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Se perdió la "juventud perdida"

En medio de la Pandemia, los adolescentes actúan con un respeto a las normas que plantea la cuarentena que muchos adultos incumplen. Hoy no son noticia porque no se rebelan, sino que acatan con responsabilidad lo que se les plantea. La conciencia de los "inconscientes".



Lic. María Eugenia Quatrini

lic.eugeniaquatrini@gmail.com



Los medios de comunicación masiva, fanáticos de un grupo particular, se encuentran en silencio respecto de los jóvenes de hoy. Son innumerables las noticias que llaman nuestra atención cuando en la comisión de un delito, la escena de un crimen, el abuso de sustancias o en hechos de violencia, participa un adolescente, aquel rebelde y preso de la sociedad adulta que los juzga sin pensar el mundo que les ofrece, el que debe contenerlos y a la vez los expulsa.


Qué difícil es ser adolescente, pero más difícil es serlo en un mundo hipercomunicado que los señala y juzga como responsables de todo mal social. Se analizan con la precisión de un cirujano cuántos delitos en relación al total son cometidos por adolescentes. Se los señala inmediata y automáticamente cuando hablamos de consumo problemático, drogadicción, peleas callejeras o accidentes en el fin de semana.

¿Dónde están los jóvenes hoy? Silencio…

Son noticia en la inseguridad y el peligro. Son los descarriados, no son los mismos de antes. Rebeldes agitadores, "vayan a estudiar". “En mi época no pasaban estas cosas”. "Ese golpe bien dado a tiempo y sin escarmiento"."¿Puerta de la habitación cerrada? ¿Qué es eso? En mi casa nunca se pudo".


Y pensar que hace algunos años… 2500 quizás, Sócrates también hablaba de ellos:

"La juventud de hoy ama el lujo. Es mal educada, desprecia la autoridad, no respeta a sus mayores, y chismea mientras debería trabajar. Los jóvenes ya no se ponen de pie cuando los mayores entran al cuarto. Contradicen a sus padres, fanfarronean en la sociedad, devoran en la mesa los postres, cruzan las piernas y tiranizan a sus maestros". Sócrates (470 a.C – 399 a.C)


Tengo la suerte de seguir conectada día a día con ese mundo, con esos adolescentes que me invitan a volver a pensar, a mirar sin obedecer, a imaginar un mundo diferente. A creer que la utopía no nos habla de imposibles, sino de lo posible en la atracción. ¡Qué fuera creado sin haberse primero imaginado!.. Son ellos quienes sueñan y luchan por un mundo mejor, sin miedo a los cambios y aun así, los criticamos.

Deberíamos preguntarnos los adultos, qué son para nosotros estos adolescentes, por qué mientras denostamos todo lo que hacen porque todo lo hacen mal, sin ganas y sin interés, vamos tratando de imitarlos. Sí. Queremos vivir esa eterna juventud, esa rebeldía propia de la edad, queremos volver. Por eso es que, cuando los jóvenes empezaron con Facebook, los adultos fuimos ahí para ver de qué se trataba. Ellos lo dejaron y se fueron a Twitter, y ahí fuimos los adultos detrás, hasta que ellos se corrieron y pasaron por Snapchat, Instagram, Tik Tok. Y ahí vamos los “grandes” tratando de alcanzarlos a ellos que son los que, en teoría, hacen eso porque nada les interesa.

En plena Pandemia, en el interminable aislamiento, los adolescentes no son noticia. Pareciera que están “donde deben estar”, y hacen “lo que tienen que hacer” pero nadie repara en lo que les falta. Tal vez alguien piense que este mundo de hoy, este nuevo mundo, sea el que los adolescentes soñaron. Tal vez algún iluso crea que es, para ellos, la realidad perfecta, pero no.


Hoy la noticia pasa por los niños y qué afectación les provocará el encierro; pensamos en los abuelos, sin ver a sus nietos, a sus hijos; pensamos en aquellos que viven solos, en las parejas que conviven 24x24, como un adolescente me dijo…

Pero ellos, los adolescentes, hoy no son noticia, sus rebeldías pasan a un segundo plano,

El fantasma está en otro lugar, en este bichito invisible que nos aterroriza, que nos daña incluso sin estar contagiados.


Hoy, desaparecen los titulares que nos cuentan sobre las drogas, el alcohol, la violencia en las escuelas, en los boliches, las plazas…

Con el total acceso a la información, estos “rebeldes (con) causa” dejan de rebelarse para enfrentar la cuestión. Se cuidan, respetan, obedecen, se “guardan”. Los vemos en una realidad que no es noticia, porque lo sería si tendrían alguna conducta antisocial.


Se caen las verdades, las certezas y la duda que inunda y no repara en edad ni religión. Pero allí están, sumidos en una silente soledad, en ese “mundo virtual” que creímos que era de ellos. Pero ellos respetan, esperan y se cuidan… “que pase esto”, ya que si nos quedamos terminamos más rápido. Y al final, ¿Sabemos lo que sienten? ¿Sabemos acerca del miedo con el que conviven en la posibilidad de ser el portador silencioso que contagie a un abuelo/a?-

Ellos sienten, lloran, se angustian, y el “cara a cara” se hace necesario. No son quienes rompen las reglas, no son hoy los desobedientes, no marchan ni en contra ni a favor. La única preocupación acerca de ellos, radica sobre lo que no cesa ni en Pandemia: la violencia intrafamiliar, situaciones de abuso y desprotección.


La felicitación a ellos que no entran en la primera plana, porque portarse bien no parece ser un valor adolescente, no parece ser noticia.

(*) Maria Eugenia Quatrini es Licenciada en Psicología y Abogada (M.N. 57416)


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