Cambio climático: La sequía del Danubio abrió un túnel del tiempo
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La falta de agua en el icónico río de Europa hizo aparecer desde huesos de mamuts hasta barcos nazis hundidos de la Segunda Guerra Mundial. Problemas con centrales nucleares.
Por Gabriel Michi

Es el segundo río más largo de Europa. Tan icónico que hasta tiene su propio vals. Y ha sido protagonista de múltiples historias, reales y ficticias. Pero hoy atraviesa uno de sus momentos más críticos. El Danubio, ese extenso cauce fluvial que recorre más de 2.900 kilómetros y 10 países —Alemania, Austria, Eslovaquia, Hungría, Croacia, Serbia, Rumania, Bulgaria, Moldavia y Ucrania— afronta una sequía como nunca se ha visto y esa situación ha hecho aparecer desde milenarios huesos de mamuts hasta decenas de barcos nazis de la Segunda Guerra Mundial, como si hubiera abierto un túnel del tiempo. Pero, más allá de esas curiosidades, esa bajante y escasez de agua -producto del cambio climático- pone en peligro hasta las centrales nucleares de Hungría y Ucrania.
En cuanto a las reliquias que aparecieron se sabe que los huesos de ese animal gigante remiten a la que Edad de Hielo, es decir, al período que se comenzó hace unos 110 000 años y terminó alrededor del 9700 A.C. Eso ocurrió en Bulgaria, cerca de la ciudad de Ruse, donde un vecino del pueblo de Ryahovo detectó esos restos óseos en el lecho del río seco: Fue allí que los expertos del Museo Regional de Historia de Ruse confirmaron que pertenecieron a un mamut lanudo que vivió durante la Edad de Hielo. Entre los elementos encontrados estaba la mandíbula, fragmentos de colmillos, parte de una escápula y un fémur, todos concentrados en un mismo punto, lo que hace pensar que pertenecen al mismo ejemplar. Se trataría de un animal joven y la coloración oscura de los huesos podría indicar que pasó buena parte de su vida en un entorno pantanoso.
En tanto, cerca del puerto serbio de Prahovo, el retroceso del agua dejó al desnudo importantes vestigios de la Segunda Guerra Mundial como cascos oxidados y mástiles de la flota del Mar Negro de la Alemania nazi, hundida deliberadamente en septiembre de 1944 para frenar el avance de las fuerzas soviéticas hacia los Balcanes. Se calcula que hubo cerca de 200 buques que corrieron esa suerte, aunque la rendición alemana llegó ocho meses después, en mayo de 1945.
Hasta el momento por esta sequía han aflorado al menos 20 restos de distinto tamaño y muchas de esas embarcaciones todavía están cargadas de municiones y explosivos, lo que representa un riesgo muy concreto y real para la navegación, en un escenario donde los buques de gran calado ya no están pasando. Ese particular fenómeno no sólo se vivenció en Serbia y Bulgaria. En Croacia, cerca del pueblo croata de Opatovac, también resurgió un carguero húngaro hundido en 1937.
Otros problemas que generó la sequía es que las barcazas (en Serbia y otros lugares) sólo pueden transportar una fracción de su carga habitual de combustible importado, y las centrales quedaron al borde del cierre por falta de agua suficiente para refrigerar sus reactores. Eso derivó en una crisis energética sin precedentes en algunos países ya que por primera vez en la historia de ambos países, por ejemplo, Hungría y Rumania se vieron obligadas a reducir la operación de reactores nucleares por esa cuestión. Por eso, gobiernos de toda la región de Europa Central y del Este ya implementan medidas de emergencia para el ahorro de electricidad ante la escasez de agua disponible frente a semejante sequía.
Si bien no es la primera vez que algo así ocurre, pero esta vez el nivel del agua bajó todavía más, al punto de que el Danubio tiene en algunos lugares unos 10 centímetros de profundidad en zonas donde normalmente tiene varios metros. Todo en un contexto de una ola de calor inédita en toda Europa, con incendios forestales que han destruido miles de hectáreas en muchos países (como España, Francia, Italia, Grecia, Portugal y Albania, entre otros).
La aparición de restos bélicos y prehistóricos por la baja de las aguas -a raíz de una sequías sin precedentes- son una evidencia más de la gravísima crisis climática por el calentamiento global que sufre el planeta y más en particular Europa. Más allá de la curiosidad "arqueológica", la baja sin precedentes del río Danubio no sólo abrió un túnel de tiempo hacia esas postales del pasado. También abrió un particular e inquietantemente premonitorio túnel de tiempo que desnuda lo que puede llegar a devenir en el futuro, sino se toma conciencia de ese flagelo. Un futuro incierto y apocalíptico.






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