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La "mancha venenosa" de Trump

El Presidente de EE.UU. visitó una fábrica de productos medicinales que detectan el COVID 19 y lo hizo sin barbijos ni protección, pese a que todos los empleados los usaban. Tuvieron que tirar a la basura el material que se produjo durante su visita, pese al faltante que hay.


Por Gabriel Michi


Trump, sin barbijo ni protección, jugueteó con los hisopos. La fabrica de Maine tuvo que tirar la producción a la basura.

Todos estaban protegidos. Con los cuidados y protocolos imprescindibles que la prevención de la Pandemia de Coronavirus exige. Todos lucían sus trajes especiales, sus máscaras, sus protectores oculares, sus guantes, sus botas específicas. Todos, por supuesto, tenían sus barbijos. Todos menos uno. El hombre que mayor responsabilidad política tiene en la principal potencia del Mundo, la más arrasada por el Coronavirus. La que más infectados cosechó. Y la que más muertos tuvo. Pero él, su Presidente, decidió una vez más desentonar. Donald Trump lo volvió a hacer. Pero esta vez, con consecuencias directas e inmediatas.


Sin barbijo y sin ninguna protección (para él y para el resto), Trump recorrió el pasado viernes 5 de junio la plata de una fábrica de productos médicos en Portland, Maine, en el Noreste de Estados Unidos y ahora todo lo que de produjo en su visita va a terminar en la basura. La irresponsabilidad del presidente norteamericano hizo que esos elementos, tan fundamentales para detectar el virus y salvar vidas, tengan que ser desechados por el riesgo de que hayan sido contaminados por el mandamás del país. La "mancha venenosa" de Trump ahora dejó su estela destructiva en material sanitario indispensable para luchar contra el COVID 19. Según aseguró hace unos días, su capricho por no usar barbijo se basa en "no darle el gusto a la prensa", que mucho ha criticado su posición negacionista y su negligencia frente a la Pandemia.


Esta situación es aún más polémica y controversial si se tiene en cuenta que en los hogares de ancianos de Maine informaron que tienen un enorme y desesperante faltante de esos hisopos nasales que fabrica esta empresa y que no alcanzan para responder a la demanda que tienen de las personas de la tercera edad. Sí, mientras que Trump obligaba a desechar ese material, en estos asilos donde ocurrieron el 42% de las muertes por este virus en Maine no había suficientes elementos -como los que se tiraron a la basura- para detectar a tiempo a quienes padecen el Coronavirus.


La empresa "The Puritan Medical Products" es una de las dos principales que fabrican estos hisopos especiales y su producción resulta clave porque es aún escasa la cantidad disponible no sólo en territorio norteamericano sino también a nivel mundial. Fue la propia compañía la que informó que, a partir de la visita de Trump, iban a tener que descartar todo el stock que estaba produciéndose al momento de ese tour presidencial. Aunque reconocieron esa eliminación de los swaps, no aclararon la cifra total que debían arrojar a la basura.



Trump en acción, con el hisopo nasal en la mano. Aseguró que se hace el test cada dos días.

La compañía es una de las más importantes empleadoras en la ciudad de Portland, en el Condado de Cumberland, Maine. Allí trabajan habitualmente unas 1.500 personas, en una ciudad de 70.000 habitantes. Para poder duplicar su producción de 20 a 40 millones de hisopos -por la imperiosa necesidad de detectar a tiempo al arrollador COVID 19- recibió 75 millones de dólares del Gobierno. "Ahora nuestra nación ha recurrido a ustedes, a medida que aumentamos enormemente nuestra capacidad de prueba", señaló Trump. Pero en los hechos su descuidada actitud pareció contradecirlo.



The Puritan Medical Products emplea a 1.500 personas. Es una de las más importantes fabricantes de estos hisopos.

Mientras que el Presidente caminaba en forma rimbombante y sin ninguna protección, los trabajadores tenían colocados los protectores faciales, trajes especiales, botas de plástico, guantes y todo lo que se necesita para evitar el contacto con el virus. Incluso Trump paró para hablar con algunos de ellos, jugueteó con uno de los hisopos y festejó la gracia de un par de empleadas que le mostraron que debajo de sus delantales tenían remeras de campaña a favor de su reelección. Después incluso dio un discurso en tono electoral en un sector de la frábica donde le habían dispuesto un atril especial y con un fondo donde se veían las cajas que iban a ser enviadas a los puntos más variados de EE.UU. En su recorrida incluso bromeó y se jactó de hacerse un hisopado de esta fábrica cada dos días: "No debería decirte esto, pero lo uso cada dos días. Yo digo, '¿Es esto un puritano?'. haciendo referencia al nombre la la firma, "The Puritan Medical Products".




Un elemento indispensable y escaso


Además de la queja por el faltante de esos hisopos nasales -que ahora por culpa de Trump debieron tirar a la basura- no se centró sólo en los asilos de ancianos. Los funcionarios de salud pública de Maine y otros Estados se quejaron por su escasez y han señalado que eso dificulta la posibilidad de realizar pruebas masivas para detectar el Coronavirus. De hecho, la ausencia de esos instrumentos fue clave para entender por qué se dispararon los contagios y EE.UU. se convirtió en el país con más casos y muertes en el Mundo. Cuando el virus desembarcó en territorio norteamericano, no había suficiente producción y no estaban preparados para afrontarlo. Los especialistas señalan que se hubiese podido atender como correspondía la irrupción del virus con los debidos test en el momento indicado.


Frente a esa demanda es que Trump, en las últimas semanas, decidió recorrer distintas fábricas de productos sanitarios en diversos puntos del país, para mostrar su interés en el área, pero lo hizo siempre con ese descuido: el de no usar los elementos de protección indispensables.




Durante su recorrida por la fábrica Trump recibió el apoyo de empleadas que hasta llevaban remeras con su nombre.




Todo sea por la reelección


En todas sus visitas visitas a empresas dedicadas a los servicios de salud, Trump utilizó esos escenarios para hacer campaña por su reelección. Como lo hizo en Maine, donde atacó a la gobernadora demócrata Janet Mills, a quien acusó de "dictadora" por no permitir la reapertura de todos los negocios por la cuarentena y la responsabilizó de que su Estado no vaya a capitalizar la próxima temporada turística de verano por estas limitaciones impuestas. "Ella va a destruir su Estado", sentenció.


La gobernadora Mills le respondió públicamente: "Le pedí al Presidente que revisara su retórica y que nos guiara con coraje y compasión en este momento difícil". Y completó: "Lamentablemente, como era de esperar, él continúa demostrando ser incapaz de hacerlo"


Trump, en esa misma sintonía electoral, aprovechó para elogiar a los trabajadores de una planta que fabrica y anunció ayudas a los pescadores comerciales, que también atraviesan un difícil momento.


En las calles había manifestaciones para todos los gustos. A favor y en contra de la visita presidencial. Quienes apoyaron a Trump planteaban su enojo con los resultados económicos por la cuarentena en Maine. Los que estaban disgustados por la presencia del magnate devenido en Presidente mostraron sus banderas con la leyenda "Black Lives Matter" ("Las vidas negras importan") y "I can´t breath" ("No puedo respirar"), en alusión al asesinato racial contra George Floyd provocado por policías en Minneapolis el 25 de mayo.




Una fábrica convertida en un auditorio de campaña


En uno de los depósitos de la fábrica se montó un escenario con un atril para que Trump diera su discurso. Las sillas estaban separadas entre sí tal como dicta el protocolo de "distanciamiento social": 1,8 metros entre una y otra. Los 150 trabajadores presentes en la planta de "The Puritan Medical Products" lo recibieron con sus trajes especiales. Todo en orden, menos el Presidente.



Trump dio un discurso de 34 minutos desde el atril que le montaron en la fábrica. Allí atacó a la gobernadora de Maine.

Allí dio su discurso de 34 minutos donde atacó a la gobernadora Mills por el ritmo de su plan de reapertura para la economía de Maine. "¿Qué está haciendo ella? Tiene que abrir este Estado", desafió Trump.


Más tarde, Mills emitió un comunicado donde increpó al Presidente por "usar declaraciones incendiarias para avivar la división y el miedo entre las personas de Maine". "He pasado la mayor parte de mi carrera escuchando a hombres fuertes hablar duro para disfrazar su debilidad", señaló la demócrata.


Por su parte, Trump intentó justificar la gran cantidad de casos en EE.UU. argumentando que eso es porque hacen "más testeos que en ningún lugar del Mundo". Y agregó: "Ahora estamos en 20 millones de pruebas. Muy pronto haremos más de 20 millones de pruebas y cuando tenga más pruebas tendrá más casos", haciendo referencia también a la multiplicación en la producción de hisopos que, a partir de la ayuda gubernamental, se iban a concretar en esta planta de Maine. Claro que, la ahora, merced a los propios caprichos y a la negligencia presidencial, muchos terminarán en la basura. Otra "mancha venenosa" de Trump.


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