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Los retos a duelo en política ahora se suben al ring

En Brasil, un alcalde desafió a un ex concejal a una pelea de MMA para dirimir sus diferencias públicas. Fueron tres rounds, a puras trompadas y patadas, frente a un auditorio enardecido. En la historia argentina hubo más de 2.400 enfrentamientos mano a mano, con espadas o armas de fuego, por "cuestiones de honor". El último, entre un radical y un militar, en 1968.


Por Gabriel Michi



La política suele ser un espacio de peleas dialécticas. De cruces verbales. De discusiones ideológicas. Y, muchas veces, de cierta violencia. Pero el colmo de los colmos parece ser que en estos tiempos las disputas orales terminen en algo tan irracional (y anacrónico) como un duelo (literal) entre dos políticos. Y que encima esa reyerta se traduzca en una pelea sobre un ring, con un público descontrolado vivando a uno u otro contrincante. Bueno, aunque parezca increíble, eso ocurrió en Brasil. De un lado del cuadrilátero se ubicó el alcalde de la localidad de Borba (Estado de Amazonas), Simão Peixoto (39). En la otra esquina se colocó su rival, el ex concejal Erineu da Silva (45). Las reglas: un inédito combate a tres rounds de artes marciales mixtas (Mixed Martial Arts, MMA). El lugar: un gimnasio de una escuela, con público y transmisión en vivo. Y así, uno y otro, se golpearon con saña una y otra vez. El triunfo se lo dieron al alcalde Peixoto, aunque observadores independientes señalaron que el ganador fue claramente el ex concejal Da Silva.


Esta locura, ocurrida a 190 kilómetros al sur de Manaos, comenzó con un fuerte cruce verbal entre el ex edil quien criticó al jefe comunal por el abandono de un parque acuático. Da Silva le dijo canalla” y “sinvergüenza” al alcalde, lo que despertó su furia. Fue cuando Peixoto, a través de un video, lo desafió. “No soy un luchador callejero… soy el alcalde del municipio de Borba”, pero avanzó en la propuesta de darle "formalidad" al entuerto. Y, a partir de allí, ambos políticos comenzaron con sus entrenamientos para llegar al combate pugilístico. Los brutales tres rounds, donde no faltaron gestos amenazantes del alcalde al pasarse el pulgar sobre su garganta mientras miraba al oponente, se sellaron con un poco más de altura de la que habían demostrado los dos políticos hasta el momento. Se saludaron y felicitaron con respeto y, después, tras las críticas que les llovieron por dirimir de esa manera tan violenta (y más teniendo en cuenta que deberían predicar con el ejemplo frente a la sociedad), ambos señalaron que el objetivo del evento fue el de promover el deporte. Algo que nadie creyó.




El último duelo en Argentina


Si bien, dirimir cuestiones de "honor" en la política a través de combates cuerpo a cuerpo fue algo bastante extendido en otras épocas, ya sea con armas de fuego, espadas u otros instrumentos, esas costumbres entraron en desuso hace décadas. Salvando las claras diferencias con esta versión aggiornada que se dio en Brasil sobre un ring de MMA, lo cierto es que la historia argentina ha conocido varios de estos desafíos donde diferencias políticas supuestamente insondables u ofensas al "honor" terminaron en una invitación a un duelo que podía ser "a muerte", "a primera sangre" o que culminaba cuando alguno de los contendientes era "severamente herido".


El duelo de Yrigoyen y De la Torre fue en 1897.

Quizás uno de los episodios más recordado sea el que vivieron los dirigentes Lisandro De la Torre e Hipólito Yrigoyen (6 de septiembre de 1897) por diferencias en la conducción y el rumbo del partido radical. Si bien De la Torre (años más tarde, senador demócrata progresista) era el más experto, quedó bastante herido por el sable de quien posteriormente sería el primer Presidente argentino elegido por el voto popular. Yrigoyen había sido instruido en los días previos por un experto profesor de esgrima.


No fue la única vez que Lisandro De la Torre recogió el guante y se batió a duelo con otro político. En la década de 1930 y tras el asesinato en el propio Senado de la Nación -en medio del debate por el escándalo de exportación de carne a Inglaterra- de su compañero de bancada Enzo Bordabehere, el congresista aceptó enfrentarse en un duelo de pistolas con el conservador Federico Pinedo, quien se sintió ofendido por sus acusaciones. Finalmente, en el momento del duelo "a muerte", De la Torre - que estaba desconsolado por la muerte de su amigo, quien recibió las balas que estaban destinada a él- disparó al aire y Pinedo le apuntó a la cabeza pero falló en el tiro.


Según una investigación de la historiadora Sandra Gayol, en la Argentina hubo un total de 2.417 duelos de "honor" desde 1869 y hasta el último del que se tenga registro. En la mayor parte de ellos sus protagonistas fueron abogados (1.482), seguidos por militares (956) y periodistas (170). Y en ese enjambre de profesiones, un total de 172 se dedicaban a la política. En 1878 se lanzó el “Manual Argentino de Duelo” y hasta se creó jurisprudencia para normarlos. Por ejemplo, si el duelo era con arma de fuego, el "Manual" indicaba que cada participante sólo podía disparar un tiro.


El último duelo político del que se tenga memoria en territorio argentino tuvo lugar en 3 de noviembre de 1958 en una quinta de la localidad bonaerense de Monte Chingolo (Partido de Lanús). Allí con un sable estuvo el almirante Benigno Varela y con el otro el periodista y dirigente radical Yoliván Biglieri. El militar se sintió ofendido en su "honor" por una serie de artículos donde el reportero lo acusó de "traición" por haber sido designado en gobiernos democráticos (a los que le había jurado lealtad) y después participar de regímenes dictatoriales que se adueñaron del poder. La contienda duró 28 minutos, dividida en tres asaltos, donde ambos terminaron ensangrentados por las heridas que su oponente logró asestar.


El rumor que iba a haber un duelo entre Varela y Biglieri llegó a la prensa. Y los medios lo pudieron retratar.


En su libro "Duelos", el periodista Mariano Hamilton describe con lujo de detalles aquella disputa por el "honor". Y así lo cuenta: "Tras 20 minutos a todo trapo, los dos estaban extenuados, pero no querían dar el brazo a torcer. Entre el segundo y el tercer asalto fueron revisados por los médicos, quienes sugirieron que se debía parar el combate. Pero ambos se negaron. La adrenalina de la sangre corriéndoles por el cuerpo podía más que el dolor y el cansancio. En la tercera vuelta, Biglieri fue a fondo y con la punta del sable hirió a Varela en la tetilla izquierda. Estuvo a nada de atravesarle el corazón. El sable cayó de las manos de Varela y se detuvo el combate para esterilizarlo. Mientras los padrinos limpiaban el arma, los dos se seguían insultando a los gritos y repetían una y otra vez que el duelo todavía no había terminado y que era a muerte. Los médicos los autorizaron, pero ya casi ni podían mantenerse parados. Los médicos y el director del combate dijeron basta. 'Las heridas son parejas y ya no pueden seguir', dijo Escipión Ferretto (NDR: el instructor de esgrima que ofició de árbitro). Su decisión fue inapelable. Se habían producido catorce embestidas de uno y otro lado y los cuerpos de los dos estaban bañados en sangre. Habían sido 28 minutos tremendos", escribió Hamilton.


Así fue el último duelo en Argentina en que la política (o dos hombre ligados a ella) pretendieron dirimir sus diferencias. Así, en un mano a mano, sin la intervención de masas que pudieran ocasionar un daño aún mayor que el de la propia vida de los desafiantes. Aún así, aparece como algo anacrónico e ilógico. Tanto como la del par de políticos brasileños que se subieron a un ring de MMA para ver quién se quedaba con la medalla del "honor" a fuerza de trompadas y patadas.



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