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La interminable odisea de una argentina para volver a casa

Actualizado: 15 de jul de 2020


Una sommelier mendocina tardó más de tres meses en poder regresar a su hogar. Trabaja en un crucero de VIP y estando a sólo dos horas de reencontrase con sus hijos quedó atrapada en el laberinto generado por el Coronavirus y que la alejó casi 100 días de ese sueño. En el medio, cuatro cuarentenas a pura supervivencia y un raid que incluyó a varios compatriotas.


Por Gabriel Michi


Federica es sommelier de cruceros de alta gama. Por el cierre de puertos por el COVID 19, atravesó una odisea.



Esta es una historia increíble. De aquellas donde el destino juega una mala pasada. Cuando una persona está en el lugar indicado, pero es el tiempo el que conspira. Es la historia de Federica Salvador (37), una sommelier argentina que trabaja en una de las empresas de alta gama de cruceros, y que, con la aparición de la Pandemia del Coronavirus y los consecuentes cierres de los distintos puertos en el Mundo, estuvo tan sólo a dos horas de llegar a su casa y abrazar a sus dos pequeños hijos. Pero esas dos horas se transformaron en más de tres meses. Si, Federica sólo pudo atravesar la puerta de su casa en Mendoza recién 97 días después de lo planeado. Tras atravesar un verdadero periplo, una insólita odisea, que la fue alejando cada día más de los brazos de su familia, habiendo estado sólo a dos horas de conseguirlo.


El cuadro toma un dramatismo mayor si se tiene en cuenta que para el momento en que se iba a producir el reencuentro, esta joven y prestigiosa sommelier ya llevaba 7 meses navegando. Y ese ultimo viaje de 15 días se convirtió en un accidentado derrotero durante un trimestre de desventuras. Partió en agosto de 2019, iba a terminar el periplo el 15 de marzo y finalmente pudo ingresar en su hogar el pasado 20 de junio. Un raid interminable que duró casi un año.


Federica estaba terminando su contrato que duraba unos 7 meses, después de haber recorrido distintos lugares del Mundo, y encaraba el último tramo de 15 días con un viaje que salió de Buenos Aires el 2 de marzo y que debía terminar en Chile el 15 de marzo. Desde la capital argentina, fueron parando en distintos puntos del territorio nacional como Puerto Madryn (Chubut) y Ushuaia (Tierra del Fuego). A partir de allí, el crucero cruzó los mares australes para comenzar a navegar hacia el Norte por la Costa del Pacífico chileno. Fue cuando hicieron escala en Punta Arenas y Puerto Montt y encarar hacia el destino final: San Antonio, el puerto más cercano de Santiago, la capital del país trasandino.




Federica Salvador, en el centro de la foto, recibiendo una distinción junto a las autoridades del crucero.



"Cuando estábamos haciéndolo veíamos en las noticias que había una enfermedad que había empezado en China y que posteriormente había pasado a Italia, pero todo eso se veía como algo muy lejano. Y estando tan al Sur del Mundo pensamos que no nos iba a tocar. Al llegar a Chile nos encontramos con que dos horas antes el puerto de Santiago había dispuesto cerrar y nos quedamos a bordo. Fue un golpazo muy fuerte porque los pasajeros habían ido por unas vacaciones sólo por 15 días y no podían bajarse. Y muchos de ellos habían dejado a sus hijos al cuidado de un familiar, o las mascotas, o tenían que volver al trabajo. Y no había manera de bajarse del barco y pisar tierra. En mi caso, yo terminaba después de 7 meses de estar lejos, era mi momento de venir a casa y descansar; y sobre todo de ver a mis hijos", cuenta Federica a MundoNews. Ella es madre de dos niños pequeños, Xacome de 9 años y Sion de 3. "Habíamos estado todo este tiempo separados y era el momento de juntarnos. Y lamentablemente Chile no nos dejó desembarcar", explica Federica.


Ella trabaja de sommelier hace 17 años. Formó parte de la primera camada de profesionales de esa especialidad que se graduó en Mendoza cuando se empezó a dictar la carrera en dicha provincia. Desde hace cuatro años decidió literalmente "embarcarse" en esta aventura de desarrollar su expertiz sobre el agua, en cruceros de alta gama que recorren los mares del Mundo. Por su desempeño, primero fue designada como “Head Sommelier” y luego promovida a "Cellar Master" (jefe de Sommeliers). Claro que esa aventura tiene un costo muy alto: estar tan lejos de su familia durante meses. En especial de sus hijos. "Esa es la parte más difícil del trabajo. Internet es fundamental. Yo trato de hacer viajes en barcos que me acercan a la Argentina, porque así, por lo menos una vez al mes, puedo ver a mis hijos. Y un poco se compensa con el hecho de que después tenemos vacaciones que son de dos a cuatro meses", narra Federica. En este caso, ella comenzó este último contrato en agosto de 2019, con la previsión de terminar en marzo de este 2020. Pero todo cambió.


Mientras esto ocurría, en Mendoza la esperaban sus hijos y Esteban (39), el marido de Federica, que es un chef español que también trabaja en cruceros, pero en una firma distinta. "Tratamos de combinarnos para que siempre haya alguno de nosotros con los niños. Y cuando los dos no podemos estar, que son pocas ocasiones de un mes o a lo sumo dos meses, mi mamá se muda a nuestra casa. Los chicos siempre están en casa. Esa es la forma que nos organizamos". Esa organización suele ser un reloj de precisión. Siempre y cuando no aparezca una Pandemia. Y se cierren en cadena todos los puertos. Como ocurrió en este caso.


Federica junto a su marido Esteban, que es chef en otros cruceros, y sus hijos Xacome y Sion.


Su último viaje iba a terminar en Chile, el 15 de marzo, pero allí le cerraron las puertas, como también en Perú, Ecuador, Costa Rica y México. Llegaron a California, Estados Unidos, el 30 de marzo, y un caso de COVID 19 los "internó" por casi dos meses (hasta el 23 de mayo) en el crucero. Lograron una ventana para volar a Barbados, en el Caribe. Y después no conseguían regresar a Argentina. Finalmente arribó a Buenos Aires el 3 de junio y de ahí la llevaron en micro a un hotel en Mendoza. Recién el 20 de junio pudo reencontrarse con los suyos. 3 meses y cinco días después de lo previsto. Habiendo estado a apenas dos horas de lograrlo. En el medio transitó por cuatro cuarentenas. Y todo tipo de peripecias que convirtieron el viaje en una verdadera odisea.



- MundoNews: ¿Cómo fue la situación en Chile, donde empezó toda esta pesadilla?

- Federica Salvador: En Chile, no solamente había pasajeros que tenían que bajar en Santiago sino que también que había otros que tenían que embarcar allí. Había gente que viajó desde distintos lugares del Mundo para subir en Santiago para hacer el siguiente crucero, de 15 días de duración, y que llevaba la gente hasta San Diego, Estados Unidos. Esa gente también se quedó varada en Santiago porque Chile cerró. Además para nosotros también era importante porque era nuestro puerto de carga. Más allá de la desazón y del baldazo de agua fría que me cayó encima, como