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Crónicas de la guerra IV: Yo vengo a ofrecer mi corazón

Actualizado: 1 abr

Alexis Garea es un argentino que vive en Polonia y que cuando se enteró de la desesperante situación de los refugiados ucranianos en la frontera, dejó todo, canceló sus vacaciones y se fue a colaborar. "Me voy a ayudar a unos amigos", le dijo a su hijo. En el lugar vio situaciones dramáticas, en particular, con niños. Pero se esperanza: "Hay más gente buena que mala".


Por Gabriel Michi


Alexis Garea vive hace dos años en Polonia y cuando vio la situación de la frontera fue a ayudar a los refugiados.

Hay héroes de hierro y bronce que remiten a epopeyas pasadas. Y hay héroes de carne y hueso que, con humildad y silencio, también escriben páginas presentes de la historia. No usan sables ni balas. Sólo su mejor arma: el corazón. Y en esta tragedia que se vive por la guerra entre Rusia y Ucrania, esas miles de almas anónimas florecieron de la nada, casi mágicamente, con el único propósito de ayudar a los que más lo necesitan. A poner su cuerpo y su esfuerzo a disposición de los refugiados que huyen de las bombas. Y a abrazarlos desde lo más profundo. Uno de ellos es argentino. Se llama Alexis Garea. Y, ni bien se enteró de la tragedia humanitaria que se había desatado en la frontera de Polonia -país donde vive desde hace dos años y medio- y Ucrania, decidió que no podía quedarse de brazos cruzados. Estaba a punto de comenzar sus vacaciones, pero las canceló. Y apeló a la comprensión de su pequeño hijo. Le dijo: "Papá se tiene que ayudar a unos amigos". Y así fue. Esos "amigos" a los que desconocía. Pero que igual los sentía empáticamente cerca. Unidos por el dolor. Y "Alex", como se presentó cuando nos conocimos en el campamento fronterizo polaco para refugiados ucranianos, fue a dar todo de sí. A ofrecerles su corazón.


Cuando el conflicto comenzó, Alexis cargó su auto con ropa de niño que perteneció a su hijo y manejó por 8 horas, desde Gdansk, en la costa polaca del Mar Báltico, para llevar todo a la frontera. Llegó a un pequeño centro de acogida de refugiados en Dorohusk, a más de 600 kilómetros de su hogar. Y, al arribar, les preguntó a quienes organizaban la movida solidaria en qué podía ayudar. "Necesitamos brazos y manos", le respondieron. Así se puso a trabajar, día y noche, sin descanso, cargando y descargando cajas de donaciones para los refugiados, a los que les acercaron todo lo necesario para afrontar semejante desgarro.



"Cuando vine acá me sumé a uno de los grupos de voluntarios que me acogieron, porque no hablo polaco. Me dieron todo lo que necesitaba. Y ya hace una semana que estoy", contó ante la cámara de C5N, cuando lo vimos en plena tarea solidaria y decidimos entrevistarlo. De hecho, desde que llegó, los pocos momentos de descanso los transitó en los mismos lugares donde estaban los voluntarios de organizaciones como Cáritas u otras. "Cualquiera de mis amigos estaría acá conmigo", señaló este joven oriundo del barrio bonaerense de Santos Lugares, muy cerca de la Capital Federal.


Lo sorprendió lo rápido que se organizó todo para brindar ayuda a los refugiados ucranianos que cruzan la frontera escapando de los bombardeos rusos: "El pueblo polaco hizo un trabajo impresionante. La mayoría de estas donaciones son de personas comunes. Y en los primeros dos días se organizaron muy rápido". Y con eso llegó a una conclusión al menos esperanzadora: "El otro sentimiento es que hay más gente buena que mala. Es imposible que los malos ganen en esto". Y lo grafica con hechos concretos: "Hay gente que ha venido (a ayudar) de Holanda, de Francia, de Alemania, de Dinamarca, de Suecia...Gente que viene con su auto y buscan a refugiados o traen mercadería. Es increíble la ayuda de todo el mundo".


En esas muestras de solidaridad que Alexis enumera hay una que conmociona especialmente: la de las personas que abren las puertas de sus propios hogares para que los refugiados tengan un techo. "Muchos hacen eso. Incluso el gobierno de Noruega envió un colectivo gigante y ofreció a todos los refugiados no sólo transporte sino también la residencia".



El voluntario argentino en plena acción en Dorohuts, mientras cargan camionetas con ayuda para los refugiados.

Durante su estadía en la localidad fronteriza polaca de Dorohuts, Alexis Garea cruzó todas las veces que pudo al lado ucraniano, donde la situación es aún más dramática. "Hay muchos de los voluntarios que no quieren ir porque es muy difícil lo que se ve allí", cuenta. Es más, en medio de esas carpas donde se asientan ollas populares y todo tipo de ayuda solidaria para los recién llegados, esos mismos que han dejado atrás sus propias vidas y sus afectos, Alex explicita: "esto es un camping comparado con lo que pasa del otro lado; es un jardín de infantes. Son miles de niños que salieron de sus casas sin nada. Y son mamás de 20 o 25 años", describe.

Otra cosa que sorprendió a Alexis fue la enorme cuota de nacionalismo y de defensa de su tierra que encontró entre los ucranianos. Si bien los convocados a luchar son todos los hombres de entre 18 y 60 años, para este argentino "si hay un ucraniano de 16 o 17 años creo que también se queda. Tienen unas agallas terribles. He visto a tres hermanos que al más grande lo dejaron y el del medio se quedó..."


"Hay más gente buena que mala" dijo Alexis ante el equipo de C5N que lo entrevistó en la frontera Polonia-Ucrania.

Una de las datos que más le preocupó a "Alex" fue la enorme demora que los refugiados sufren para cruzar la frontera. "Esperemos que puedan acelerar el trámite de la frontera. Esta muy lento, tanto del lado de Ucrania, como del lado de Polonia. En especial de noche". Y narra un ejemplo muy doloroso ocurrido días antes: "Llegó un bebé de tres meses en una incubadora y estuvo en estado crítico porque no supieron ajustarla bien. Y el chico casi se muere. Hay todo esos tipos de historias. Cada 5 minutos hay una historia diferente".

Pero no fue lo único que le encendió las luces de alarma. "Vi de todo. Lo peor de lo peor. Ya hay reportes de mujeres secuestradas, de niños secuestrados, tanto en el lado de Ucrania como de Polonia. Ayer estuve en Ucrania y ahí uno puede ayudar a la gente cuando más lo necesita. Cuando llega acá ya es un segundo puesto. Pero cuando podemos cruzar la frontera y ayudarlos del otro lado, es realmente donde hacemos la diferencia. Son solamente niños y mamás muy jovencitas", explicó.


Además. otro tema que le preocupó a Alexis es el hecho de que no se cumpla con los compromisos asumidos en cuanto a los corredores humanitarios para garantizar las salidas de los habitantes de zonas bombardeadas. "Los corredores humanitarios no estaban funcionando. Y los que llegan a Polonia tienen retrasos de al menos tres horas en las fronteras", describe.



Alexis Garea, preocupado por la crisis humanitaria.

Este voluntario argentino también detalla la difícil situación que se vive en los lugares atacados: "Amigos que están cerca de la frontera me contaron que hace días que no paran de disparar. Pero ellos están muy positivos, diciendo 'no nos van a ganar'. Los mensajes son muy positivos, incluso del borde más cercano a Rusia. Y en Kiev, la gente está la mayor parte del tiempo en los Shelters o bunkers. Están todo el día bajo tierra en el Metro. Están escondidos ahí y eso dificulta a la comunicación" .


Y vuelve sobre su idea esperanzadora: "Hay más gente buena que mala en este mundo. Es impresionante la cantidad de gente que viene a ayudar. La cantidad de ucranianos que quieren volver a su país para ayudar es infernal", señala Alexis. "Las mejores noticias que recibimos están en las redes sociales, no en los diarios. Hay muchos grupos de gente que está muy organizada comunicando lo que está pasando, sin ningún tipo de color político", concluye.


Garea habló también sobre las denuncias que existieron sobre presuntos hechos de discriminación en el cruce de la frontera Ucrania-Polonia hacia inmigrantes africanos. Y señaló: "Yo recibí hace unos días un colectivo de estudiantes extranjeros; habían indios, africanos y chinos. Lo que hay no es discriminación. Hay prioridades. Porque si yo tengo un colectivo con 50 niños y otro colectivo con 30 estudiantes, la prioridad son los niños". Él asegura que no es una cuestión racial. "Yo no vi discriminación. Lo que vi son un montón de chicos de 20 o 21 años que no tienen ningún problema en esperar donde sea y están reclamando porque no los dejan pasar rápido. Eso es lo que vi yo. Nada de cuestiones raciales. De hecho a mí me han recibido muy bien acá"


"Lo que más te duele son esas imágenes de las mujeres que llegan con sus bebés en brazos, con ropa no preparada para estos fríos y eso te parte el alma. Cuando fui a Ucrania lo que más hice fue tener bebés en brazo. Y ayudar a las mamás a recoger las cosas que nosotros les estábamos ofreciendo", explica Alexis. Este argentino que en realidad está brindando mucho más que eso. El argentino que fue hasta la frontera de los refugiados a poner su cuerpo y su alma. A ofrecer su corazón.




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