Cómo Trump se convirtió en el presidente con más atentados en la Historia de EE.UU.
- MundoNews

- hace 18 horas
- 8 Min. de lectura
Actualizado: hace 10 horas
El intento de asesinarlo en la Gala de los Corresponsales es el quinto en 10 años, algo sin precedente, aun en un país donde 4 presidentes fueron asesinados. Las razones y los datos,
Por Gabriel Michi

Donald Trump exhibe un récord. Un récord que no tiene nada de positivo. Un récord que habla muy mal de sus enemigos. Pero que también genera preguntas sobre si él no potencia esas situaciones, Aunque nada justifica lo ocurrido. Ningún presidente de los Estados Unidos en más de 200 años de Historia fue víctima de tantos atentados contra su vida como el propio Trump. El ataque del 25 de abril de 2026 en la Cena Anual de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca en el Hilton de Washington -el mismo hotel donde en 1981 habían atentado contra el presidente Ronald Reagan- es el quinto intento de acabar con la vida del magnate desde que se involucró en política y apuntó a la Casa Blanca. Todos esos ataques resultaron fallidos, aunque uno -el de Pensilvania en 2024- estuvo a punto de quitarle la vida. Es cierto que en la Historia de EE.UU. hubo cuatro presidentes asesinados en el ejercicio de sus funciones, pero nunca había pasado que en cinco oportunidades hasta sido destinatario de cinco intentos de magnicidio. Muchos le cuestionan a Trump haber disparado esta escalada de violencia y esta polarización extrema en la sociedad estadounidense con su discursos incendiarios, su verba agresiva y sus insultos y descalificaciones permanentes. Pero, aún así, nada justifica los atentados.
En esta ocasión Trump, que resultó ileso, fue evacuado después de que un Cole Allen -un docente californiano de 31 años- disparara fuera de la sala donde el presidente de Estados Unidos, asistía a la cena de gala. El atacante -que se había alojado un día antes en el hotel para facilitar su objetivo- fue interceptado y detenido por el Servicio Secreto. Este fue el último episodio de una carrera plagada de violencia y ataques. A saber:
Las Vegas, Nevada: El 18 de junio de 2016, durante la primera campaña presidencial de Trump, un ciudadano británico de 20 años llamado Michael Sandford intentó desarmar a un oficial de policía en un mitin en el Treasure Island Hotel. El objetivo del agresor era quitarle el arma al oficial para dispararle a Trump. Sandford fue condenado a un año y un día de prisión y posteriormente deportado al Reino Unido. Dijo que quería matar a Trump para evitar que sea presidente.
Butler, Pensilvania: El 13 de julio de 2024 ocurrió el ataque más grave contra Donald Trump. Durante un mitin al aire libre, Thomas Matthew Crooks (20) disparó con un fusil tipo AR-15 desde un tejado a unos 150 metros del escenario. Una bala rozó la oreja derecha de Trump quien giró justo su cabeza. Lamentablemente, un asistente al mitin murió y otros dos resultaron heridos. El tirador fue abatido por francotiradores del Servicio Secreto segundos después de abrir fuego. El FBI informó que no se encontró una ideología clara, ni amenazas previas, ni escritos que explicaran la razón del atentado, Aunque estaba registrado como votante republicano, los registros muestran una pequeña donación de a un grupo demócrata en 2021. Había sido víctima de bullying.
West Palm Beach, Florida: El 15 de septiembre de 2024, mientras Trump jugaba golf en su club privado en Mar-a-Lago, un hombre llamado Ryan Wesley Routh (58) se escondió entre unos arbustos cerca del hoyo 6 con un fusil SKS con mira telescópica. Fue entonces que un agente del Servicio Secreto vio el cañón del arma asomando por la valla y disparó contra Routh antes de que este pudiera jalar el gatillo. El atacante huyó en un vehículo pero fue capturado poco después. En febrero de 2026, fue sentenciado a cadena perpetua por intento de asesinato. El agresor -un fanático que había reclutado voluntarios para ir a combatir a favor de Ucrania y contra Rusia- había sido votante de Trump, pero estaba muy desilusionado por su accionar. lejos de arrepentirse hizo una carta pública incitando a que otros sigan con su misión fallida de asesinar al presidente.
Mar-a-Lago, Florida: El 22 de febrero de 2026, un hombre armado con una escopeta y un bidón de gasolina rompió el perímetro de seguridad de la residencia de Trump. Austin Tucker Martin (21) ignoró las órdenes de rendirse y apuntó hacia los agentes, lo que provocó que el Servicio Secreto lo abatiera en el lugar. El joven -originario de Carolina del Norte- había sido reportado como desaparecido por su familia unos días antes.
Hotel Hilton de Washington DC: El 25 de abril de 2026, en la tradicional Cena Anual de Corresponsales de la Casa Blanca, Cole Thomas Allen, un profesor de 31 años de California, intentó ingresar al salón fuertemente armado, mientras Trump con su esposa Melania ya estaban en en escenario. Allen disparó contra un agente del Servicio Secreto (quien sobrevivió gracias a su chaleco antibalas) antes de ser reducido por las autoridades. Trump fue evacuado de inmediato y resultó ileso. El agresor dejó un manifiesto donde señalaba que no quería ser representado por un "pedófilo", "violador" y "traidor", haciendo referencia a las imputaciones que pesan sobre el presidente por el "Caso Epstein" y deslizando que en su ataque también quería agredir a otros funcionarios de alto rango del gobierno.
Así, en apenas 10 años, Trump fue víctima de cinco atentados o potenciales atentados, tres siendo candidato y dos siendo ya presidente. Estos dos últimos fueron en este segundo mandato. De los cinco agresores, dos fueron abatidos y tres fueron detenidos. Semejante cantidad de hechos de violencia contra un presidente no tiene antecedentes.
Pero, aún así, lo cierto es que los recientes episodios contra Trump -cuatro de ellos ocurridos en apenas dos años- no son algo tan excepcional en un país donde cuatro presidentes en ejercicio han sido asesinados a lo largo de su historia : Abraham Lincoln en 1865, James A. Garfield en 1881, William McKinley en 1901 y John F. Kennedy en 1963. Es decir: uno de cada nueve presidentes estadounidenses perdieron la vida a manos de un agresor.
En el caso de Lincoln, fue abatido a quemarropa en el Teatro Ford de Washington por el actor confederado John Wilkes Booth mientras asistía a una función teatral. Le siguieron Garfield, que fue baleado n una estación de ferrocarril de la capital por un aspirante a cargo público despechado. Más tarde fue el turno de McKinley, alcanzado por dos balas durante un acto público en Búfalo en el que los asistentes intentaron linchar su atacante. Una semana después, el presidente murió.
Por último, John F. Kennedy fue ultimado -el 22 de noviembre de 1963- en Dallas (Texas), cuando el ex marine Lee Harvey Oswald le disparó desde un edificio cercano durante un desfile en automóvil descapotable. El 24 de noviembre de 1963,, mientras Oswald es trasladado por los estacionamientos subterráneos del cuartel de la Policía, el empresario de la noche Jack Ruby -vinculado al hampa- se abre paso violentamente entre la multitud de periodistas, fotógrafos y camarógrafos presentes y le dispara en el abdomen, hiriéndolo de muerte. Oswald muere en el hospital poco después.
Hubo otros hechos que terminaron en intentos de magnicidios pero que no lograron su objetivo: uno de cada cuatro presidentes desde 1865 fueron víctimas de intentos de homicidios. Dos ejemplos que generaron mucha repercusión fueron el de Theodore Roosvelt y el de Ronald Reagan. En el caso de Roosevelt sobrevivió en 1912 a un disparo en el pecho mientras pronunciaba un discurso en Milwaukee —el folio doblado del texto que llevaba consigo amortiguó el proyectil—; en tanto, Reagan fue gravemente herido en marzo de 1981 cuando John Hinckley Jr. le disparó a la salida de un hotel en Washington.
Pero hubo otros menos conocidos: En 1950, dos nacionalistas puertorriqueños irrumpieron en Blair House, residencia provisional de Harry Truman; en ese episodio el agente Leslie Coffelt murió en el tiroteo, y también uno de los atacantes. Por su parte, Gerald Ford padeció dos intentos en un mismo mes de 1975. Y, más acá en el tiempo, en 1994 la verja de la Casa Blanca recibió 29 disparos cunado un hombre quiso atentar contra Bill Clinton.
EL MANIFIESTO QUE DEJÓ EL NUEVO ATACANTE CONTRA TRUMP
Apenas 10 minutos antes de intentar ingresar al Salón de Fiestas del Hotel Hilton de Washington donde estaba el presidente Donald Trump, el docente californiano Cole Thomas Allen le envió un mail a su hermano con un manifiesto donde pretendía explicar su accionar: "Ya no estoy dispuesto a permitir que un pedófilo, violador y traidor manche mis manos con sus crímenes". También señaló que su objetivo también era atacar a los cargos de la Administración Trump priorizándolos "del más alto al más bajo".
En la nota, Allen asegura que, aunque "hace mucho" que no está dispuesto a permitir los "crímenes" de Trump, esta es "la primera oportunidad real para hacer algo al respecto". Y continuó: "Lo que hacen mis representantes tiene su reflejo en mí" y que eso se traduce en una "rabia al pensar en todo lo que ha hecho esta Administración".
El memorándum, que firma como 'el asesino federal amistoso', Allen se dedica a rebatir algunos dichos y hechos que él mismo se plantea, como la frase cristiana de "hay que poner la otra mejilla", a lo que se reponde: "Poner la otra mejilla cuando otra persona es oprimida no es cristiano, sino complicidad con los crímenes del opresor". Y cita como ejemplos "violaciones en centros de detención" (de inmigrantes), a "los pescadores ejecutados sin juicio" (en los barcos bomardeados por Trump en el Mar Caribe) o a "la adolescente violada por los muchos criminales de esta administración" refiriéndose a una de las denuncias en torno al caso del financista pedófilo Jeffrey Epstein y sus vínculos con el poder.
También asegura que este atentado orrriría ese día porque "era el mejor momento y la mejor oportunidad de éxito" que se le "ocurría" pese a ser un "inconveniente" para él. Y se retruca a sí mismo diciendo que, aunque como persona medio blanca y medio negra "no debería" hacer esto, no ve "a nadie" cubriendo "la vacante". Sobre el hecho en sí del atentado, argumenta que si bien EEUU es un Estado de Derecho, pero que "cuando los representantes y jueces no cumplen la ley, nadie les debe nada".
Llamativamente, si bien Allen dijo pretendía atacar a "cargos públicos", exceptuó al director del FBI, Kash Patel, sin explicar por qué. "Son el objetivo, priorizando del más alto cargo al más bajo". En cambio, apunta que el personal de seguridad y del hotel "no son objetivo, si fuera posible" . Sin embargo, en el caso de los agentes del Servicio Secreto sostiene que su intención de "incapacitarlos de forma no letal, si fuera posible" porque son "objetivos solo si fuera necesario". Y explica también que utilizaría perdigones y no balas para evitar daños mayores. Aún así, también plantea que "pasaría por encima de casi todos" para llegar "a los objetivos si fuera absolutamente necesario, bajo la premisa de que la mayoría de la gente eligió asistir a un discurso de un pedófilo, violador y traidor, y por lo tanto son cómplices, pero realmente espero que no se llegue a eso". En su ataque, Allen disparó contra un oficial de la División Uniformada del Servicio Secreto, pero su chaleco antibalas evitó heridas mortales. Fue el único herido.
En su carta, Allen se burla de la seguridad del hotel Washington Hilton, donde se hospedó el día anterior del evento tras haber viajado en tren desde Los Ángeles, haciendo escala en Chicago: "Esperaba cámaras de seguridad en cada esquina, habitaciones de hotel con micrófonos ocultos, agentes armados cada tres metros, detectores de metales por todos lados. Lo que recibí (¡quién sabe, tal vez me están gastando una broma!) es nada. Ni una maldita seguridad. Ni en el transporte. Ni en el hotel. Ni en el evento", expresa. Y califica de "insana" la supuesta incompetencia del Servicio Secreto, afirmando que pudo introducir múltiples armas en el hotel sin ser detectado. "Cualquier agente iraní podría haber traído una ametralladora pesada y nadie se habría dado cuenta", dice.
En ese sentido, agregó: "Lo que noté inmediatamente al entrar al hotel es la sensación de arrogancia. Entro con múltiples armas y ni una sola persona allí considera la posibilidad de que yo pueda ser una amenaza. La seguridad en el evento está toda afuera, enfocada en los manifestantes y en los que van llegando, porque aparentemente nadie pensó en lo que pasa si alguien hace el registro (check-in) el día anterior",





Comentarios