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Brasil: la amenaza global

La desastrosa política sanitaria de Bolsonaro llevó al gigante de Sudamérica a un colapso en su sistema de salud y a ser el segundo país del Mundo con más muertos por COVID 19, sólo detrás de los EE.UU.. Hoy, cada día, lo supera en cantidad de casos y fallecidos. Especialistas internacionales alertan sobre el peligro hacia sus vecinos y el resto de la Humanidad.



Por Gabriel Michi



"Somos un ejemplo para el Mundo", dijo sin sonrojarse. El Presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, no tuvo empacho de lanzar semejante aseveración a la que lo contradice la propia realidad. El gigante de Sudamérica no sólo atraviesa el peor momento frente al COVID 19, sino que es considerado el epicentro de la Pandemia a nivel mundial. Hoy el 23% de las muertes que ocurren en el Planeta por Coronavirus se dan en Brasil, pese a que ese país tiene el 2,8% de población. Y el 15% de los nuevos contagios también aparecen en territorio brasileño.


Promediando el mes de marzo, Brasil superó los 2.200 muertes diarias, con una media semanal de más de 1.700 fallecidos cada jornada. Y, con eso superó en el registro diario, nada más y nada menos, que al propio Estados Unidos, país que tiene 330 millones de habitantes, es decir 120 millones más de los 210 que tiene Brasil. Si bien la potencia norteamericana sigue liderando a nivel mundial la cantidad de contagios (con casi 30 millones de casos desde el inicio de la Pandemia) y de fallecidos (más de 530.000), el país gobernado por Bolsonaro también lo superó en la cantidad de casos nuevos que se registran cada día.




Pese a los dichos de Bolsonaro, el mundo científico lo contradice. Un trabajo hecho por expertos australianos del Instituto Lowy llegó a la conclusión que Brasil es el país que peor administro la Pandemia en todo el Mundo. Un total de 98 naciones fueron puestas bajo la lupa. Mientras Nueva Zelanda encabezó la nómina de los que enfocaron correctamente su respuesta de políticas sanitarias contra el COVID 19, el gigante sudamericano se ubicó en el peor lugar, del otro lado de la lista. Lo acompañaron México, Colombia, Irán y Estados Unidos.


Y los datos duros que surgen de la realidad brasileña parecen darle la razón a las científicos. Así, el epidemiólogo Pedro Hallal, de Rio Grande do Sul, uno de los Estados más afectados y con su sistema de salud al borde del colapso, señaló: "Brasil se está convirtiendo en una amenaza para la salud pública global".


Hoy, en 25 de las 27 capitales del país las camas ocupadas en las UCI superaron el 80%. Y en más de la mitad de esas ciudades, se pasó el 90% de ocupación. Es más, en varios lugares ya no hay camas en las terapias intensivas y han tenido que improvisar algunas en otras salas o, incluso, en ambulancias. En algunas localidades del interior de San Pablo, ya hay decenas de personas que fallecieron ante la imposibilidad de conseguir una cama de las UCI. El epidemiólogo Pedro Hallal, en declaraciones a la BBC, sostuvo: "Aquí en el sur de Brasil, la situación se está poniendo realmente mala, superamos el 100% de la ocupación en las unidades de cuidados intensivos. La gente se siente abandonada por el gobierno federal".



Bolsonaro, pese a haber contraído el COVID, se mostró en actos con miles de personas sin respetar los protocolos.


La denominada "cepa amazónica", que tuvo su origen en Manaos ya tiene una presencia muy importante en todo el país y preocupa mucho más porque su velocidad de contagio es dos veces superior a la cepa original y aún no se sabe si las vacunas son efectivas ante esta variante. Los Estados del sur de Brasil, incluso aquellos que tienen un límite directo con la Argentina, atraviesan una situación dramática tanto en los contagios como en el colpaso de sus sistemas sanitarios.


Brasil tiene una tasa de 128 muertes por cada 100.000 habitantes. Eso lo ubica en el puesto 11 entre los 20 países más afectados del mundo, en un triste ranking que ubica en la cúspide de los que tienen mayores tasas a República Checa (208 muertes por cada 100.000 personas) y Reino Unido (188 muertes por cada 100.000 personas). Y la aceleración en la cantidad de fallecimientos en territorio brasileño, sumado a la de contagios, no hace más que agregar más preocupación.


Con record de contagios y muertes. Con un sistema de salud ya saturado y en vías del colapso total. Con nuevas cepas del COVID mucho más agresivas. Con gran parte de la sociedad que se resiste a las medidas de distanciamiento social y aislamiento. Y, sobre todo, con un Presidente negacionista como Jair Bolsonaro que desafía a la ciencia y desoye a los especialistas y a la propia realidad. Con todo eso junto, Brasil se convirtió en un bomba epidemiológica no sólo puertas adentro de sus fronteras. Hoy es un peligro para la región. Y una amenaza global.



En muchos lugares de Brasil, entre ellos Manaor, debieron multiplicar las tumbas por la cantidad de muertos.


Una carta abierta desgarradora

Más allá de que distintas organizaciones sociales e incluso la propia Iglesia denunció como "genocidio" la política sanitaria de Jair Bolsonaro ante los foros internacionales frente a lo que viene ocurriendo con el COVID 19, una carta pública a la Humanidad, firmada entre otros por Chico Buarque y Leonardo Boff, generó mucho impacto en todo el Mundo. La misiva decía: 


Carta abierta a la humanidad
«Vivimos tiempos oscuros, en los que los peores han perdido el miedo y los mejores la esperanza». Hanna Arendt
Brasil pide ayuda a gritos.
Los brasileños comprometidos con la vida son rehenes del genocida Jair Bolsonaro, que ocupa la Presidencia de Brasil, junto a una banda de fanáticos movidos por la irracionalidad fascista.
Este hombre sin humanidad niega la ciencia, la vida, la protección del medio ambiente y la compasión. El odio al otro es su razón para ejercer el poder.
Brasil sufre hoy el colapso intencionado del sistema sanitario. El abandono de la vacunación y de las medidas preventivas básicas, el estímulo a la aglomeración y la ruptura del confinamiento, combinados con la ausencia total de una política sanitaria, crean el ambiente ideal para nuevas mutaciones del virus y ponen en riesgo a toda la humanidad. Observamos con horror el exterminio sistemático de nuestra población, especialmente de los pobres, quilombolas (afroamericanos) e indígenas.
Nos hemos convertido en una «cámara de gas» al aire libre.
El monstruoso gobierno genocida de Bolsonaro ya no es sólo una amenaza para Brasil, sino una amenaza global.
Hacemos un llamamiento a los organismos nacionales – STF, OAB, Congreso Nacional, CNBB – y a las Naciones Unidas. Pedimos urgencia a la Corte Penal Internacional (CPI) en la condena de la política genocida de este gobierno que amenaza la civilización.
La vida por encima de todo».









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