Bloqueo de EE.UU. a Cuba: Una medida anacrónica que sigue generando estragos y rechazos

Una vez más y en forma abrumadora, la ONU exigió el fin del embargo que la principal potencia del Mundo mantiene sobre la isla desde 1960. Fueron 130 votos a favor y apenas 17 en contra, entre ellos la Argentina de Milei. Hubo menos condenas que en años anteriores.
Por Gabriel Michi

Es una medida anacrónica que genera estragos en la población. La demostración de un poder omnívoro que permanece pese a la masiva condena internacional. El bloqueo de Estados Unidos sobre Cuba se traduce en hambre, pobreza, y todo tipo de necesidades insatisfechas para un pueblo que ve evaporarse su futuro en un presente lastimoso. Y aunque el Mundo lo cuestione, EE.UU. hace oídos sordos y sigue imponiendo su hegemonía global con esas restricciones para castigar a la administración comunista que gobierna la isla. Una vez más la Asamblea General de la ONU rechazó el embargo unilateral que la principal potencia del planeta mantiene sobre Cuba desde 1960 y que, en la actualidad, condujo a una crisis energética que agrava la situación humanitaria de la isla. Es la 34 vez que la ONU realiza ese planteo de manera abrumadoramente mayoritaria, pero EE.UU. hace caso omiso a todo eso.
Este año la resolución que rechaza el bloqueo fue aprobada por 130 votos a favor, 17 en contra y 25 abstenciones, frente a los 165 a favor, 7 en contra y 12 abstenciones que cosechó el año anterior. De esta forma, el texto ha salido adelante con la votación a favor más baja de los últimos 20 años. Desde el año 1992 la Asamblea General, el órgano más representativo de la diplomacia internacional, viene rechazando la medida unilateral estadounidense. La resolución reitera la exigencia internacional de "levantar el bloqueo económico, comercial y financiero" impuesto por Estados Unidos a la isla. La Asamblea expresa su inquietud porque, tras décadas de votaciones y llamamientos, la medida sigue vigente.
El resultado refleja un cambio respecto a los últimos años, especialmente entre los países de América Latina. Argentina, Colombia, Costa Rica, Ecuador y Paraguay votaron en contra. Mientras que Chile, República Dominicana, Honduras y Perú se abstuvieron. La avalancha de gobiernos de derecha y extrema derecha en la región, que encima se muestran referenciados con Donald Trump, inclinó la balanza en ese sentido. En el caso argentino, durante muchos años se cuestionó el bloqueo estadounidense y se defendió el principio de autonomía de un país considerado hermano como es Cuba. Pero ahora la administración de Javier Milei abandonó esa postura y se puso del lado del poderoso que lleva adelante esa medida tan cuestionada.
En tanto, las 34 ocasiones en que se votó esta resolución dibujan una curva muy elocuente de la historia diplomática de los últimos 34 años. En 1992, año del primer debate, se registraron 59 países a favor de terminar con el bloqueo económico, 3 en contra, 71 abstenciones y 46 ausencias. El máximo llegó en 2015 y 2017, con 191 votos a favor y sólo dos en contra, en plena época de deshielo de las relaciones durante la administración de Barack Obama. En 2016, Estados Unidos se abstuvo por primera vez, un hito histórico, mientras Israel continuó votando en contra.
El texto del documento, presentado por Cuba, pide el fin del embargo. La Habana fundamenta su petición en los principios cardinales de la Carta de las Naciones Unidas, haciendo hincapié en la igualdad soberana de los Estados, la prohibición de la intervención en asuntos internos y la libertad de comercio y navegación.
Preocupa especialmente a la Asamblea la vigencia de leyes con efectos extraterritoriales, citando explícitamente la "Ley Helms-Burton" de 1996, cuya aplicación afecta no solo a la soberanía cubana, sino también a los intereses legítimos de entidades y personas bajo la jurisdicción de otros países, generando fricciones con el derecho internacional y la libertad de mercado.
A pesar de las medidas de flexibilización anunciadas por el ejecutivo estadounidense en 2015 y 2016, el proyecto de resolución subraya la preocupación por el endurecimiento de las políticas aplicadas desde 2017, que han reforzado la implementación del bloqueo en lugar de suavizarlo.
La Asamblea expresó su inquietud porque, tras décadas de votaciones y llamamientos, la medida sigue vigente y continúa afectando negativamente a la población cubana y a los nacionales de Cuba residentes en el extranjero, sin que se hayan cumplido las expectativas de normalización económica. En su contenido operativo, la resolución exhorta a todos los Estados miembros a abstenerse de promulgar o aplicar normas de este tipo, e insta específicamente a aquellos donde existen leyes similares a derogarlas o dejarlas sin efecto en el plazo más breve posible.
El texto no solo condena la permanencia del bloqueo: también establece un mecanismo de seguimiento al solicitar al Secretario General que prepare un informe sobre el cumplimiento de estas disposiciones, evaluando su coherencia con los propósitos de la Carta y el derecho internacional, para presentarlo en el próximo ciclo de sesiones.
En su intervención ante la Asamblea General, el representante de Estados Unidos, Mike Waltz, rechazó la premisa misma del debate y sostuvo que la crisis cubana no deriva del embargo, sino del propio gobierno de la isla. "No hay bloqueo", afirmó, argumentando que si existiera tal cierre no se explicarían las exportaciones estadounidenses a Cuba —que Waltz cifró en más de 876 millones de dólares en ocho meses de 2026— ni los envíos procedentes de Canadá, España, México, China, Rusia, la Unión Europea y organismos del sistema de la ONU. Según Waltz, la riqueza del país no ha desaparecido, sino que "simplemente cambió de manos", de la población a las élites dirigentes. Al explicar el voto de su país, Waltz dijo que los Estados reunidos en la Asamblea debían votar en contra de la resolución porque ese voto "es lo único que está entre el régimen cleptocrático comunista y otra victoria propagandística en desmedro del pueblo cubano", e insistió en acusar al monopolio militar cubano de quedarse con las riquezas del país.
A esas afirmaciones respondió el ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, que mostró a la Asamblea General una pantalla en la que se exhibía el coste del embargo desde que había comenzado el debate y que, según esos cálculos, asciende a 22,9 millones de dólares solo en el tiempo transcurrido desde el inicio del debate. Rodríguez Parrilla cuestionó la legitimidad de Estados Unidos para hablar de democracia, al señalar que está en manos de una plutocracia.
El ministro culpó al bloqueo del sufrimiento del pueblo cubano y habló especialmente del estrangulamiento del sistema de salud, señalando que se ha duplicado la tasa de mortalidad infantil y que decenas de miles de personas han visto sus tratamientos quirúrgicos demorados o cancelados. También se refirió a los medicamentos para tratar el cáncer que no pueden entrar en la isla por el bloqueo y a las medicinas cubanas que luchan contra el Alzheimer y la demencia senil y que no pueden salir del país por el mismo motivo. "Lo que Cuba reclama es que la dejen en paz (…) Cuba no es una amenaza, el bloqueo sí", concluyó el ministro cubano.
Pero una vez más se impone la ley del más fuerte. Esa que permite que, aún con el cuestionamiento de gran parte del Mundo, EE.UU siga haciendo caso omiso a todo. Y desconozca las resoluciones mayoritarias de la ONU. A costa de un pueblo como el cubano que sufre las consecuencias de un embargo que ya lleva 66 años y que es una postal anacrónica e inhumana que genera hambre, enfermedades y muerte.






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