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Cuando viajar deja de ser un placer y se convierte en un caos

Un ránking mostró cuáles son los aeropuertos más estresantes del Mundo para los viajeros. El Londres Gatwick encabeza la lista. Cuáles son los otros y por qué figuran en la nómina.


Por Gabriel Michi



Cuando a las personas se les pregunta cuáles son sus metas a cumplir o las actividades que más le gustan la palabra "viajar" aparece entre las primeras opciones. En general, viajar se relaciona con algo placentero. Se lo vincula con el descanso, con el descubrimiento nuevos destinos, con el aprendizaje, siempre y cuando ese traslado se relacione con cuestiones más urgentes, obligatorias u laborales. Pero en el ideario de las personas, la posibilidad de viajar aparece como una de los grandes placeres de la vida. Y, en general, esos tours de placer se los concreta a través de los aviones, el medio más rápido y seguro del Mundo. Sin embargo, en el medio hay que transitar por aeropuertos, donde no siempre se viven situaciones que ayuden al relax. Y, en particular, en algunos de ellos. Y así lo demuestra un estudio realizado por la página web de asesoramiento sobre visados VisaGuide.World. En ella se clasificó cuales resultan ser los aeropuertos más estresantes del mundo y lo hizo luego de encuestar a 1.642 pasajeros de 53 nacionalidades diferentes. Pasajeros que hubieran realizado al menos dos viajes internacionales en avión durante 2023. Y hubo uno en particular que corrió en punta: el Londres Gatwick, el segundo aeropuerto más grande del Reino Unido, resultó ser el aeropuerto más estresante del mundo para viajar.


Si bien por esa estación aérea transitan menos pasajeros que en otros aeropuertos, tiene una de las puntuaciones más altas en densidad de pasajeros. Y su porcentaje de retrasos anuales es el segundo más alto de los diez primeros, y la distancia al centro de la ciudad -43 kilómetros- es la más elevada. Todos elementos que llevaron al Gatwick a liderar el ranking de los más estresantes de todo el planeta.


Lo ocurrido en ese aeropuerto de Londres forma parte de un contexto en el que el mercado se vio vio sacudido -durante el 2023- por una gran cantidad de huelgas, problemas en los sistemas y condiciones meteorológicas adversas. Todos esos elementos contribuyeron a volver más estresantes las experiencias viajeras. Pero no fueron las únicas: hay otras que son estructurales y que exceden las circunstancias específicas de una coyuntura determinada. Por ejemplo, los grandes aeropuertos que en muchas ocasiones son difíciles de recorrer debido a su tamaño, los que están abarrotados de pasajeros por su intenso tráfico aéreo y las distancia del centro de la ciudad que los alberga. A todo eso hay que sumar un factor determinante: los retrasos en los vuelos.


A partir de estas preocupaciones, VisaGuide.World estableció una clasificación de aeropuertos utilizando cinco factores: número total de pasajeros, tamaño del aeropuerto en metros cuadrados, densidad de pasajeros por metro cuadrado, porcentaje de retrasos anuales y distancia al centro de la ciudad en kilómetros.


En el ránking estrés, después del primer lugar ocupado por el Londres Gatwick, figura el aeropuerto turco de Estambul. Es el más transitado de Europa, con 64.289.107 pasajeros en 2022 y el séptimo aeropuerto más transitado del mundo. Su enorme tamaño -unos 76 millones de metros cuadrados- es abrumador para las personas que por él transitan y der hecho eso fue lo que señalaron en la encuesta.


En tercer lugar aparece el aeropuerto alemán de Múnich ocupa el tercer lugar, que si bien registró la mitad de la cantidad de viajeros que el de Estambul (unos 31.642.738 de pasajeros en 2022), es cinco veces de menor tamaño, lo que evidencia una mayor densidad de personas por metro cuadrado.


El Aeropuerto Internacional de Denver, en Estados Unidos, ocupa el cuarto lugar, y el quinto, otro británico, el de Heathrow. Este último es el segundo aeropuerto más transitado de Europa (61.614.508 pasajeros por años), y es aún más pequeño que el de Munich, lo que habla de una mayor concentración de seres humanos en una superficie menor. El sexto lugar estresante fue para el Aeropuerto Internacional de Los Ángeles, seguido por el Roma-Fiumicino, el Dallas Fort Worth, el John F. Kennedy (Nueva York) y el O'Hare (Chicago).


Todos esos destinos suelen ser muy apetecibles para el turismo internacional. Más allá de ser de los más transitados por otras cuestiones (negocios, estudios, escalas a otros destinos), por ellos pasan millones de personas cada año en busca de momentos de placer que, a veces, se convierten en un caos, en un infierno. Y donde los aeropuertos juegan un rol central. Volviendo a los viajeros en pasajeros de una pesadilla.





Una mirada muy particular


En una columna de opinión en El País (España), el periodista Galo Martín Aparicio, quien se identifica como viajante frecuente, narró lo estresante que le resulta todo el trámite previo hasta llegar a su destino. En la nota, titulada "Estrés, cafés caros y maletas de mano: por qué odio los aeropuertos", describe que para él "El aeropuerto es el peaje que se paga por volar a ciertos destinos. Destinos que no siempre merecen la pena. El aeropuerto es una trampa". Y enumera la gran cantidad de situaciones estresantes que él -como cualquier otro viajante- atraviesa desde el momento en que saca un ticket aéreo, va al aeropuerto, hace el check-in, , transita por Migraciones y Aduanas, espera la salida, embarca y vuela


"Las aerolíneas compiten por ver cuál de ellas se lo pone más difícil a los pasajeros. Nos quieren al borde de un ataque de nervios y que la maleta que no hemos facturado (por el coste económico y de tiempo que supone) viaje en la bodega del avión. Mientras la fila avanza me aseguro de llevar conmigo toda la documentación en regla, en vigor e impresa; DNI o pasaporte y tarjeta de embarque, y cruzo los dedos para que mi maleta siga midiendo y pesando lo mismo que medía y pesaba la última vez que la medí y pesé. Diez kilos, con unas medidas que se han convertido en un estribillo pegadizo, 55 x 40 x 20 cm. Exceder el peso máximo permitido de equipaje supone pagar una cantidad de dinero muchísimo mayor de lo que cuesta todo lo que contiene la maleta o ponerse a reorganizar en plena terminal y sacrificar algo de nuestro excesivo equipaje a la vista del resto de pasajeros. No pasar vergüenza en un aeropuerto está al alcance de muy poca gente", cuenta Galo Martín Aparicio .


Después, con mucha ironía, relata las peripecia a la hora de pasar por los rayos x antes del embarque y lo complicado que eso resulta con la cantidad de elementos que las personas llevan consigo: "Cuando me toca pasar el control de seguridad, si pito me lo tomo como una derrota. Puede darse el caso de que no pite, pero que tenga que abrir la maleta para mostrar a la persona de seguridad que eran infundadas las sospechas que había con el objeto que el escáner no reconocía. Tampoco le culpo, todavía no sé cómo puede identificar nada en esa pantalla en la que hay más colores que formas".





Y continúa: "En un aeropuerto siempre hay que estar alerta. La puerta de embarque puede cambiar sin avisar. Lo único que se avisa por megafonía en todos los aeropuertos del mundo es que no se avisa del cambio de puerta de embarque. Hay que consultar las pantallas informativas. Algo que suelo hacer cada dos o tres minutos". Y se pregunta: "¿cómo hacen esas personas que van con el tiempo justo al aeropuerto y no sufren un ataque de ansiedad. Yo nunca corro por una terminal porque siempre voy con margen más que suficiente para realizar un vuelo transoceánico, aunque vuele a Santander. Cuando embarco, vuelvo a resoplar de alivio".

"La relajación me dura hasta que el avión aterriza y me dirijo a recoger mi maleta. Mientras espero a que aparezca en la cinta transportadora, busco con la mirada dónde se encuentra el mostrador del equipaje extraviado. Pienso en mi maleta y me la imagino abandonada y sola en el hangar de algún triste aeropuerto de un país al que no creo que viaje nunca. También pienso qué haré en caso de que me digan que han encontrado en su interior droga o dinero sin declarar. Cosas que seguro alguien me ha metido, a pesar de haber candado mi maleta, con un candado que se abre con cualquier llave y/o con un palillo. Sin recurrir ni a la fuerza, ni a la maña. Hasta ahora nunca me ha pasado, pero estoy casi seguro que me pasará. Es mi fatal destino, pienso", expresa el periodista español con su sarcasmo.


Y concluye: "Al ver aparecer mi maleta siento alivio y ganas de llorar. Lágrimas que pronto se convierten en algo de resquemor por no ser el motivo de la algarabía que hay al otro lado de la puerta en la terminal de llegadas. Ni soy el motivo de la alegría que suele haber en ese espacio, ni nadie me espera sosteniendo y mostrando una tableta con mi nombre y apellidos. A partir de ese momento somos mi maleta golpeada, en el mejor de los casos, o con una rueda que no gira, y yo. Tras el viaje, será momento de pasar de nuevo por todo este tránsito que, al final, siempre merece la pena, ya sea para descubrir un lugar o para regresar a casa".


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