EE.UU. y China, en una carrera feroz por el codiciado lado oculto de la Luna
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Las dos potencias más poderosas emprendieron una puja contrarreloj para ver quién llega primero a la cara oscura del satélite, la más buscada por la presencia de agua congelada.
Por Gabriel Michi

Por décadas la carrera por la conquista espacial se dio entre los Estados Unidos (EE.UU.) y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Las dos grandes potencias emprendieron una disputa contrarreloj para ver aventajar a su rival en medio de la Guerra Fría. Pero con la caída en desgracia de la URSS a comienzos de los '90, EE.UU. sacó distancia, aunque ya en 1973 había desistido de volver a pisar la Luna. Para ese entonces, algunas de sus misiones emblemáticas (la Spurtnik o las Apolo) y famosos astronautas de cada lado (como Neil Armstrong y Yuri Gagarin) se convirtieron en celebridades y hasta en íconos de esa carrera espacial. Sin embargo los tiempos han cambiado, como también la geopolítica global. Hoy la disputa entre las dos más grandes potencias actuales, EE.UU. y China, también se proyecta en el Espacio. Ambas naciones tienen un objetivo en particular: ser los primera en llegar a la cara oculta de la Luna. Y es que ese lado del satélite natural de la Tierra tiene un atractivo particular: la presencia de grandes reservorios de agua congelada.
En esa carrera contrarreloj las dos potencias buscan anticiparse y pisar esa oscura y polvorienta superficie antes de 2030. En este 2026, EE.UU. tuvo éxito con su misión Artemis 2 de la NASA, que logró hacer el viaje más largo -tripulado por humanos- girando a través de la Luna antes de volver a la Tierra. En paralelo, China avanzó con el objetivo de conseguir imágenes del lado oscuro de la Luna, algo que hasta ese momento nadie había conseguido. Pero ahora el gigante asiático debió posponer el lanzamiento de la misión Chang’e 7. Y así se recalentó la carrera espacial en las que ambas naciones se apresuran por depositar sondas robóticas en el polo sur del satélite donde se sabe que se halla el premio más cotizado, el agua helada.
La Administración Espacial Nacional de China anunció que ese aplazamiento no tiene nueva fecha de concreción y eso abrió muchos interrogantes sobre si concretará su misión más ambiciosa. Lo llamativo es que la sonda ya estaba instalada a bordo del cohete portador, a punto de lanzamiento, cuando la tormenta tropical obligó a cancelarlo “al no darse las condiciones de seguridad”. Hasta ahí, nada fuera de las situaciones habituales ya que es común que algo así ocurra por el mal tiempo. Eso puede generar un retraso de algunas semanas hasta tanto la Tierra y Luna vuelvan a situarse en posición adecuada para el lanzamiento. Encima, el objetivo de la Chang’e 7 de alunizar en el Polo Sur tiene complicaciones adicionales por las malas condiciones de iluminación, en una superficie de contrastes pronunciados del terreno. Por todo eso no se descarta que la postergación de la misión vaya más allá de este año y se proyecte para 2027.
Pese a que la comunicación de la Agencia china fue escueta, desde sus filas intentaron minimizar la demora. Sin embrago hay quienes ahora cuestionan si realmente la nave estaba lista para semejante objetivo. Y se plantean algunas dudas adicionales a partir de que el pasado 10 de agosto su cohete Larga Marcha 7 estallara ni bien despegó desde el Centro de Lanzamiento Espacial de Wenchang. Vale aclarar que ya varias veces la NASA de EE.UU. ha tenido que demorar sus lanzamientos y replantearse su plan de conquista espacial.
Esta demora en la misión china que planteaba concretar su objetivo en con la Chang’e 7 en noviembre, le permite a EE.UU. tomar la delantera en la febril carrera hacia el lado oscuro de la Luna. En la principal potencia del Mundo avanzan a paso firme en la sonda robótica diseñada por la empresa Blue Origin (de Jeff Bezos) dentro del proyecto Base Lunar 1, con el módulo de aterrizaje Blue Moon Mark 1 Endurance. Si bien originalmente se había planificado para 2026, ahora se trasladó al primer trimestre de 2027.
¿Pero por qué es tan importante quién llega primero? Más allá del efecto publicitario que significa ser el actor que inauguró semejante desafío, las dos misiones compiten por alunizar antes en los alrededores del cráter Shackleton, algo nunca conseguido por las dificultosas condiciones del lugar. Hasta el momento ninguna misión pudo tener un alunizaje suave en esa zona de la Luna. Y aquel país que logre alunizar allí tendrá mejores oportunidades de su competencia en el acceso a los mejores recursos.
Chang’e es la gran apuesta espacial de China. Y, hasta el momento, con seis misiones en 19 años (comenzó en 2007) obtuvo grandes resultados. Por ejemplo, orbitó y fotografió al satélite; logró depositar pequeños vehículos rodantes (tanto en la cara visible como en la oculta); transportó a la Tierra muestras de ambos hemisferios; estableció una constelación de satélites de comunicaciones frente al lado oculto para poder comunicarse con futuros vehículos que se envíen allá; instaló un contenedor o “biosfera” en el que hacer germinar semillas (aunque duró poco por una falla del calefactor); entre varios avances más. Con el Chang’e 7 busca entrar en órbita alrededor de la Luna y, una vez allí, dedicar varios meses a explorar en detalle la zona de aterrizaje, para encontrar el terreno lo más regular posible donde instalarse.
Las primeras tareas para mapear la composición del terreno, lo hará en un proyecto conjunto con Egipto y Bahrein; y utilizará tecnología también de Tailandia y Suiza. Y algunas particularidades como un módulo de aterrizaje con un telescopio para el estudio de la Vía Láctea (suministrado por universidades de Hong Kong y Hawái), además de un detector ruso de polvo lunar y un reflector láser italiano, para facilitar la localización de la nave. Con todo esto China demuestra que su programa de cooperación científica tiene un perfil internacional.
La zona del cráter Shackleton, donde se planea el alunizaje, tiene temperaturas de 200 grados bajo cero, lo que permite la conservación de hielo en el terreno. Y con eso despierta la mayor curiosidad e interés de los países que compiten por la conquista del Espacio.
La NASA también viene demostrando desde hace años un interés mayúsculo por esa particularidad. Por eso lanzó un doble vehículo destinado a impactar en esa zona. El primero —una etapa agotada del cohete portador— provocó una nube de detritus y el segundo, se zambulló inmediatamente en ella, para analizar su composición. El resultado dio que entre un 5 y un 10% de agua en el total de masa expulsada. Ahora resta estudiar cómo es ese hielo y en qué estado se encuentra. Con la idea futura de tomar esa agua congelada, calentarla, filtrarla y purificarla, con el sueño futuro de instalar allí futuras bases espaciales o bien tener ese recurso para las necesidades que pudiera tener la Tierra.
Cuando la Chang’e llegue al cráter Shackleton comenzará con una exploración utilizando una sonda que se mueve dando saltos y sorteando así loe escollos de la propia morfología del suelo lunar. Ese objeto puede ingresar a lugares oscuros donde los róver tradicionales no pueden acceder ya que quedarían varados. Sería la primera vez que una misión lunar utilice un explorador saltarín de este tipo. Ya posada por la superficie, un raspador buscará romper parte de la cubierta helada y un espectrómetro se encargará de examinar lo que de allí se extraiga
La presencia de agua congelada en la región del polo sur de la Luna fue descubierta nm 2009 por la sonda india Chandrayaan 1 -equipada con un detector de la NASA- que orbitaba sobre el satélite natural. Por eso gay tanta expectativa en que la misión del Chang’e 7 en Shackleton pueda confirmar la existencia de toneladas de agua congelada con múltiples beneficios para el futuro. Pero ahora hay que ver si es la misión china la que logra alunizar primero o si estos retrasos son una forma de reabrir esa carrera espacial tan contrarreloj entre las dos principales potencias de la Tierra. Con la mirada puesta, en particular, en el codiciado lado oscuro de la Luna. Y su máximo tesoro: el agua congelada.






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