Camino de vuelta: las remesas hacia América Latina rompieron todos los récords

En 10 años el envío de dinero de los emigrados de la región a sus países de origen aumentó un 132%, llegando a los 168.000 millones de dólares y encabezando el crecimiento mundial. Pero la política de Trump contra migrantes atentará contra naciones que dependen de eso.
Por Gabriel Michi

Es un camino de vuelta. Aunque sea desde lo material. Una forma de ayudar a las raíces familiares. Y también a las economías de los países de origen. Las remesas de dinero hacia América Latina y el Caribe crecieron un 132% en la última década y llegaron a los 168.600 millones de dólares. Es la región del mundo donde más creció el envío de envío de dinero de personas que debieron emigrar a países desarrollados desde las castigadas economías de las naciones donde nacieron. Y es tan importante lo que estas remesas representan que en varios países de Centroamérica llegan a ser una tercera parte de la economía. Eso hace que esos Estados se muestren vulnerables frente a esa dependencia que se vincula a oscilantes mercado laboral y a los avatares de la política migratoria de Estados Unidos (con masivas deportaciones) como la encarada por Donald Trump y ejecutada por el temible ICE.
Según un nuevo informe del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), América Latina y el Caribe se convirtieron además en la región donde más crecieron las remesas durante la última década. Y eso está apuntalado en datos que son contundentes: entre 2016 y 2025, el dinero enviado por migrantes y miembros de la diáspora a sus familias pasó de 72.600 millones a 168.600 millones de dólares, es decir, aumentaron un 132% en menos de una década. Así, la participación de la región en las remesas mundiales aumentó del 19% al 23%. O sea, 1 de cada 4 dólares de los envíos de todo el planeta fueron a parar a Latinoamérica y el Caribe.
Otro dato: ese volumen del aumento de las remesas no está exclusivamente relacionado con el aumento de la emigración desde estos países a las potencias del Primer Mundo. De hecho, su crecimiento fue muy superior al de la migración. En ese periodo, el número de emigrantes latinoamericanos aumentó un 41%, hasta unos 44 millones, mientras las remesas crecieron un 132%, es decir, tres veces más. En ese marco general, Estados Unidos sigue siendo el principal destino de los migrantes de la región y la fuente dominante del dinero que envían a sus países de origen.
De acuerdo a Pedro de Vasconcellos, responsable de la Facilidad de Financiación para Remesas del FIDA, “este informe trata de flujos financieros de una escala extraordinaria. Pero, más importante aún, trata de asuntos de familias”. Y agregó que las remesas son una expresión de “responsabilidad familiar, sacrificio y solidaridad a través de las fronteras”.
En cuanto a los países de destino de esas remesas, México sigue siendo el principal receptor de la región: Alcanzaron los 64.400 millones de dólares en 2025. Muy por detrás, en segundo término, aparece Guatemala con 21.600 millones. La lista continúa con Colombia (13.100 millones); República Dominicana (12.400 millones); y Honduras (11.900 millones). En conjunto, estos cinco países recibieron alrededor del 73% de todas las remesas destinadas a América Latina y el Caribe:: 123.400 millones de dólares.
Eso hizo, por ejemplo, que en Honduras las remesas representen el 30% del Producto Bruto Interno (PIB), en El Salvador al 28% y en Nicaragua al 27%. Guatemala alcanza el 19% y Haití -el país más pobre de todo el continente- el 17%. Lo que conduce a una enorme dependencia y, por ende, a una impredecible vulnerabilidad por los embates del Estados Unidos de Trump. El informe de FIDA advierte que las deportaciones, las restricciones al empleo o una menor demanda de trabajadores migrantes (producto también de la persecución que sufren en la principal potencia del Mundo) pueden reducir tanto el número de remitentes afectando gravemente a esos países donde las remesas representan una proporción elevada del PBI y que tienen a Estados Unidos como su principal origen.
Para graficarlo en un caso en especial: Guatemala. Allí, el 61% de los deportados eran, a través de sus remesas, el principal sustento de sus familias. Por eso, esos retornos forzados no sólo impactan en forma directa a la persona detenida y expulsada sino que repercute de manera determinante en sus familias y todo su entorno cuya supervivencia dependía casi exclusivamente de ese dinero. Por ahora, sin embargo, el FIDA no observa un derrumbe generalizado de estos flujos. “Las cifras, por ahora, no muestran una reducción de las remesas”, señaló De Vasconcellos. Pero es probable que eso se vea reflejado en un futuro no tan lejano.
Se calcula que en el Mundo unos 220 millones de migrantes envían remesas a 1.100 millones de familiares. Es decir que hay más de 1.300 millones de personas, aproximadamente una de cada seis en el planeta, involucradas en estas operaciones (entre los que envían y reciben). En total, en 2025, los flujos registrados hacia los países de ingresos bajos y medios alcanzaron los 728.600 millones de dólares, casi el doble que una década atrás y por encima tanto de la asistencia oficial para el desarrollo como de la inversión extranjera directa destinada a esas economías.
Por regiones, las remesas se repartieron así:
Asia y el Pacífico: 384.900 millones de dólares (53% del total).
América Latina y el Caribe: 168.600 millones (23%).
África: 124.200 millones.
Países de ingresos bajos y medios de Europa: 30.200 millones
Cercano Oriente y el Cáucaso: 20.700 millones.
A nivel global, el aumento de las remesas también superó ampliamente al de la migración: entre 2016 y 2025 los envíos de dinero crecieron un 94%, mientras que el número de migrantes internacionales procedentes de los países analizados aumentó un 28%. Según FIDA, los migrantes están enviando mayores cantidades de dinero a sus familias.
Los estudios señalan que alrededor del 75% del dinero de las remesas se destinan a necesidades como alimentos, vivienda y servicios básicos. Según la ONU, el cuarto restante representa más de 180.000 millones de dólares al año que las familias destinan a salud, educación, vivienda, ahorro, emprendimientos y otras actividades generadoras de ingresos.
El impacto de las remesas se suele sentir muy fuerte en las zonas rurales. Los cálculos apuntan que cerca de 233.000 millones de dólares -un tercio de todas las remesas- llegan a comunidades rurales. Por otro lado se estima que las familias receptoras invierten unos 22.000 millones de dólares al año en sistemas agroalimentarios rurales, lo que supera ampliamente la asistencia que se le brinda oficialmente para el desarrollo de la agricultura.
Las remesas también ayudan a las familias a enfrentar crisis económicas -tan recurrentes en las zonas en cuestión- como también las consecuencias de conflictos y/o desastres desastres. Y es que esos vaivenes pueden así recibir una asistencia directa e inmediata para las personas más afectadas, mientras que el apoyo oficial suele demorar mucho más tiempo y quedar atrapado en innumerables laberintos burocráticos.
Un ejemplo de ello es lo que pasa con el cambio climático cuyos efectos cada vez producen más desastres. Frente a ello y la destrucción que ocasionan esos fenómenos extremos, las remesas suelen servir para enfrentar situaciones límites. pero el FIDA subraya que las remesas no son financiación climática y no pueden sustituir la inversión pública, la protección social o la asistencia humanitaria. En palabras de De Vasconcellos: “Las remesas pueden ayudar a las familias a pasar de hacer frente al próximo shock a construir mayor resiliencia y oportunidades”. Aunque insistió en que esos recursos privados no deben reemplazar las responsabilidades de los gobiernos y de la comunidad internacional en la materia. Y es que las responsabilidades tienen que ser de quienes detentan el poder. Algo que claramente no está apareciendo. Y son las remesas de los emigrados las que vienen a salvar la vida de sus seres queridos en sus países de origen. Y lo hacen de manera récord. Como se vio en América Latina y el Caribe.






Comentarios