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El hantavirus desnudó el máximo aislamiento y la extrema vulnerabilidad de la isla más remota

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    MundoNews
  • hace 2 horas
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Tristan da Cunha es una colonia británica en medio del Atlántico por donde pasó el crucero contaminado con el virus. Tuvieron que lanzar médicos con paracaídas para ayudarlos.


Por Gabriel Michi




En Tristán de Cunha viven apenas 250 personas. El aislamiento es tan extremo en esta colonia británica que la han llamado como la isla más remota del Mundo. O la que contiene en su superficie a la población más alejada de el resto de la Humanidad. Con todo lo que eso implica. A favor y en contra. Porque esa lejanía de la contaminación, el ruido y los problemas que aquejan a los grandes conglomerados de personas también se choca con la realidad de una vulnerabilidad máxima cuando allí ocurre algo que necesita de los avances de la "civilización". Más si esos problemas son extrañamente importados por una visita foránea. Y eso fue lo que ocurrió y lo que puso al desnudo también las complejidades del extremo aislamiento. De la manera más impensada. ¿Por qué? Porque con la explosión del caso de hantavirus en el crucero Hondius (el que partió de Ushuaia y que puso en vilo a todo el planeta ante el temor de una nueva epidemia) también alcanzó a Tristán de Cunha, la isla habitada más remota del planeta. El barco hizo una escala en ese lugar cuando se habían detectado los inicios del contagio y ahora debió recurrir a un operativo sin precedentes para atender la urgencia: el gobierno británico acaba de enviar un equipo de seis paracaidistas y dos médicos militares que saltaron desde un avión militar sobre la isla para llevar asistencia sanitaria ante la sospecha de que puede haber contagios de hantavirus desatados desde que el Hondius pasó por allí, atracando entre el 13 y el 15 de abril.


Los equipos de ayuda pertenecen de la 16.ª Brigada de Asalto Aéreo se lanzaron desde un avión de transporte RAF A400M que voló 6.788 km desde la base aérea RAF Brize Norton en Oxfordshire hasta la Isla Ascensión y luego otros 3.000 km hacia el sur hasta Tristan da Cunha. Con éxito los paracaidistas británicos aterrizaron en ese territorio de ultramar que es el más remoto bajo los designios de su imperio. Es la primera vez en la historia que el Reino Unido realiza una operación de estas características. Nunca las Fuerzas Armadas británicas habían tenido que desplegar personal médico para prestar ayuda humanitaria mediante un salto en paracaídas.


El personal médico llevó suministros especiales después de que se confirmara allí un caso sospechoso de hantavirus, lo que despertó todas las alertas justamente por el máximo aislamiento que tiene el lugar. Junto a ellos, se lanzaron suministros de oxígeno y otros suministros médicos. Los suministros estaban destinados principalmente a un hombre británico que era pasajero del crucero afectado por un brote de hantavirus y que atracó en la isla entre el 13 y el 15 de abril. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el hombre presentó síntomas compatibles con el hantavirus el 28 de abril y que su estado es estable y se encuentra aislado. Mientras los médicos paracaidistas hacían pie en Tristan de Cunha, en Tenerife (Islas Canarias), avanzaba el operativo para desembarcar y llevar en cápsulas sanitarias al resto de las más de 140 personas que aún estaban a bordo: en total ya hubo tres muertos y una decena de contagios.


El crucero Hondius, que había partido de Ushuaia con destino a Cabo Verde y que terminó en Tenerife por el hantavirus, hizo escala en la isla Tristan de Cunha y parece que dejó al menos un contagio.
El crucero Hondius, que había partido de Ushuaia con destino a Cabo Verde y que terminó en Tenerife por el hantavirus, hizo escala en la isla Tristan de Cunha y parece que dejó al menos un contagio.


Según el Ministerio de Defensa británico, "dado que las reservas de oxígeno en la isla se encontraban en un nivel crítico, un lanzamiento aéreo con personal médico era el único método para brindar atención vital al paciente a tiempo". Y es que, al no haber pista de aterrizaje -porque su topografía volcánica lo impide- y estar tan lejos de todo punto habitado -se encuentra a medio camino entre Sudáfrica y Sudamérica, a más de 2400 km y a seis días de viaje en barco desde Santa Elena- la urgencia ameritaba un respuesta sin precedentes. Si bien la isla suele depender de un equipo médico de dos personas que atienden sus necesidades sanitarias, lo hacen por barco y eso demora más tiempo. Todo eso en medio de un mar que suele ser muy bravo y encrispado. La capital de la isla es Edimburgo de los Siete Mares y allí está asentada toda la población). Su superficie volcánica es muy escarpada lo que hace imposible una pista de aterrizaje. En ninguno de sus puntos la isla tiene más de 10 km de ancho y tiene una elevación máxima de 2.062 metros sobre el nivel del mar.


Hoy la remota isla se colocó en el centro de las miradas del Mundo por el hantavirus. Las pruebas de reacción en cadena de la polimerasa (PCR) fueron entregadas previamente por avión militar el 7 de mayo a la Isla Ascensión, donde otro hombre británico del crucero había desembarcado antes de ser evacuado por motivos médicos a Sudáfrica. "Esperamos que la llegada de paracaidistas, personal médico y suministros médicos desde el aire haya tranquilizado a la población de Tristan da Cunha", declaró el brigadier Ed Cartwright, comandante de la 16.ª Brigada de Asalto Aéreo. Pero la realidad es que este operativo inédito demostró que todas las ventajas que se pueden imaginar quienes sueñan con una vida tranquila lejos del mundanal ruido de las grandes urbes también tiene esta contracara: los peligros del aislamiento y la enorme vulnerabilidad cuando una desembarca una crisis de este tipo. El hantavirus lo hizo.




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