Mientras los gobiernos atacan la inmigración, la mayoría de los ciudadanos abraza a los refugiados
- MundoNews

- hace 2 días
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Una encuesta mostró que dos tercios de las personas -en especial, los jóvenes- acepta que se dé asilo a migrantes vulnerables llegadas de otros países. La dirigencia va por otro camino.
Por Gabriel Michi

Hay distancias que son insondable. Inexplicables. Y una de las más repetidas son aquellas que separan las prácticas y precupaciones de quienes detenan el poder -incluso aquellos que son elegidos por el voto democrático.- con las necesidades y posicionamientos de sus sociedades. Eso se refleja muy claramente en el presente donde proliferan por doquier políticas antiinmigrantes en todo el planeta, con un endurecimiento de las condiciones de asilo y con deportaciones violentas (tal como se refleja por ejemplo con el ICE de Donald Trump en los EE.UU.), como también con los discurso de odio que proliferan a través de las redes sociales y algunos medios de comunicación. Sin embargo, la mayoría de los ciudadanos parecen tener un posicionamiento distinto a esa ola de intolerancia. Por lo menos así surge de una encuesta, realizada en 29 países, en la que dos de cada tres personas consideran que quienes huyen de la guerra o la persecución deben poder solicitar asilo en otra nación, mostrando una contundente predisposición mayoritaria a abrazar a los refugiados. Y eso ocurre especialmente entre los jóvenes.
El trabajo investigativo realizado por la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) -a través de la consultora IPSOS- recogió la opinión de 21.500 personas y demostró que en las sociedades continúa siendo mucho más fuerte esa inclusión y aceptación de los refugiados de lo que aparece en la superficie en el debate público, pese al aumento de la desinformación y los discursos de odio contra las personas que buscan protección. Según Dominique Hyde, directora de Relaciones Externas de ACNUR, este apoyo se ha mantenido ampliamente estable durante años “pese a la tensión política, la presión económica y un debate muy polarizado”
Sin embargo, el la encuesta aparecen algunas contradicciones: por ejemplo, mientras dos tercios de los consultados cree que hay que abrir los brazos a los refugiados, la misma prooporción también señala que muchas de las personas que solicitan protección no la necesitan realmente. Lo llamativo es que en numerosos casos, son los mismos encuestados quienes sostienen ambas opiniones. “Lo que vemos en este momento es una tensión entre el deseo de apoyar a quienes se encuentran en una situación desesperada y las dudas sobre si el sistema funciona como debería”, explicó Trinh Tu, directora gerente de IPSOS en el Reino Unido. Según los testimonios recogidos, las principales preocupaciones se relacionan con el funcionamiento de los sistemas de asilo, la gestión de las fronteras y la integración de los refugiados.
En ese marco general, son las personas más jóvenes las más propensas a que sus países reciban a refugiados. Casi la mitad de los integrantes de la denominada "generación Z" -nacidos entre 1997 y 2012- considera que los refugiados podrán integrarse con éxito en las sociedades que los reciba. Algo muiy distinto a lo que ocurre entre los llamados "baby boomers" -nacidos entre 1946 y 1964- donde esa proporción cae al 39%. También hay amplas diferencias generacionales entre quienes exigen cerrar las fronteras a la inmigración o ponerse más exigentes a la hora de conceder asilo a los refugiados. De nuevo, los más jóvenes son mayoritariamente quienes no quieren que eso ocurra. Aun así también es cierto que, según el estudio de ACNUR, "las preocupaciones sobre la integración, el control de las fronteras y la autenticidad de las solicitudes están presentes, en diferente medida, en todos los grupos de edad".
Más allá de las diferencias generacionales en la aceptación de los refugiados también hay fuertes matices de acuerdo a los países. Por ejemplo, en Suecia y Países Bajos el apoyo a las personas que buscan asilo alcanza sus niveles más altos con un 78%, seguidos de España, con un 76%. Australia, Brasil y Estados Unidos registran las opiniones más favorables sobre los beneficios que puede aportar la integración de los refugiados. Y en algunos países, el respaldo ha aumentado considerablemente en los últimos años: en Japón pasó del 23% en 2019 al 64%, mientras que en Francia subió del 43% al 68% durante el mismo periodo. En Alemania y Suecia, países que acogieron muchos refugiados, el apoyo se mantiene relativamente fuerte. Pero también hay casos donde el fenómeno es inverso. Por ejemplo, en Turquía y Polonia, es menor que en años anteriores.
En ese contexto, muchos ciudadanos consultados ponen el acento también en la necesidad de que la comunidad internacional responda rápida y eficazmente ante situaciones concretas de desplazamiento. Y que deben hacerlo dando asistencia directa de emergencia, las medidas diplomáticas y la protección temporal que necesitan esas personas dada la vulnerabilidad de sus situaciones. Muchos encuestados consideran que la protección de los refugiados debe incluir alternativas distintas al reasentamiento, aunque este continúa siendo una vía esencial para los más marginados.
Con los resultados del trabajo en la mano, ACNUR insiste en que "la solidaridad de las comunidades y los países de acogida no puede sustituir la responsabilidad internacional de proteger y asistir a las personas refugiadas". En ese contexto, Dominique Hyde, directora de Relaciones Externas de ACNUR, recordó su visita al campamento de Busuma, en el este de Burundi, que alberga a más de 57.000 refugiados congoleños que huyeron de los intensos combates en la República Democrática del Congo y donde pudo observar que sólo alrededor de cuatro de cada diez personas disponían de algún lugar donde alojarse, pese a las duras condiciones del campamento, situado a unos 2000 metros de altitud. Y contó: “Me senté con madres y padres que apenas tenían suficiente para comer. Escuché a familias describir sus refugios abarrotados, si tenían la suerte de contar con uno. Hablé con ellas sobre un agua que no solo era insegura, sino también insuficiente”. Por las noches esas familias pasan expuestas al frío y el intenso calor que soportan durante el día.
Si a esos cuadros de desesperación y vulnerabilidad se agrega que en 2025, los conflictos, la violencia y la persecución continuaron obligando a millones de personas a abandonar sus hogares, mientras que las crisis climáticas, la inestabilidad económica y la fragilidad política agravaron sus necesidades, el resultado es catastrófico. El año pasado ACNUR se propuso proteger y asistir a 129,4 millones de personas, una cifra cercana a la de 2024. Sin embargo, los recursos disponibles disminuyeron en 1.200 millones de dólares, hasta situarse en 3.900 millones. Es decir que la agencia tuvo que responder así a prácticamente el mismo nivel de necesidades con los recursos disponibles en 2016, cuando la población mundial de personas desplazadas por la fuerza y apátridas era menos de la mitad de la actual. Todo eso en un contexto donde cada vez crecen más los discursos del odio -en particular contra los migrantes- y las "fake news" estigmatizantes. Y donde la dirigencia se sube a una ola discriminatoria que lo aleja no sólo de las necesidades de quienes buscan refugio, sino también de las opiniones mayoritarias de sus propias sociedades. Sociedades que parecen muchos más sensibles y sensatas que quienes detentan el poder.






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