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La interminable odisea de una argentina para volver a casa

Actualizado: jul 15


Una sommelier mendocina tardó más de tres meses en poder regresar a su hogar. Trabaja en un crucero de VIP y estando a sólo dos horas de reencontrase con sus hijos quedó atrapada en el laberinto generado por el Coronavirus y que la alejó casi 100 días de ese sueño. En el medio, cuatro cuarentenas a pura supervivencia y un raid que incluyó a varios compatriotas.


Por Gabriel Michi


Federica es sommelier de cruceros de alta gama. Por el cierre de puertos por el COVID 19, atravesó una odisea.



Esta es una historia increíble. De aquellas donde el destino juega una mala pasada. Cuando una persona está en el lugar indicado, pero es el tiempo el que conspira. Es la historia de Federica Salvador (37), una sommelier argentina que trabaja en una de las empresas de alta gama de cruceros, y que, con la aparición de la Pandemia del Coronavirus y los consecuentes cierres de los distintos puertos en el Mundo, estuvo tan sólo a dos horas de llegar a su casa y abrazar a sus dos pequeños hijos. Pero esas dos horas se transformaron en más de tres meses. Si, Federica sólo pudo atravesar la puerta de su casa en Mendoza recién 97 días después de lo planeado. Tras atravesar un verdadero periplo, una insólita odisea, que la fue alejando cada día más de los brazos de su familia, habiendo estado sólo a dos horas de conseguirlo.


El cuadro toma un dramatismo mayor si se tiene en cuenta que para el momento en que se iba a producir el reencuentro, esta joven y prestigiosa sommelier ya llevaba 7 meses navegando. Y ese ultimo viaje de 15 días se convirtió en un accidentado derrotero durante un trimestre de desventuras. Partió en agosto de 2019, iba a terminar el periplo el 15 de marzo y finalmente pudo ingresar en su hogar el pasado 20 de junio. Un raid interminable que duró casi un año.


Federica estaba terminando su contrato que duraba unos 7 meses, después de haber recorrido distintos lugares del Mundo, y encaraba el último tramo de 15 días con un viaje que salió de Buenos Aires el 2 de marzo y que debía terminar en Chile el 15 de marzo. Desde la capital argentina, fueron parando en distintos puntos del territorio nacional como Puerto Madryn (Chubut) y Ushuaia (Tierra del Fuego). A partir de allí, el crucero cruzó los mares australes para comenzar a navegar hacia el Norte por la Costa del Pacífico chileno. Fue cuando hicieron escala en Punta Arenas y Puerto Montt y encarar hacia el destino final: San Antonio, el puerto más cercano de Santiago, la capital del país trasandino.




Federica Salvador, en el centro de la foto, recibiendo una distinción junto a las autoridades del crucero.



"Cuando estábamos haciéndolo veíamos en las noticias que había una enfermedad que había empezado en China y que posteriormente había pasado a Italia, pero todo eso se veía como algo muy lejano. Y estando tan al Sur del Mundo pensamos que no nos iba a tocar. Al llegar a Chile nos encontramos con que dos horas antes el puerto de Santiago había dispuesto cerrar y nos quedamos a bordo. Fue un golpazo muy fuerte porque los pasajeros habían ido por unas vacaciones sólo por 15 días y no podían bajarse. Y muchos de ellos habían dejado a sus hijos al cuidado de un familiar, o las mascotas, o tenían que volver al trabajo. Y no había manera de bajarse del barco y pisar tierra. En mi caso, yo terminaba después de 7 meses de estar lejos, era mi momento de venir a casa y descansar; y sobre todo de ver a mis hijos", cuenta Federica a MundoNews. Ella es madre de dos niños pequeños, Xacome de 9 años y Sion de 3. "Habíamos estado todo este tiempo separados y era el momento de juntarnos. Y lamentablemente Chile no nos dejó desembarcar", explica Federica.


Ella trabaja de sommelier hace 17 años. Formó parte de la primera camada de profesionales de esa especialidad que se graduó en Mendoza cuando se empezó a dictar la carrera en dicha provincia. Desde hace cuatro años decidió literalmente "embarcarse" en esta aventura de desarrollar su expertiz sobre el agua, en cruceros de alta gama que recorren los mares del Mundo. Por su desempeño, primero fue designada como “Head Sommelier” y luego promovida a "Cellar Master" (jefe de Sommeliers). Claro que esa aventura tiene un costo muy alto: estar tan lejos de su familia durante meses. En especial de sus hijos. "Esa es la parte más difícil del trabajo. Internet es fundamental. Yo trato de hacer viajes en barcos que me acercan a la Argentina, porque así, por lo menos una vez al mes, puedo ver a mis hijos. Y un poco se compensa con el hecho de que después tenemos vacaciones que son de dos a cuatro meses", narra Federica. En este caso, ella comenzó este último contrato en agosto de 2019, con la previsión de terminar en marzo de este 2020. Pero todo cambió.


Mientras esto ocurría, en Mendoza la esperaban sus hijos y Esteban (39), el marido de Federica, que es un chef español que también trabaja en cruceros, pero en una firma distinta. "Tratamos de combinarnos para que siempre haya alguno de nosotros con los niños. Y cuando los dos no podemos estar, que son pocas ocasiones de un mes o a lo sumo dos meses, mi mamá se muda a nuestra casa. Los chicos siempre están en casa. Esa es la forma que nos organizamos". Esa organización suele ser un reloj de precisión. Siempre y cuando no aparezca una Pandemia. Y se cierren en cadena todos los puertos. Como ocurrió en este caso.


Federica junto a su marido Esteban, que es chef en otros cruceros, y sus hijos Xacome y Sion.


Su último viaje iba a terminar en Chile, el 15 de marzo, pero allí le cerraron las puertas, como también en Perú, Ecuador, Costa Rica y México. Llegaron a California, Estados Unidos, el 30 de marzo, y un caso de COVID 19 los "internó" por casi dos meses (hasta el 23 de mayo) en el crucero. Lograron una ventana para volar a Barbados, en el Caribe. Y después no conseguían regresar a Argentina. Finalmente arribó a Buenos Aires el 3 de junio y de ahí la llevaron en micro a un hotel en Mendoza. Recién el 20 de junio pudo reencontrarse con los suyos. 3 meses y cinco días después de lo previsto. Habiendo estado a apenas dos horas de lograrlo. En el medio transitó por cuatro cuarentenas. Y todo tipo de peripecias que convirtieron el viaje en una verdadera odisea.



- MundoNews: ¿Cómo fue la situación en Chile, donde empezó toda esta pesadilla?

- Federica Salvador: En Chile, no solamente había pasajeros que tenían que bajar en Santiago sino que también que había otros que tenían que embarcar allí. Había gente que viajó desde distintos lugares del Mundo para subir en Santiago para hacer el siguiente crucero, de 15 días de duración, y que llevaba la gente hasta San Diego, Estados Unidos. Esa gente también se quedó varada en Santiago porque Chile cerró. Además para nosotros también era importante porque era nuestro puerto de carga. Más allá de la desazón y del baldazo de agua fría que me cayó encima, como a todos en general, también era nuestro puerto de carga. Ahí cargábamos combustible, comida, agua, medicinas, y también bajábamos basura.


Federica describe que en todo puerto se descargan los residuos que se generan durante el trayecto del crucero en alta mar. Esos desechos suelen estar reciclados en la misma embarcación pero se dejan en los puertos. "No pudimos hacer nada de eso. Chile nos negó absolutamente acercarnos a la Costa, a pesar de que nosotros no teníamos infectados por COVID 19. Y Chile tenía sólo 87 personas infectadas en todo el país. Pero decidieron no dejarnos entrar", explica la sommelier.


MundoNews: ¿Pero qué fue lo que exactamente ocurrió en Chile?

Federica Salvador: La verdad es que fue bastante tedioso porque estuvimos cinco días en las costas chilenas tratando justamente cargar este material que necesitábamos para seguir viaje. Ellos no nos permitían acercarnos pero sí que en una sola barquita se fuera cargando poco a poco la mercadería, el agua, y tardamos cinco días.


Mientras que ellos esperaban una solución en territorio chileno veían con desesperación cómo se iban cerrando los próximos puertos que debían tocar por las medidas de aislamiento que iban adoptando los demás países para evitar la llegada del Coronavirus. Era una carrera contra reloj. Se bloquearon Perú, Ecuador, Costa Rica y México, todos los lugares donde se pretendía hacer escala. "Estábamos allí, en Chile, sin poder salir porque no teníamos el suficiente combustible, veíamos como todo se nos iba cerrando arriba. La única puerta que se abrió, porque la empresa es norteamericana, fue la de San Diego. Si bien EE.UU. ya estaba cerrado en ese momento, pero nos dejaron desembarcar a los pasajeros", rememora Federica.


"Imaginate a esa gente que había salido a dar una vuelta por el Sur de Argentina... Muchos de ellos no tenían pasaporte, porque estaban viajando a países limítrofes", narra la mendocina. Incluso recuerda el caso de una pareja de más de 80 años que había salido sólo con el DNI. Y de pronto se encontraron con que tenían que ir a los Estados Unidos, sin pasaporte ni visa para ingresar a ese país. Claro que allí se avizoraraban otros problemas: "Era todo un conflicto también diplomático que se veía. Pero la compañía logró arreglar para que las autoridades de California permitiesen eso. Y el acuerdo era que al llegar a San Diego, se subían a un autobús que los llevaba al aeropuerto y de ahí volaban a Buenos Aires. No iban a estar ni un minuto de más en suelo estadounidense".


- MundoNews: ¿Cuándo pudieron salir de Chile?

- Federica Salvador: Luego de cinco días de estar en Chile cargando provisiones, emprendimos viaje hacia San Diego. Tuvimos que hacerlo a una velocidad muy lenta porque teníamos que cumplir con los 15 días de cuarentena que nos había impuesto EEUU -en un viaje normal se tarda entre 7 a 9 días- y para que al llegar a California poder desembarcar a los pasajeros y a los tripulantes que ya habíamos terminado el contrato.


El exclusivo barco donde desarrolla las tareas como sommelier tiene una capacidad de unos 3.500 pasajeros y unos 1.500 tripulantes. Unas 200 personas que integraban el personal debían descender en EE.UU. porque habían culminado sus contratos y el resto debía quedarse a bordo, para hacer tareas de limpieza y desinfección. Mientras que los tripulantes se quedaban en el crucero cobraban un sueldo mínimo. Federica sostiene que: "la mayoría de los tripulantes prefirieron quedarse a bordo y evitarse hacer esa cuarentena en tierra porque en realidad todos ya la venían cumpliendo en el barco".



Federica es somelier desde hace 17 años y por su excelencia profesional fue elegida por cruceros de lujo.



El crucero llegó a San Diego el 30 de marzo. Para ese entonces, en gran parte de los EE.UU. comenzaban con los procesos activos de confinamiento. También en la propia Argentina ya se había iniciado el "Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio". "Es interesante porque hasta ese momento eso de la cuarentena era un concepto nulo. Los pasajeros llamaban a sus familias y éstas les decían que se queden en el crucero ya que allí iban a estar mucho mejor, porque había teatro, piscina, spa. Y los que estaban en tierra le decían que ellos estaban encerrados y no podían salir. Por eso, el concepto de cuarentena no existía para nosotros. Ni el distanciamiento social. Seguíamos viviendo con restaurantes atestados de gente, la sala de teatro llena, la piscina lrepleta de gente. Nadie utilizaba barbijo porque no se había detectado ningún caso de Coronavirus a bordo. Lo que veíamos en televisión para nosotros era un mundo ficticio. Adentro del crucero no teníamos una real dimensión de lo que pasaba afuera", describe Federica.


Todo parecía encaminarse hacia una solución. Pero sólo en apariencia. Cuando llegaron a San Diego. empezaron a desembarcar a los pasajeros. Y allí comenzaría una nueva odisea. En la primera tanda de recién llegados, las autoridades de California detectaron un caso de Coronavirus. "Ese fue como el gran parate, más allá del choque frontal que habíamos tenido con el cierre de frontera en Chile. El segundo gran golpe fue darnos cuenta que el virus se había filtrado y lo teníamos a bordo", dice con desazón. Se trataba de una mujer norteamericana que, aparentemente, se habría contagiado en el puerto chileno de Punta Arenas, donde se cruzaron con un contingente de turistas que pertenecían a otro crucero y donde sí se confirmaron contagios. La mujer fue hospitalizada rápidamente y, si bien estuvo en terapia intensiva, logró recuperarse.


Pero, claro, allí debían dilucidar todos los posibles contactos que ella pudo haber tenido y quiénes fueron, dentro de la población, los encargados del sector donde la paciente estuvo alojada. "Había que ver dónde estuvo comiendo, quién la atendió, en qué camarote había estado y quién era el encargado de arreglar ese espacio. Y, a partir de allí, cuántos más podíamos estar infectados. Normalmente los tripulantes dormimos de a dos en una cabina. Entonces, quizás también se podía haber contagiado el compañero de cuarto de quien atendió a la señora. Y así la cadena... Se produjo una sensación de paranoia a bordo", explica la sommelier. Se pudo determinar quienes la habían atendido. A ese personal se los sometió a exámenes y solamente la mucama que limpió la habitación dio positivo. El resto, no.

Fue entonces que las autoridades californianas decidieron frenar en un primer momento el desembarco pero luego finalmente permitieron que los pasajeros (por una cuestión de riesgo) pudieran descender, ante el peligro que representaba ese virus para los adultos mayores.

De los 1.500 tripulantes del crucero, alrededor de 30 contrajeron Coronavirus. "El resto estuvimos encapsulados. Así que no hubo manera de que eso se propagara. Excepto aquellos que habían estado con pasajeros que sí tuvieron COVID 19. Porque al final hubo alrededor de 20 pasajeros que, con el correr de los días, saltó en sus respectivos países que habían dado positivos". Por suerte, no hubo ninguna víctima fatal.




El último día antes de emprender el regreso, Federica se dio el gusto de sonreir con sus amigos de Ucrania y Filipinas.


Argentinos a bordo



En ese crucero viajaban unos 86 argentinos. Entre ellos Estela Ventura, esposa del periodista de espectáculos Luis Ventura. Los argentinos pudieron partir el día 2 de abril (junto a un grupo de uruguayos y colombianos, entre otras nacionalidades latinoamericanas) hacia San Pablo, Brasil. Estuvieron allí hasta que Argentina los dejó ingresar. Solamente unos 9 argentinos se quedaron a bordo del crucero porque habían presentado síntomas y estaban aislados en sus camarotes. Tuvieron que permanecer allí hasta que un mes después fueron repatriados.


En tanto, a los tripulantes, entre ellos Federica, las autoridades no les permitieron descender del barco. "Tuvimos que quedarnos en cuarentena estricta, uno por habitación y encerrados. Yo hablaba con mi casa y se quejaban de que estaban encerrados, sin salir a la calle, y que era tremendo. Y pensaba para mí que por lo menos tenían un patio, o podían ir al supermercado. Nosotros estuvimos encerrados sin salir de las cuatro paredes. Se nos daba la comida y se nos tomaba la temperatura al menos dos veces al día. Pero no pudimos salir de nuestros camarotes. Estuvimos así unos 59 días en total hasta que pudimos viajar a la Argentina".


- MundoNews: ¿Cómo pudo sobrellevar todo eso?

- Federica Salvador: Los primeros días estaba destruida. Estaba muy triste porque del otro lado mis hijos, que son chiquitos, me preguntaban: "mamá, ¿no vas a venir? Nos dijiste que llegabas ayer. ¿Por qué no venís?". Era durísimo. No sabíamos cuándo íbamos a volver y eso era lo peor. Así que los primeros días fueron de una debilidad emocional muy fuerte. Y la forma de sobrellevarlo que me propuse fue entender que esa era la realidad que me tocó vivir y que tenía que fortalecerme para volver a casa.


- MundoNews: ¿Qué hizo para fortalecerse?

- Federica Salvador: Poco a poco lo que hice fue meditar, hacer algo con el cuerpo, caminaba en círculos por la habitación para hacer algo de ejercicios. Después empecé a hacer algo de yoga, porque tampoco tenía mucho espacio. Y también busqué hacer algo para la mente: me propuse aprender un idioma por Internet. Me bajé una aplicación y empecé a aprender ruso. Con el ruso, ya hablo 8 idiomas. Pero era más que nada para hacer algo. Y, con el tiempo, volví a retomar un poco el tema del estudio del vino, que a mí tanto me apasiona. Lo que pasa es que al principio estaba como desencantada y no quería saber nada con mi trabajo. Y otra cosa que fue de mucha ayuda fue que establecimos un grupo de WhatsApp con los argentinos que estaban a bordo, que éramos en ese momento unos 30, y eso nos permitía estar en contacto.




Federica disfruta mucho de los viajes, que son muy sacrificados, y regala simpatía entre los pasajeros.

Esa situación de encierro obligado llegó a provocar hasta suicidios en algunos de esos mega cruceros. No ocurrió en el de Federica. Pero sí en otros que ella conocía. "Corrían los días y vos estabas encerrada en un cuarto, sin novedades, donde no sabías cuándo ibas a volver", señala la argentina. "Nosotros tratábamos con todos los consulados argentinos que teníamos cerca: el de Los Ángeles, el de Miami. Y los vuelos de repatriación de argentinos se sucedían desde Miami, pero nosotros estábamos en el Pacífico, en San Diego. Además había una realidad: esos vuelos estaban dispuestos para personas que tenían una mayor necesidad de volver. Había mucha gente durmiendo en los pisos de los aeropuertos, sin poder comer, sin mucho dinero. Entonces, era normal que ellos estuvieran como prioritarios en la lista y nosotros no, entendiendo que nosotros dormíamos en una cama, nos podíamos duchar; la empresa nos había dado Internet, lo que nos permitía estar conectados permanentemente con la familia. Y teníamos comida. Por lo que no éramos un grupo prioritario. Y estábamos de acuerdo con eso. Lo que pasó fue que siguieron pasando los meses y nosotros seguíamos sin ser prioritarios", rememora la mendocina.


- MundoNews: ¿Y qué les decían las autoridades argentinas?

- Federica Salvador: Las autoridades argentinas decían que cada vez quedaban menos compatriotas en el Exterior. Y nosotros decíamos: "estamos acá, ¿no nos están viendo?". Además nos pasó algo muy paradójico: nuestra empresa estaba de acuerdo en pagarnos un chárter, que fue lo que finalmente pasó, pero lo que ocurrió es que Argentina, para controlar el flujo de gente que ingresaba, no permitía la entrada de un chárter. Es decir, permitía solamente el ingreso del avión de Aerolíneas que se utilizaba para repatriar. Nosotros no podíamos ocupar esos lugares de los vuelos de repatriación pero tampoco nos aceptaban la entrada del chárter, que incluso era más conveniente para el país. Esa sensación de que van pasando los meses y vos estás ahí, teniendo la herramienta pero no te la aceptaban, era muy desesperante.


- MundoNews: ¿Cómo lograron volver?

- Federica Salvador: Finalmente se abrió mágicamente una puerta de salida que fue a través de Barbados, una pequeñísima isla del Caribe, que se hizo cargo y decidió actuar de corredor humanitario para que todos los tripulantes de cruceros puedan utilizar su aeropuerto para volver a sus casas. Pero en nuestro caso había que llegar desde el Pacífico en barco hasta Barbados, en el Atlántico. Y era imposible porque nuestro barco es muy grande y no pasa por el Canal de Panamá. Y Estados Unidos no nos dejaba pisar tierra. Tuvo que pasar casi dos meses para que los estadounidenses nos dejaran utilizar el aeropuerto de San Diego y salir por ahí.


Incluso ese viaje en avión desde los Estados Unidos hacia Barbados fue complicado. Estaba previsto que fueran a través de chárters privados. No podían pisar territorio norteamericano salvo para tomarse el autobús que los iba a buscar al barco y los llevaba hasta el aeropuerto. Y allí, sin pasar por el edificio de la terminal aeronáutica, directo por la pista al avión. "Así logramos llegar a Barbados. Y allí estuvimos unos 10 o 15 días más. Y recién ahí pudimos volar a Buenos Aires. Al final eramos unos 250 argentinos, de toda esta empresa, que nos dividimos en dos grupos de 125. Y usamos dos aviones. El primer avión despegó sin problemas. Y el segundo avión, que era el nuestro, no hubo manera que arrancara. Finalmente logramos llegar a Buenos Aires sobre la hora, porque el gobierno argentino nos dio un margen por el que el día 3 de junio teníamos que entrar al país. Si perdíamos ese día, no podíamos entrar hasta que nos volvieran a dar permiso. Y nos íbamos a quedar varados por tercera o cuarta vez, ahora en Barbados. Era desesperante. Por suerte a última hora se resolvió lo del avión, pero sobre el final. Y pudimos llegar a Buenos Aires el día 3 de junio, antes de la medianoche, que era el horario límite", recuerda.


- MundoNews: Pero todavía faltaba llegar a Mendoza...

- Federica Salvador: Ya en Buenos Aires nos pasó lo mismo que al resto. Si erasde Capital o del Gran Buenos Aires te ibas directo a tu casa a hacer la cuarentena. Y los que éramos del Interior, te juntaban en un autobús y nosfueron repartiendo por las provincias. En mi caso, en un trayecto normal un bus de Buenos Aires a Mendoza dura unas 14 horas y en este caso tardamos unas 32 horas, porque fuimos dejando gente en Santa Fe, Rosario, Córdoba, Río Cuarto, San Luis, hasta llegar a Mendoza. Y en Mendoza, otra cuarentena de 14 días en un hotel. Y finalmente el 20 de junio pude llegar a ver a mis hijos. Y ser feliz.




La somelier aprendió muchas lecciones de supervivencia mientras estuvo sumergida en esta odisea.

- MundoNews: ¿Pudo sacar alguna enseñanza de lo que le tocó vivir?

- Federica Salvador: Hay un par de situaciones interesantes de lo que es la superviviencia humana, o de la supervivencia emocional...Si bien estábamos bien cuidados y teníamos una cama, una ducha e Internet (que es fundamental en estas situaciones), hay que entender que estábamos flotando en el mar, sin que ningún puerto nos dejara acercar; entonces, cada vez las porciones de comidas eran más chiquitas porque no podíamos recargar... Se empezaron a acabar elementos esenciales como la pasta dental, el jabón, la crema corporal. Por ejemplo, se acabó la crema y no había donde recargar; entonces empezamos a usar manteca del desayuno, para pasártela en el cuerpo porque, después de tantos días, con la sal de mar se te empieza a secar la piel. Y encima habíamos llegado a lugares donde estaba empezando el verano y hacía mucho calor, y eso te quemaba la piel. Entonces usábamos manteca que funcionaba igual pero el olor era distinto, no tan agradable. También secábamos la yerba. Y descubrí que un saquito de té se puede usar hasta cinco veces. La sexta, ya no tiene ni color ni sabor. Cosas que aprendés con la supervivencia extrema. Además, al estar encerrado si te traían algo que no te gustaba, pasabas dos o tres días sin comer. Fue una historia de supervivencia mental muy jodida; pero acá estamos. Y para los que nos gusta el mar, todos estamos ya ansiosos para dentro de unos meses volver al trabajo.


- MundoNews: ¿Hay algún mensaje que quisiera transmitir en base a lo que vivió?

- Federica Salvador: Yo sé que todos estamos deseando volver a una vida normal o lo más normal que se pueda, y sobre todo cuando hablamos de un concepto económico (volver a trabajar, a producir). Pero para que eso suceda tenemos que ser muy conscientes de la libertad que nos permite dar paso a paso para volver a esa normalidad. Después ves noticias de gente que saltó la cuarentena para hacer una fiesta ilegal y eso no está bien. Todos tenemos ganas de ir de fiesta,de hacer algo lindo, y algo lúdico en nuestra vida, pero (al igual que en un barco) este es un trabajo en equipo. En un barco te salvás en equipo. Y en una situación como la que estamos viviendo como argentinos, también. Nos queda poquito. Nos queda un último esfuerzo. Y si hay un mensaje que quiero transmitir es ese: nos queda un último esfuerzo y es el momento de tomárnoslo en serio y de salir de esto juntos. Y poder volver a una normalidad regulada y sana. Sobre todo, sana.







Cronología de una odisea
 
 El "viaje eterno" de Federica Salvador comenzó en agosto de 2019. Según cuenta el periodista Oscar Pinco en su sitio Ecocuyo, el itinerario previo a este último recorrido incluyó destinos tan variados como Alaska, Hawaii, Japón, Hong Kong, Seúl, Tailandia, Vietnam, Malasia, Singapur, Puerto Rico, Barbados, Bahamas, Aruba, México, Costa Rica, Ecuador, Perú, Chile, la Antártida, Islas Malvinas, Uruguay, Brasil, entre muchos otros. Fueron 7 meses intensos, pero era lo previsto. Hasta que apareció la Pandemia y el último viaje se transformó en eterno. En una cronología de lo impensado:  
 
 - 2 de marzo: Comienza el crucero Buenos Aires-Santiago (Chile)
 
 - 15 de marzo: Llegada a Santiago donde debía terminar el crucero. Les impiden descender. Era el punto final del viaje de Federica.
 
  - 30 de marzo: Arriban en el crucero a San Diego, Estados Unidos, tras un viaje de 15 días para cumplir con la cuarentena. Bajan pasajeros y en la primera tanda detectan un caso de COVID 19. Les impiden descender al resto.
  
  - 2 de abril: Se van los pasajeros argentinos que estaban sin síntomas. Fueron enviados a San Pablo hasta finales de abril que Argentina les permitió ingresar. La tripulación se queda en el barco y también algunos pasajeros por sospechas de tener síntomas compatibles al COVID 19.
   
  - 23 de mayo: La tripulación vuela a Barbados, después de una cuarentena estricta de 45 días.En la isla caribeña también entran en cuarentena.
  
  - 3 de junio: Federica llega en avión chárter a Buenos Aires, junto a otros 250 argentinos.
   
  - 5 de junio: La sommelier llega a Mendoza, tras 32 horas en micro, donde iban repartiendo a otros argentinos por distintas provincias. Al llegar debe cumplir otra cuarentena en un hotel, sin ver a los suyos.
   
   - 20 de junio: Federica Salvador llega finalmente a su casa y se reencuentra con sus dos hijos, su esposo y el resto de la familia. 

 
 




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