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Cuando el ser humano se vuelve inhumano

En Iquique, Chile, miles de manifestantes marcharon contra la presencia de inmigrantes venezolanos y colombianos en situación de calle. Y les quemaron las pocas pertenencias que tenían: desde las carpas donde habitaban, la ropa, los colchones y hasta los juguetes de sus niños. Hubo repudio en todo el Mundo por semejante acto de xenofobia. La crítica de Piñera.


Por Gabriel Michi



Golpear al que está en el piso. Saquear al que no tiene nada. Humillar al más débil. Ensañarse con el que sólo puede sobrevivir. De eso se trató lo que se vivió el pasado fin de semana en la ciudad costera chilena de Iquique, cuando un grupo violento de manifestantes antiinmigrantes quemaron y destruyeron las pocas pertenencias de un grupo de venezolanos y haitianos que no tenían más refugio que unas destartaladas carpas en medio de la calle. En ese hecho vandálico, inhumano y humillante les incendiaron sus precarios hogares de tela, su sus colchones, su ropa y hasta los juguetes y pañales de sus niños. Un hecho aberrante. Por donde se lo mire. Y que mereció el repudio de gran parte del Mundo, de muchos otros compatriotas y hasta del Presidente de Chile, Sebastián Piñera.


El sábado 25 de septiembre una marcha donde participaron entre 3.000 y 4.000 personas en Iquique se había movilizado para reclamar a las autoridades por una supuesta "inacción" frente a lo que consideran una "inmigración descontrolada". Y que, utilizando en su gran mayoría, pasos fronterizos clandestinos muchos inmigrantes (sobre todo venezolanos y, en menor medida, colombianos) se habían instalado hace meses en plazas y lugares abiertos a la espera de poder seguir viaje pero sin recursos para hacerlo. Después de que el viernes 24 los carabineros desalojaron un campamento de unas 100 familias en la Plaza Brasil de Iquique, ese hecho pareció envalentonar a los más intolerantes. Y, al otro día, en medio de su manifestación un grupo de los anti-inmigrantes decidió ir más allá y quemar los pocos bienes que los más desclasados entre los desclasados abrazaban como su últimos recursos.




Las víctimas, ciudadanos que escaparon de sus países por las enormes crisis políticas, económicas, sociales y de seguridad que atraviesan, quedaron más desamparados en su ya terminal desamparo. Y ahora, con menos que nada, sólo les queda esperar alguna respuesta de las instituciones. La primera respuesta fue improvisar refugios en algunas instituciones solidarias. Pero con eso no alcanza. La otra opción que encontraron las autoridades de Iquique fue enviar a algunos de esos inmigrantes a otro lugar de Chile donde puedan ser recibidos o bien donde algunos de ellos tengan familia o conocidos. Pero sea cuál sea la improvisada solución que se encuentre, lo cierto es que ellos no podrán olvidar nunca en sus vidas como, estando en el fondo de un abismo, hubo otros que intentaron hundirlos aún más.


Las terribles y condenables imágenes xenófogas recorrieron el Mundo e indignaron a propios y extraños. De hecho hasta la ONU se pronunció y expresó "preocupación por la violencia y xenofobia" hacia inmigrantes en Chile. Y continuó: "Respetando la soberanía [de Chile], instamos a las autoridades y la población a actuar en el marco del respeto a los Derechos Humanos y el derecho internacional humanitario": En su cuenta de Twitter, la ONU subrayó:

"Reiteramos la voluntad de apoyar con asistencia técnica y colaborar en los esfuerzos de las autoridades nacionales y locales", agregó. En concreto, se evaluó la posibilidad de que la ONU arme un campamento humanitario -como los que ya ha levantado en distintos lugares del Planeta- pero las autoridades chilenas lo han rechazado por el momento, no sólo por lo simbólico que eso representaría sino porque eso podría llevar a una instalación permanente o, por lo menos, de mucho tiempo.





También criticaron esa barbarie xenófoga desde la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). El representante de esos organismos que atiende los casos de los refugiados y migrantes venezolanos, Eduardo Stein, expresó en una carta publicada en las redes sociales su "tristeza y consternación" por los hechos "de odio, intolerancia y xenofobia" en Iquique, que "son sumamente preocupantes".

"Estos actos de intolerancia van contra el espíritu solidario, de acogida y respeto por los derechos fundamentales que el pueblo y el gobierno de Chile han demostrado históricamente, recibiendo a los venezolanos y venezolanas con generosidad, de la misma manera que, en el pasado, el pueblo venezolano abriera sus puertas a un gran número de refugiados y migrantes chilenos", afirmó Stein.




En tanto, en territorio chileno también se alzaron voces de repudio a ese accionar discriminatorio y violento. El propio Presidente Sebastián Piñera, de gira por Uruguay, señaló: "Condenamos categóricamente la brutal agresión que una turba descontrolada cometió contra un grupo de migrantes irregulares de origen venezolano. Estamos haciendo todo lo necesario para que ese crimen no quede impune y sea severamente sancionado, de acuerdo a la ley". También aseguró que "como gobierno estamos cumpliendo el compromiso de poner orden en nuestra casa, promoviendo una migración legal, ordenada y segura, que proteja los derechos de los migrantes, que muchas veces son abusados por bandas de trata de personas y que también proteja los derechos de los chilenos".


En ese mismo sentido se expresó el ministro del Interior de Chile, Rodrigo Delgado, quien luego de criticar la violenta protesta, sostuvo que "vamos a seguir con los desalojos en todos los espacios públicos que se requieran" y también "con el plan de expulsiones" de migrantes indocumentados que lleva a cabo el gobierno chileno. Vale recordar que un día antes de que los xenófogos atacaran a los inmigrantes venezolanos y colombianos hubo un hecho que los envalentonó a hacerlo: la eliminación del campamento en la Plaza Brasil de Iquique por parte de los carabineros. O sea, más de lo mismo.


Lo cierto es que un amplio arco de la sociedad chilena rechaza y repudia semejante actos de intolerancia. Son exabruptos extremistas que no representan a una sociedad que intenta dejar atrás todos los signos de intolerancias que les dejó la dictadura pinochetista. Y que hoy está embarcada en una Convención Constituyente que busca dar un sello refundacional a la democracia chilena, enterrando esa herencia tenebrosa. Una sociedad que ha asimilado, con altos y bajos, A los más de 460.000 inmigrantes venezolanos que han llegado en los últimos años en busca de un sueño de un destino mejor. Y que, como muestra la tapa del diario de Iquique "El Longino" le dice "No a la xenofobia".