contexto de precios internacionales del crudo en alza por la guerra en Medio Oriente, se está beneficiando de un recurso que explota pero del que se está liberando para su uso interno. Es decir, el país del Nobel de la Paz y uno de los más verdes del Mundo, le está sacando provecho a una guerra donde el contaminante combustible está en medio de la disputa.
De hecho, Noruega integra la Agencia Internacional de la Energía (AIE), la misma organización que decidió poner a disposición al menos 400 millones de barriles de petróleo para amortiguar el aumento de los precios ante el faltante que no está llegando del Golfo Pérsico por el cierre del Estrecho de Ormuz. Este país nórdico, de fríos extremos y una población de 5,6 millones de habitantes, utiliza la electricidad como su principal insumo en la vida cotidiana y, en su brújula hacia un futuro cada vez más ecológico, fue uno de los primeros en imponer impuestos al carbono.
Sin embargo, en cuanto a su relación con el Exterior, Noruega no ha dejado de aumentar su producción de gas y petróleo, combustibles fósiles contaminantes que exporta masivamente, pero que internamente utiliza cada vez menos. De hecho, el petróleo se convirtió en la mayor fuente de ingresos del Estado noruego. Y ha creado el "Fondo del Petróleo" que garantiza la solvencia del generoso y abarcativo sistema de pensiones y del Estado del bienestar.
Esa situación contradictoria, entre la descarbonización hacia dentro y gran exportador de crudo, fue sindicada como "la paradoja noruega". Y, como tal, ha disparado todo tipo de polémicas y debates. A tal punto que sectores vinculados a la defensa del medio ambiente le reclaman a las autoridades noruegas más compromisos que lleven a reducir el negocio petrolero. Pero, desde el otro lado, le responden que el sector es vital para la economía y que esos recursos que genera son claves no sólo en materia de empleo, sino también en sostener la calidad de vida de los ciudadanos de ese país, el propio sistema de pensiones mencionado y hasta la posibilidad de avanzar en esos desarrollos que hoy les permiten a loe noruegos tener una vida cotidiana autónoma de las energías fósiles.
La guerra en Medio Oriente viene empujando que Noruega reciba cada vez más dinero por sus exportaciones de cruzo, aunque también ha reinstalado ese incómodo debate. Según
Truls Gulowsen, presidente de la asociación ecologista "Amigos de la Tierra Noruega", "para un ambientalista noruego como yo, está claro que la situación es vergonzosa". Pero es allí donde desde la otra trinchera, esgrimen que las exportaciones del sector representan más del 60% del total de los bienes vendidos al exterior, alcanzando el 20% del Producto Bruto Interno (PIB). Y, en ese contexto, el Estado noruego mantiene una participación mayoritaria en el conglomerado Equinor que es, ni más ni menos, el principal operador en la plataforma continental de ese país, La mayor parte de los beneficios que de allí surgen, el propio Estado los destina al "fondo soberano" con el que sostiene el sistema de pensiones.
Para graficar la importancia del "Fondo del Petróleo", basta con observar algunos datos: a finales de 2025 reunía activos por un valor estimado de US$1,9 billones, el equivalente a un ahorro de US$350.000 por cada ciudadano. Y es claro que, ante el aumento del precio del crudo por la guerra de Medio Oriente, esos recursos se multiplicarán como ya lo vienen haciendo: de hecho, desde el inicio del conflicto bélico -el 28 de febrero pasado- el Estado obtuvo 5.000 millones de dólares adicionales y la Bolsa de Oslo ha batido récords liderada por las compañías energéticas locales.
Otra "paradoja noruega" que se ha instalado en el debate público es que el país que entrega el premio Nobel de la Paz se estaría beneficiando por el desastre provocado por la guerra. Frente a eso, el ministro de Finanzas noruego y ex secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, señaló que es una paradoja, pues Noruega "se beneficia más de la paz". Algo que es rebatido por la influyente periodista Cecilie Langum Becker: "La cruda realidad es que, cuando el mundo arde, el dinero fluye hacia nuestro presupuesto estatal".
No es la primera vez en que la "paradoja noruega" entra en debate. Ya desde 2022, cuando comenzó la invasión rusa sobre Ucrania (que redujo drásticamente las exportaciones de Moscú hacia Europa), la discusión entró en escena ya que el país escandinavo ganó terreno como el proveedor central en medio de la crisis energética. Y eso se mantuvo hasta el presente. Hoy provee cerca del 30% del gas y el 15% del petróleo que se consume en Europa. Al "Viejo Continente", Noruega envía el 90% de nuestras exportaciones.
Pese a ser un explotador y exportador de esos combustibles fósiles altamente contaminantes, Noruega desarrolló desde hace décadas una de las infraestructuras más limpias de Europa, en particular basado en su red hidroeléctrica. El camino hacia la economía verde fue planificada y apoyada por distintas medidas y administraciones. Por ejemplo, en 1991, el gobierno impuso un impuesto al carbono para fomentar energías limpias; en 2005, los incentivos convirtieron al país en el líder mundial en autos eléctricos y, más tarde, en 2017, el Parlamento aprobó la "Ley del Clima" para bajar las emisiones un 50% antes de 2030.
Sin embargo, todo cambia. Y, si bien hacia adentro siguen manteniendo esos pilares de consumo de energías limpias, aún los ecologistas aceptaron que en el actual contexto internacional -con los conflictos en Ucrania e Irán en marcha- el gas noruego es un "mal necesario" para la seguridad energética europea. Pero no ven con buenos ojos que, por ejemplo, se deban explorar abrir áreas en aguas profundas del Ártico que significan entornos vulnerables para ser explotados.
Frente a este boom del petróleo gas noruego, el gobierno de centroizquierda del primer ministro de Noruega, Jonas Gahr Støre, ofreció recientemente 57 nuevas licencias de exploración. Y dijo: "Seguiremos buscando más petróleo para entregarlo a Europa". y, por ahora, no se ve ninguna acción para cambiar esa tendencia. Todo lo contrario. Apuesta por el mar de Barents —la zona menos explotada— para compensar el agotamiento de los yacimientos maduros. Es decir, Noruega, el país verde del Premio Nobel de la Paz, explora nuevas opciones para seguir produciendo el crudo contaminante, que vende a otros para incrementar sus arcas y pese a que ellos no lo usen porque apuestan a las energías limpias. La "paradoja noruega".






Comentarios