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La migración como arma de guerra

Foto del escritor: MundoNews
MundoNews
hace 2 días
4 min de lectura

Por Franco Marinone (*)


El pasado 30 de julio 72.000 personas cruzaron la frontera entre Marruecos y la Ciudad Autónoma de Ceuta ante la sorpresa de las autoridades españolas y la pasividad de las fuerzas marroquíes. El resultado: 145 fallecidos y la mayor crisis migratoria de España en años.


La magnitud de este episodio no tiene precedentes, pero tampoco es un hecho aislado: ya en mayo de 2021, cerca de 10.000 personas cruzaron la frontera en Ceuta, aunque solo se registró un fallecido.



El punto en común entre ambos sucesos es que tuvieron lugar poco después de un movimiento diplomático de España contrario a los intereses de Marruecos.


En 2021 la crisis migratoria tuvo lugar apenas un mes después de que el líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, quién lucha por la independencia del Sáhara Occidental frente a la ocupación de Marruecos, fuera hospitalizado en España. La crisis fronteriza actual sucede diez días después de la visita de Pedro Sánchez a Argelia para retomar las relaciones bilaterales con el país magrebí, principal suministrador de gas de España y enemigo regional de Marruecos.


Es así como Marruecos lleva años instrumentalizando los flujos migratorios con fines políticos y diplomáticos. Pero no es el único, en 2021 el presidente de Bielorrusia, Aleksandr Lukashenko, tras ser sancionado por la Unión Europea por amañar las elecciones, expidió visados en Bagdad y Damasco y fletó varios vuelos llenos de pasajeros con destino a las fronteras de Polonia, Lituania y Letonia. En julio de ese mismo año Letonia registró 111 intentos de atravesar la frontera en un solo día.


De esta forma el tablero geopolítico ha convertido los flujos migratorios, antaño relacionados con fenómenos espontáneos, en instrumentos de presión utilizados por actores estatales con objetivos predefinidos.


La migración como arma de guerra


El ex oficial de la CIA Bjorn Beam señalaba en un reciente artículo en el periódico “El Mundo” que durante su trabajo en Agencia de Inteligencia de EE.UU., cubriendo México y Centroamérica, aprendió a “leer los flujos migratorios como un panel de instrumentos más que como una tragedia humana”.

La instrumentalización de la migración se encuentra, sin lugar dudas, dentro del marco conceptual de “guerra híbrida” y aunque carece de una definición jurídica universal, tanto la OTAN como la Unión Europea la definen como “el empleo coordinado de medios militares y no militares -políticos, económicos, informativos, cibernéticos o sociales- por parte de actores estatales o no estatales, con el propósito de desestabilizar o coaccionar a otro Estado sin cruzar el umbral de la guerra abierta.”


El uso deliberado de movimientos de personas -facilitados, tolerados o promovidos por un Estado- para ejercer presión política sobre otro Estado o sobre un conjunto de ellos se volvió una herramienta habitual de regímenes autoritarios para presionar a las democracias occidentales, sobre todo a la Unión Europea. Su éxito reside en que las democracias están sujetas a leyes de asilo, tribunales y Derechos Humanos. Los regímenes autoritarios no y, por ello, pueden amenazar con abrir o cerrar el flujo migratorio cuando les conviene para alcanzar sus objetivos.


Es así como mediante tratados como el “Nuevo Pacto sobre Migración y Asilo” del 2024, la UE ha terminado financiando, legitimando y dejando el control de sus fronteras en manos de regímenes cuya principal ventaja es ignorar esas mismas leyes.



España entre la espada y la pared


En los últimos años varios países de la UE han dado un giro hacia la securitización, un fenómeno político que tratar la movilidad humana como una amenaza a la seguridad nacional en lugar de un asunto social o de derechos humanos


Ceuta y Melilla son las únicas fronteras terrestres de la Unión Europea con África y constituyen enclaves europeos en territorio marroquí. Esto sitúa a España como frontera exterior de la UE y por tanto entre la postura securitaria de vigilancia y contención; y la humanitaria que defiende la migración como un fenómeno que exige protección y derechos.


Sin embargo, para varios socios europeos la prioridad ya no es la solidaridad interna con los países del sur del continente, que reclaman corresponsabilidad y mecanismos de reparto que reconozcan la carga diferencial que soportan las fronteras exteriores, sino un control eficaz de las mismas a cualquier precio.


Quizás de esta forma, se entiende mejor la encrucijada en la que se encuentra el Ejecutivo de Pedro Sánchez, que ha sido catalogado de ineficiente y de “abandonar a los ceutíes” por no devolver hasta el último inmigrante que cruzó la frontera, incluidos los menores no acompañados.


Lo que queda claro es que detrás de estas maniobras geopolíticas se oculta un alto coste humano, en vidas perdidas de personas con pocas alternativas. Las decisiones tomadas en despachos ajenos a la situación real que se vive en los limes europeos empuja a muchas personas migrantes a asumir riesgos extremos, convirtiéndolos en el eslabón más frágil de un mecanismo perverso que los instrumentaliza.


El giro narrativo de muchos gobiernos, que sitúan al inmigrante como enemigo del Estado, además de ser falaz, resulta en la muerte de personas, 821 en lo que llevamos del 2026 para ser exactos (según datos de la Organización Internacional para las Migraciones). Es menester encontrar una solución más allá de la cooperación económica que equilibren la gestión de la frontera con la preservación de los principios democráticos y humanitarios y que personas como Bjorn Beam vuelvan a ver estos fenómenos como tragedias humanas.


(*) Franco Marinone es historiador y analista internacional. Investigador Asociado del Centro de Estudios Internacionales de la UCA.




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