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Brasil: cuando la polarización lleva al silencio y la violencia

A dos meses de las elecciones que definirán si Lula o Bolsonaro presidirán el país entre 2023 y 2027, la población está brutalmente atomizada y la mitad confiesa ice que no habla de política para evitar peleas con su entorno. Un 15% fue amenazado por su posicionamiento y el 7% fue agredido. Los candidatos van con chaleco antibalas a los actos. Casos que alarman.


Por Gabriel Michi


Brasil ha tenido muchas fragmentaciones internas en toda su historia. Quizás la más categórica sea la que llevó a definirlo como "Belindia", un país que tiene sectores privilegiados que viven como Bélgica y otros (muchos más) que lo hacen como la India. Esa desigualdad social es particularmente evidente en los grandes centros urbanos como San Pablo y Río de Janeiro, donde coexisten suntuosas propiedades con gigantescas favelas. Y también se da en lo geográfico con un sur rico y un norte mucho más empobrecido. Pero la socioeconómica no es la única variable que divide al país. En los últimos años la grieta política ha dividido dos hemisferios entre lo que podría sintentizarse con el "antipetismo" y los seguidores del Partido de los Trabajadores (PT) que llevó al poder a Luis Inacio Lula Da Silva y, posteriormente, a Dilma Rousseff. Hoy, a dos meses de las elecciones presidenciales la sociedad aparece nuevamente polarizada en particular entre los seguidores de los dos principales candidatos. De un lado, el propio Lula, del otro el actual presidente Jaír Bolsonaro, que busca ser reelecto. Esa atomización llegó a tal punto que la mitad de los brasileños prefieren no hablar de política con su familia y amigos, mientras que algunos fueron amenazados y hasta agredidos por sus posicionamiento. Es decir. una polarización que lleva al silencio o, incluso, a la violencia.


Un sondeo de Datafolha señala que el 49% de los encuestados dejaron de hablar de política para evitar discusiones. Esto afecta en mayor grado a los simpatizantes de Lula (54%) que a los de Bolsonaro (40%), lo cual es un dato en sí mismo. Pero esa auto-protección traducida en silencio tiene su fundamento no sólo en evitar un choque discursivo con su entorno. En algunos casos la explicación hay que buscarla en hechos bien concretos. Y violentos. Por ejemplo, el 15% afirma haber recibido amenazas verbales por hablar de política y, lo que es aún más grave, el 7% asegura haber sufrido una amenaza de agresión física.


Además esos cambios de conductas y limitaciones llevaron a que muchos ciudadanos restrinjan sus comentarios en las redes sociales para evitar colisionar con familiares y amigos. El 53% sostienen haber modificado su comportamiento para evitar esos conflictos. Para graficarlo, en WhatsApp el 43% dejó de hablar de política y el 19% asegura haber abandonado algún grupo en esa red social por ese motivo. Y eso ocurre aunque no tengan una participación activa ni militante por alguno de los candidatos. Solo el 8% participa en grupos de apoyo a algún candidato (4% a favor de Lula y 4% a Bolsonaro).


Marcelo Arruda, militante del PT en Foz de Iguazú, fue asesinado en su cumpleaños por un bolsonarista.

En las últimas semanas se han producido varios episodios violentos relacionados con la política, el más grave de ellos el asesinato de un miembro de Partido de los Trabajadores de Lula, Marcelo Arruda, en un ataque de un simpatizante de Bolsonaro en Foz de Iguaçu el pasado 9 de junio. Jorge Guaranho, un policía penitenciario federal ingresó al salón donde Arruda festejaba su cumpleaños 50 y, al grito de "Bolsonaro presidente, hijos de puta", disparó varias veces hasta provocarle la muerte.


Dos días antes hizo explosión un artefacto en un acto de Lula en Río de Janeiro y en Minas Gerais un dron lanzó excrementos sobre un acto del PT en Uberlandia. En Sao Paulo fueron activistas de izquierda los que impidieron un acto de Fernando Holiday y otros precandidatos del Partido Nuevo en Unicamp, en Campinas. Y un dato que muestra el grado de preocupación que existe en los comandos de campaña: los dos candidatos suelen concurrir a los actos proselitistas con chaleco antibala.

A dos meses de la contienda, Lula aparece como el favorito con un 47% de intención de voto, frente al 28% que cosecha Bolsonaro con vista a la primera vuelta del próximo 2 de octubre. Si ninguno de los candidatos obtiene el 50% más un voto deberán ir al ballotage que se concretará el 30 de octubre. Pero, mientras tanto, el clima de polarización y virulencia crece. Y está llevando al silencio y también, a la violencia.

El clima de violencia política es tal en Brasil que tanto Lula como Bolsonaro van con chaleco antibalas a los actos.




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