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Las dos “brasiles” que se enfrentaron en las urnas

Foto del escritor: MundoNews
MundoNews
hace 11 minutos
7 min de lectura

El gigante de Sudamérica llegó a un ballotage entre Lula Da Silva y Flávio Bolsonaro con proyectos irreconciliables y modelos antagónicos. Las claves de una elección histórica.


Por Gabriel Michi

Noticias Argentinas (NA)




Brasil está partido al medio. En mitades que parecen irreconciliables. Y el resultado electoral de la primera ronda presidencial lo demostró. Como también el ballotage. Entre los dos candidatos más votados, Luiz Inácio Lula Da Silva (Partido de los Trabajadores, PT) y Flávio Bolsonaro (Partido Liberal, PL), se quedaron con el 92% de los votos en la primera vuelta. Los otros 11 postulantes a la Presidencia apenas habían cosechado el 7% de las voluntades de los 125 millones de brasileños que concurrieron a las urnas el pasado 4 de octubre. De esos, 110 millones eligieron a los dos aspirantes que pasaron al ballotage. Pero hubo 33 millones más que se ausentaron, el 21% del padrón. Y ahora, en el segundo turno, esa polarización no dejó escapatoria. No hubo alternativa. Fue blanco o negro. O, mejor dicho, azul o rojo. Quienes se acercaron a votar sólo pudieron elegir entre Lula o Bolsonaro. Dos posturas antagónicas. Irreconciliables. Cómo los dos “Brasiles” que se pusieron en juego. Y el triunfo fue para el presidente que pudo por -primera vez en la historia- dar vuelta un resultado esquivo de la primera vuelta y quedarse con en triunfo, convirtiéndose en el primer mandatario en conseguir un cuarto período. Lula cosechó el 51,8% de los apoyos y Bolsonaro el 48,2%. Fueron 64,2 millones de votos del PT contra 59,8 millones del PL.


En ese panorama, volvió a mostrar un país dividido. Polarizado. Y emergió un Brasil que en el Sur y el Oeste se inclina mayoritariamente por la derecha representada por Bolsonaro y un norte y nordeste que apoya a Lula. Se suele simplificar esa ecuación diciendo que el sur rico apoya a la derecha y el norte pobre a la izquierda. Y, como toda simplificación, tiene algo de verdad y algo de exageración.


El candidato del Partido Liberal es apuntalado por personas con estudios completos y el del Partido de los Trabajadores por aquellos con menor formación. Los estratos socioeconómicos medios y altos se inclinaron más masivamente por el senador derechista y los sectores medios bajos y bajos, lo hicieron con el presidente de centroizquierda que llegó a un cuarto mandato. Los hombres eligieron mucho más a Bolsonaro y las mujeres a Lula. Y, en materia de edades, el postulante del PL ganó entre quienes tienen entre 20 y 45 años y el del PT obtiene un mejor caudal entre las personas mayores.


Hay un Brasil evangélico que apoyó al heredero del ex presidente preso por el intento de Golpe de Estado de 2023 y un Brasil católico que se inclinó mayoritariamente por al ex sindicalista metalúrgico que estuvo detenido durante 580 días -después de su segunda Presidencia - en una causa por presunta corrupción que luego fue anulada. Otra muestra de los dos “Brasiles”. La polarización también se plasmó entre personalidades famosas: la mayor parte de los deportistas más conocidos (sobre todo futbolistas) arropó a Bolsonaro, mientras que en el mundo del espectáculo, la cultura y la ciencia, el favorito fue Lula.


El próximo presidente tendrá en frente un Parlamento fragmentado, pero mucho más inclinado a la derecha que el actual. Tras la votación de hace tres semanas, el mapa legislativo fue mucho más beneficioso para el bolsonarismo que para Lula, lo que también significó una proyección de gobernabilidad distinta para uno o para otro. Y es que en la primera ronda electoral el PL obtuvo 23 bancas más de las que tenía en la Cámara baja (llegó a 121 de un total de 513) y casi duplicó sus escaños en el Senado, quedándose 28 lugares sobre 81. Esos números le otorgan al bolsonarismo la mayor representación que un solo partido haya obtenido en ambas cámaras en casi 40 años, desde que se promulgó la actual Constitución en 1988. Con todo lo que eso significa. Desde lo simbólico pero especialmente desde lo práctico.


Las principales víctimas de ese “arrebato” de bancas fueron los partidos de centro ya que el PT de Lula logró conservar prácticamente el mismo número de escaños: mantuvo sus nueve escaños en el Senado y su alianza tripartida en la de Diputados extendió su presencia de 82 a 88 bancas. Aun así, sabida es la "ductilidad" que tiene el denominado "Centrao", ese conglomerado de partidos de centroderecha que suele "acomodarse" a los climas de épocas y las necesidades del poder (en especial de quién lo ejerza en el Planalto), algunas veces a cambio de sospechosos beneficios.


En ese punto, muchos analistas coincidían que, en el caso que se hubiese dado un triunfo bolsonarista, no pasaría mucho tiempo en que surja una alianza de derecha y centroderecha que lograra no sólo una mayoría simple en ambas Cámaras, sino que incluso pudiera alcanzar una “supermayoría” capaz de impulsar hasta una reforma constitucional. En cambio, Lula deberá enfrentarse a un escenario mucho más adverso en el particular ecosistema legislativo brasileño surgido del 4 de octubre.


Ese giro a la derecha y el conservadurismo del Poder Legislativo también parecía representar un cambio de época importante en la agenda y hasta en los paradigmas que gobernaron hasta ahora. Por ejemplo, es probable que ante semejante escenario los legisladores pretendan avanzar en un cambio muy grande en el Supremo Tribunal Federal, órgano que estuvo sumergido en múltiples polémicas y por lo que incluso quieren limitar su amplísimo poder. Y en ese punto hay un objetivo principal del bolsonarismo: la destitución de Alexandre De Moraes, el juez al que responsabilizan por el encarcelamiento de Jair Bolsonaro. Sin embargo, el contundente triunfo de Lula en el ballotage puso un enrome interrogante sobre esas improntas de la derecha.


Hay que ver si ese nuevo Parlamento buscará finalmente modificaciones sustanciales que romperán con la impronta impuesta por Lula y el PT durante todos estos años y que impulse cambios de 180 grados en materia económica, social, de derechos humanos y ambientales, pero deberán enfrentarse con un presidente fortalecido y con amplio apoyo popular. Si el conservadurismo logra imponer sus iniciativas esos cambios podrían tener un impacto muy fuerte en un juego de tensiones entre un Brasil conservador y otro Brasil más progresista representada por el lulismo. No faltarán sus consecuencias a nivel regional y hasta mundial.


Pero, sin dudas, lo que sí o sí entró en juego es la agenda de la seguridad, principal preocupación de los brasileños en distintas encuestas y una de las razones centrales de la exitosa performance electoral de Bolsonaro en la primera vuelta. El tema de la criminalidad entró tan fuerte en el electorado que el propio Lula no descartó bajar la edad de imputabilidad de los menores de 18 a 16 años para delitos graves, algo nodal en la prédica de la derecha. Es más, en el caso de los bolsonaristas y sus aliados plantean reformas penales como la castración química de los violadores y pedófilos condenados.


Otra cosa que prendió fuerte entre los ciudadanos fue la idea de Flávio Bolsonaro de replicar un modelo carcelario como el aplicado por Nayib Bukele en El Salvador. Lo que parece de muy difícil concreción en Brasil donde el Primer Comando Capital (en especial en San Pablo) y el Comando Vermelho (con más fuerza en Río de Janeiro), dominan las prisiones desde hace décadas. Muchos expertos señalan también que es engañoso querer plantear semejante escenario en un país donde sólo se esclarecen el 36% de los homicidios. Pero, aun con esas reservas, el tema de la seguridad pública fue determinante en esta elección, pese a que la tasa de homicidios es la más baja en años: 19 cada 100.000 habitantes.


Otro de los temas en los que coincide el bolsonarismo y gran parte de los legisladores que fueron electos es la idea de un fuerte recorte del gasto público. Y por eso se metió en el debate entre Lula y Bolsonaro la motosierra de Javier Milei, algo que el actual presidente de Brasil asegura que su contendiente pretendía aplicar. Y en eso se centró gran parte de las alertas que el PT usó en la campaña: los potenciales recortes en materia social que llegarían de la mano del actual senador si accede al Palacio del Planalto, algo que fue central en la remon tada histórica que hizo que Lula logre revertir el resultado de la primera vuelta, conquistando 10 millones más de votos y sacandole 4,5 millones a su adversario.


En el Brasil que proponías Bolsonaro se sostenía que era necesario bajar los impuestos a las grandes empresas, mientras que en el de Lula se plantean una serie de cambios tributarios, incluyendo mayores gravámenes a las transacciones financieras.


Los dos “Brasiles” se notan también en los posicionamientos con respecto al medioambiente y la preservación de la Amazonia. El modelo bolsonarista propende un mayor explotación y avance de los permisos ambientales, con una mirada más económica del asunto, lo que podría generar situaciones de tensión muy graves con los pueblos originarios que los habitan, algo que choca con la posición lulista. Pero lo cierto es que el PL no está sólo en esa idea: se calcula que el 80% de los senadores y el 70% de los diputados rechazan las agendas que plantean la preservación del medioambiente y las políticas para frenar el cambio climático. Sin embargo, el candidato más votado para presidente, es decir, Lula, quiere presevar la naturaleza amazónica. Otra vez, dos caras enfrentadas de Brasil.


Un relevamiento realizado por el Departamento Intersindical de Asesoría Parlamentaria (DIAP), señaló que en la representación en la Cámara Baja, la derecha elevaría de 248 a 260 su número de bancas, y con eso, el bolsonarismo tendría un camino legislativo mucho más allanado que Lula, el ganador de la contienda. Nunca en la historia ese cuerpo tuvo una presencia conservadora tan contundente.Y si bien ya el Parlamento le había rechazado varias iniciativas a Lula (como una candidatura a la Corte Suprema y el revocamiento de varios vetos), hoy el panorama se muestra aún más adverso para el referente del Partido de los Trabajadores. En este escenario donde aparecen dos “Brasiles”. Antagónicos. Irreconciliables. Dos “Brasiles” que muestran un país partido al medio.



LULA GANO LA PRESIDENCIA POR CUARTA VEZ Y DEBERA ENFRENTAR UN CONGRESO ADVERSO.
LULA GANO LA PRESIDENCIA POR CUARTA VEZ Y DEBERA ENFRENTAR UN CONGRESO ADVERSO.

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