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Bolsonaro, el paria del Mundo

El presidente de Brasil se queda cada vez más solo en su prédica anti cuidados contra el COVID 19. Ahora en Nueva York tuvo que comer pizza en la calle por ser el único presidente del Mundo en la Asamblea General de la ONU que no se vacunó. Signos de su aislamiento.


Por Gabriel Michi



Solo. Peligroso. Haciendo todo mal. Preocupando al Mundo. Y hasta a sus pares. Y, cada vez, más aislado. Esa es la radiografía de hoy del presidente de la principal nación de América Latina, Brasil. Y es que Jaír Bolsonaro sigue haciendo de las suyas, siendo un (mal) ejemplo de todo lo que no hay que hacer. La foto del polémico primer mandatario comienzo pizza en las calles de Nueva York, en la víspera del inicio de la Asamblea General de las Naciones Unidas, porque no pudo ingresar a un local gastronómico por no estar vacunado contra el COVID 19 es un símbolo en sí mismo. Es el único Presidente que participa del encuentro anual más importante de la política internacional que no se inoculó. Lo hizo como parte de un negacionismo a ultranza que ha mantenido desde un principio sobre la gravedad del Coronavirus. Situación que ahora lo ubicó en medio de la polémica ya que había una especie de "Código de Honor" planteado entre los mandamás de todos los países que establecía que todos los presentes debían estar ya inmunizados. Pero Bolsonaro hizo caso omiso a la premisa y al compromiso colectivo. Y así terminó en esa foto callejera, comiendo algo al paso y apenas acompañado por sus colaboradores más cercanos.



Desde su entorno intentaron minimizar la fotografía y presentarlo como parte de la supuesta humildad y modestia de Bolsonaro. Sin embargo, una de las periodistas más respetadas de Brasil, Adriana Carranca, rebatió en Twitter con claridad semejante argumento: "Los ministros de la comitiva de la BR en la ONU atribuyeron a la 'sencillez' de Bolsonaro la escena del presidente comiendo pizza en la calle de Nueva York. El lugar está cerca del hotel donde se hospeda Bolsonaro, el Intercontinental Barclay, con tarifas diarias de hasta US$ 5.465, o R $ 29.000 a la tarifa actual". Y después mostró imágenes del lujoso hotel donde no sólo se aloja la comitiva brasileña, sino que fue el epicentro de protestas contra el presidente bajo el grito de "Bolsonaro genocida". Esas manifestaciones obligaron a que, después de volver de comer la pizza callejera, deba ingresar al lugar por la puerta trasera.


Ese intento por quitarle importancia al episodio fue explicitado, por ejemplo por el ministro de la Secretaría de la Presidencia, Luiz Eduardo Ramos, quien en un tuit bromeó: Cena de lujo en Nueva York”. También hizo lo propio el ministro de Turismo, Gilson Machado, quien en su Instagram publicó: Vamos de Pizza con Coca Cola”. Sin embargo, ese supuesto gesto de humildad, también fue desmentido por el reconocido columnista Reinaldo Azevedo en el portal de noticias UOL: A Bolsonaro le gusta simular simplicidad y modestia en momentos así (...), pero no se trata de gusto o elección, sino de una imposición de la ley vigente en Nueva York.





Lo concreto es que la presencia de un Bolsonaro sin vacunas no sólo chocaba con ese "Pacto de Honor" de los líderes que iban a participar de la Asamblea General de la ONU sino que incluso, en el caso de los ámbitos cerrados, se enfrenta con las políticas sanitarias establecidas por la Ciudad de Nueva York. De hecho, en la "Gran Manzana" está vigente la prohibición de concurrir a bares y restaurantes sin el consiguiente certificado de vacunación. En ese contexto fue que las autoridades sanitarias de la ciudad señalaron que el anfiteatro de la Asamblea General es “un centro de convenciones” que debe respetar las mismas reglas que rigen para todos los espacios cerrados.


Por su parte, el alcalde de Nueva York, Bill De Blasio fue muy claro y contundente: “Debemos enviar un mensaje a todos los líderes del mundo, incluido y muy particularmente a Bolsonaro, de Brasil, que el que quiera venir tiene que estar vacunado”, porque “todos deberíamos estar seguros juntos”, sostuvo. De Blasio había exigido que todos los integrantes de las delegaciones debían estar vacunados.


Sin embargo, Bolsonaro -que siempre se jactó de que sería el "último brasileño" en vacunarse, algo que va a contramano con lo decidido por los líderes de todo el Mundo que buscaron dar el ejemplo a sus sociedades para incentivar la inoculación- rompió con todas las reglas. Y fue un poco más allá: cuando el martes 21 de septiembre al brasileño le tocó ser el primero en hablar ante la Asamblea General de Naciones Unidas -tal como dicta la tradición- volvió a bregar por el llamado "tratamiento precoz" contra el COVID 19, basado en un polémico cóctel de medicamentos -entre ellos la cloroquina- que no está validado ni autorizado por la OMS. Y sostuvo, con vehemencia, que no entiende por qué muchos países y parte de la prensa global se oponen a ello. "Apoyamos el tratamiento precoz. Yo fui uno de los que hizo ese tratamiento inicial", se defendió.



El caso de las vacunas es apenas un ejemplo más que grafican el aislamiento que se está autogenerando el presidente de Brasil. Pero no es el único. También sus posturas anti-derechos de las minorías, su odio a la "ideología de género" -tal como define a la lucha de las mujeres-, el negacionismo al cambio climático y sus posturas que colaboran en la destrucción del medio ambiente -en particular la Amazonia-, los guiños que colaboran con la cultura de la violencia y la intolerancia, y los ataques a las instituciones democráticas, son sólo algunos de los elementos que colocan al primer mandatario brasileño en un lugar en el que la mayor parte de los líderes del Planeta no quieren estar. Nadie quiere sacarse esa foto con él. Por eso, Bolsonaro hoy aparece como una suerte de outsider de la política internacional. Un paria del Mundo.