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Brasil: El peligro del boom de las armas en la era Bolsonaro

El discurso oficial y las políticas concretas potenciaron que la gente acceda a todo tipo de armamento. Se multiplicaron por cinco los permisos y aumentaron un 24% los homicidios con pistolas, revólveres y fusiles sólo en el último año. Los clubes de tiro afloraron por doquier.


Por Gabriel Michi



Hay discursos que instalan ideas. Y hay políticas que las habilitan y las potencian. En Brasil, desde la campaña presidencial de 2018, Jair Bolsonaro venía machacando con un discurso que fomentaba que los ciudadanos se armen. Lo hacía desde una diatriba en la que hacía hincapié en que eso constituía un derecho y apuntalado también en una sensación de inseguridad que atraviesa a todo el país -pero en especial a las grandes urbes- por el accionar criminal de los delincuentes. "Un pueblo armado jamás será esclavizado", era una de sus frases de cabecera. Y, cuando finalmente Bolsonaro llegó al Palacio del Planalto, puso en marcha políticas concretas que habilitaron una realidad muy peligrosa. Cuyos resultados están a la vista.


Bolsonaro no sólo habló a favor de las armas, sino que también posó más de una vez simulando disparar.

Desde que el mandatario asumió el poder (el 1 de enero de 2019) la importación de armas de fuego se disparó en Brasil, a niveles nunca vistos en los últimos 25 años y con récords en los últimos dos meses mientras se acercan las elecciones presidenciales. Y no sólo eso: la mayor permeabilidad en el acceso a las mismas multiplicó por cinco los permisos oficiales: se pasó de 117.000 a más de 673.000 el registro de cazadores, tiradores deportivos y coleccionistas, algo que supera ampliamente el número de policías (406.384). Y, lo que es más grave, las facilidades que habilitaron los decretos de Bolsonaro, permiten que -sin demasiados requisitos ni preguntas- cualquier ciudadano pueda acceder a armas más potentes que los que tienen las fuerzas de seguridad.


Otros datos que despiertan el alerta. Mientras que el 2021 la tasa general de homicidios bajó un 13%, los cometidos con armas de fuego aumentaron un 24%. Y, desde que Bolsonaro es presidente, se crearon más de 1.000 clubes de tiros en todo Brasil. Los decretos de flexibilización en el acceso a las armas fueron tan ilógicos que hasta le permiten a cualquier ciudadano tener hasta 60 revólveres y pistolas y hasta 30 fusiles de asalto. Lo que, en manos de delincuentes, puede volverse aún más peligroso.


El boom de las armas en la Era Bolsonaro multiplicó por cinco el registro de usuarios.

Según Bruno Langeani, autor del libro "Arma de fuego en Brasil: desencadenante de la violencia", "desde la llegada de Bolsonaro ha habido una serie de flexibilizaciones en la legislación que generaron una carrera por la compra de armas en Brasil, y este aumento, dependiendo de que el registro sea en la Policía Federal o en el Ejército, es de 300% a 500%". Y agrega: "Lo que es más grave es que estamos viendo una compra de una mayor cantidad de armas por ciudadano (...) Hoy en día un civil puede comprar armas muchas veces más potentes que la propia policía".

A la amenaza que representa tanto que un ciudadano no preparado tenga armas tan letales sin control, como que terminen en manos de bandas criminales muy peligrosas como el Primer Comando Capital (PCC) o el Comando Vermelho, se suma el violento clima político en la previa a las elecciones presidenciales del próximo 2 de octubre (del que dio cuenta MundoNews en agosto pasado) y que ha obligado a que los dos principales candidatos, el propio Bolsonaro y Luis Inacio "Lula" Da Silva deban ir con chalecos antibala a los actos proselitistas. Frente a los riesgos que representa ese contexto el Supremo Tribunal de Justicia decidió suspender -al menos temporalmente- varias de las nuevas facilidades en el acceso a la compra de armas.


Desde que Bolsonaro asumió el poder se abrieron más de 1.000 clubes de tiro.

La ONG Foro Brasileño de Seguridad Pública calcula que hay unos 4,4 millones de armas en manos privadas en Brasil, país de 212 millones de habitantes. Un tercio de ellas (1,5 millones) tienen el permiso vencido. “Cuando el gobierno facilitó el acceso a las armas, me dije que teníamos que acompañar eso”, dijo el ex policía federal Marcelo Costa, presidente del club Mil Armas, inaugurado hace cuatro años.


Del otro lado, Langeani, que también es miembro de la ONG especializada en seguridad Instituto Sou da Paz, advierte por su parte del “riesgo” de que esas armas acaben en manos de las milicias y del narcotráfico no es una simple especulación. De hecho eso quedó demostrado en el caso de un coleccionador preso en Río de Janeiro con 60 armas adquiridas legalmente, destinadas a la poderosa banda criminal Comando Vermelho.


El discurso, las imágenes y después la política que encaró el actual presidente brasileño dispararon un boom de un consumo armamentístico nunca visto. Y así se desató un peligro para toda la sociedad. Porque, como se sabe, a las armas las carga el diablo. Y Bolsonaro parece haberle escrito el guión.


Eduardo Bolsonaro, hijo del presidente brasileño y diputado federal, también posó con armas.


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