Europa polarizada: La extrema derecha y la izquierda ganan las urnas en Alemania y Suecia

Mientras que AfD, la alianza acusada de ser filo nazi, vuelve a ser la más votada en el Este germano, el movimiento anticapitalista Linke quedó primero en Berlín. Por su parte, en el país nórdico los socialdemócratas lograron volver al triunfo tras cuatro años de derecha radical.
Por Gabriel Michi

Eruopa parece correrse a los extremos y dejar atrás las posiciones centristas. Así se vio reflejado en las elecciones de las últimas horas llevadas adelante tanto en Alemania como en Suecia. En territorio germano ocurrió algo muy llamativo, mientras la untraderechista Alternativa para Alemania (AfD) obtuvo el primer lugar en las elecciones estatales del noreste de Alemania, La Izquierda aventajó al resto de los partidos en Berlín, la capital. Ambos resultados constituyen un fuerte golpe contra el canciller Friedrich Merz , cuyo partido conservador de derecha (UDC) obtuvo el peor resultado desde 1949. El propio Merz lo dijo conmtodas las letras: "Es un desastre", al conocer los primeros registros a boca de urna. Sin embargo, aseguró que seguiría con su programa de reformas, haciendo frente así a después de las especulaciones de que un mal resultado podría provocar su dimisión.
La ultraderecha ganó las elecciones en Mecklemburgo-Pomerania Occidental con el 38,3% de los votos, mientras que la centroizquierda del Partido Socialdemócrata (PSD) quedó segundo con el 35,2%. Por su parte, La Izquierda obtuvo el 6,5% y Los Verdes el 5,7%. Recién en quinto lugar apareció el oficialismo de la Unión Demócrata Cristiana de Alemania (UDC) con apenas el 4,9% lo que le haría que no obtenga ninguna banca en el Parlamento de esta región del noreste germano.
Este resultado de la polémica AfD -que plantea un discurso violentamente anti inmigrates- se da apenas unas semanas después del otro primer puesto que obtuvo en las elecciones de Sajonia-Anhalt, también en el oriente alemán antes comunista hasta la reunificación del país tras la caída del Muro de Berlín y la disolución de la Unión Soviética. Es más, el partido acusado de ser neonazi, lidera las encuestas de opinión nacionales, pero se ha visto impedido de llegar al poder por la negativa de los otros partidos principales a colaborar con él, en lo que se ha dado en llamar el "cordón sanitario" de la política.

Mientras tanto, en otras elecciones celebradas el domingo en la capital, Berlín, el partido de extrema izquierda Linke ("La Izquierda) obtuvo el primer lugar con 25,3% de los votos, mientras que el porcentaje de votos de los conservadores de Merz, que actualmente gobiernan el Estado en coalición con los socialdemócratas, cayó al 19%. La AfD también ganó fuerza en la ciudad, que tradicionalmente es liberal, alcanzando el 16,3%. Es la primera vez que Linke queda primera en Berlín. Llega con un discurso basado en la idea de nacionalizar la vivienda en manos de grandes propietarios y limitar los alquileres: en la capital alemana se calcula que el 80% de las personas son inquilinos mientras que las propiedades están concentradas en un puñado de grupos empresarios que imponen las reglas que quieren
Ambas elecciones son una fuerte bofetada para Merz, cuya imagen y aprobación están por el piso, y las reformas que ha impulsado son muy impopulares. La anterior victoria de la AfD en Sajonia ya habían dejado en la cuerda floja al canciller, jaqueado también por algunos índices económicos que han perjudicado a vastos sectores de la pooblación sobre todo por el aumento del precio de la energía por las guerras de Rusia-Ucrania y la de Medio Oriente.
AfD supo capitalizar el enojo colectivo con propuestas de extrema derecha como la deportación masiva de los extranjeros sin derecho a permanecer en Alemania, restablecer los lazos energéticos con Rusia y abandonar el euro, dentro de una militancia "euroescéptica" que hace tiempo parecía marginal pero que ahora ganó el centro de la escena. Y se perfila como una opción muy competitiva con vista a las elecciones federales previstas para 2029. Algo que causó una enorme conmoción en toda Europa. Aunque por ahora los demás partidos principales se niegan a firmar acuerdos de coalición con ella para formar gobierno en esas regiones.
Lo paradójico es que mientras que el domingo la ultraderecha se impuso en Mecklemburgo-Pomerania Occidental, en Berlín el enojo hizo que los votos se inclinen más hacia el otro extremo y que La Izquierda quede primera. Y es que ese aumento descomunal del valor de la energía y la vivienda jaquearon a Merz quien había presentado un paquete de ayudas al consumidor que incluía recortes de impuestos sobre el combustible. Pero parece demasiado tarde y así Alemania se polarizó hacia posiciones extremas y contrapuestas.

SUECIA GIRÓ A LA IZQUIERDA
Donde también se dio un viraje importantes fue en Suecia. Allí, en las elecciones legislativas se dio una ajustada victoria a la oposición de centroizquierda, después de haberse mantenido como hegemónica la extrema derecha. Los cuatro partidos liderados por la socialdemócrata Magdalena Andersson sumó 176 de los 349 escaños del Parlamento, frente a los 173 del bloque conservador del primer ministro Ulf Kristersson, quien anunció su dimisión. Según el conteo, hubo una diferencia de 50.359 votos entre los bloques.
Así Andersson podría volver al Gobierno tras cuatro años en la oposición. Los socialdemócratas vuelven a ser la primera fuerza del país, mientras los ultraderechistas Demócratas de Suecia pierden 11 diputados y dejan de ser el principal partido del bloque de derechas.
Hasta último momento hubo suspenso con el resultado por lo ajustado que estaban los números. Y esa incertidumbre terminó siendo dispersada por el voto en el Exterior. Las papeletas enviadas desde otros países se incorporaron al recuento tardío junto con los votos anticipados que no habían llegado a tiempo a sus respectivos distritos. Finalmente el triunfo fue para los socialdemócratas aunque para formar gobierno, Andersson deberá conciliar al Partido de la Izquierda con el centrista Partido del Centro, que rechaza compartir Gobierno con la formación heredera del antiguo Partido Comunista.
La dirigente señaló: "El pueblo sueco ha votado por un nuevo rumbo para nuestro país. Ha votado por la cohesión y en contra de la división". En su agenda se priorizan temas como el cambio climático, el desempleo y su deseo de implementar una política migratoria razonable y poner fin a las deportaciones de adolescentes. "Quiero ver una nueva era de cooperación entre los partidos políticos", señaló. Marcando así una diferencia notable con la ultraderecha que estaba en el poder. Y otra muestra más de ese péndulo que va de un extremo a otro en una Europa cada vez más polarizada.






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