La otra cara de la guerra: Cómo la crisis del petróleo desató una tormenta en las otras industrias
- MundoNews

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La escasez del crudo por la guerra y el cierre del Estrecho de Ormuz está desencadenando una hecatombe en un sinnúmero de actividades en todo el Mundo. Además del combustible hay problemas con el plástico, el caucho, el poliéster para la ropa y hasta los alimentos.
Por Gabriel Michi

Es la otra cara de la guerra. La que se viene manifestando a raíz de la crisis del petróleo por los ataques a la infraestructura de esa industria y, en especial, el cierre del Estrecho de Ormuz por donde pasa el 20% del crudo y el 30% del Gas Natural Licuado que se comercializa en el planeta. La escasez y el encarecimiento del precio de esos elementos están desatando una crisis mundial que se traduce en múltiples actividades. Y que, como ya contó MundoNews, está obligando a distintas naciones a tomar todo tipo de medidas de emergencia. Algunas de ellas que rememoran la época de la pandemia de COVID, por ejemplo, con la imposición del teletrabajo para gastar menos energía. Pero lo que también está demostrando este conflicto es cómo el terremoto del mercado del petróleo puede arrastrar a otras actividades e industrias a un abismo inimaginable. Y es que los derivados del crudo (como por ejemplo, los plásticos) son elementos centrales en las economías de todo el Mundo. Por eso, de la escasez del petróleo se está pasando a una escasez múltiple.
Hoy la oferta mundial de petróleo se redujo en una quinta parte. Y eso empujó los precios del combustible para arriba haciendo que el barril de crudo supere ampliamente los 100 dólares cuando antes del inicio de la guerra estaba en torno a los 67 dólares. Pero no sólo eso: también ha mermado el suministro de productos petroquímicos necesarios para fabricar artículos cotidianos como zapatos, ropa y bolsas de plástico, entre muchos más productos. Y la escasez está haciendo explotar los precios en mercados de consumo que necesitan de plástico,. el caucho y el poliéster. En este último caso hay mercados en los que el precio de los gránulos de poliéster que se necesitan para fabricar su tela aumentó alrededor de un 50%, y con eso se encareció la ropa.
Si bien esa dramática realidad se está haciendo notar en todo el planeta, el impacto más fuerte se viene sucediendo en Asia, que representa más de la mitad de la producción manufacturera mundial y depende en gran medida de las importaciones de petróleo y otras materias primas derivadas. Y los efectos de semejante hecatombe se extienden sin piedad, empujando situaciones extremas. Sólo para citar algunos ejemplos:
En Corea del Sur hay una locura por la compra de bolsas de basura de forma compulsiva por parte de la gente y el Gobierno pide a los organizadores de eventos a minimizar el uso de artículos desechables. Surcorea aprovechó la suspensión de las sanciones estadounidenses sobre ciertos productos petrolíferos rusos para comprar su primer cargamento de nafta a Moscú desde el inicio de la guerra de Ucrania, a la vez que prohibió la exportación de nafta para preservar el suministro interno. En ese país se lanzó una campaña pública pidiendo a la gente que reduzca el tiempo de ducha, cargue los teléfonos durante el día y use la aspiradora los fines de semana.
Taiwán habilitó una línea directa de créditos para los fabricantes que se han quedado sin plástico. Y, a raíz de lo complicado que es conseguir bolsas para sellado en vacío, están aumentando los precios de la producción y venta de los agricultores de arroz. Mientras que el gobierno bajó impuestos sobre los productos básicos para aliviar el impacto de los aumentos de precios sobre los consumidores y la industria.
En Japón crece el temor de los pacientes con insuficiencia renal crónica por no poder recibir tratamiento debido a la falta de tubos médicos de plástico utilizados en la hemodiálisis. Por su parte, el gobierno tomó 5.000 millones de dólares de sus reservas para frenar el precio de la nafta.
En Malasia, los fabricantes de guantes aseguran que la ausencia de derivados del petróleo que sirven para fabricar látex de caucho potencian la caída del suministro mundial de guantes médicos. En ese país el Gobierno suspendió los viajes de funcionarios al extranjero, ajustar la temperatura del Aires Acondicionados en oficinas públicas, evitaran los trajes y las corbatas, usarlas escaleras en lugar de los ascensores y que trabajaran desde casa.
En Vietnam, donde la escasez de nafta está provocando estragos, quienes fabrican productos con especificaciones estrictas, como semiconductores, piezas de automóviles y envases para uso médico o alimentario, aparecen en la nómina de los más tocados.
Tailandia congeló precios del diésel y bloqueó exportaciones de combustible.
En EE.UU, los agricultores ya están pagando más por los fertilizantes, ya que el precio de la urea importada ha aumentado aproximadamente un tercio desde que comenzó la guerra.
En India, los fabricantes de preservativos debieron interrumpir varias veces la producción debido a la escasez no solo de materiales de embalaje y aceite de silicona, que requiere materias primas petroquímicas, sino también de amoníaco. En el país más poblado del planeta suspendieron las cremaciones a gas y las hacen a leña en algunas regiones. También piden que no se cocine a gas y se consuma comida fría, incluso en hoteles y restaurantes.
En Indonesia, donde los precios del plástico se han duplicado en el último mes, las empresas están reduciendo el grosor del material de embalaje. Incluso empezaron a utilizar materiales diferentes, como papel, vidrio, aluminio o plásticos reciclados.
En Myanmar, la junta militar impuso un sistema de placas pares e impares para restringir la circulación de vehículos.
Filipinas ordenó la semana laboral de cuatro días para el gobierno y limitó el uso de aire acondicionado a 24°C.
Frente a semejante panorama, los países empezaron a liberar una cantidad histórica de petróleo de sus reservas de emergencia para intentar contrarrestar esos males. De hecho, durante las últimas semanas, los países asiáticos se han centrado en mitigar el alza de los precios del petróleo, con medidas como la liberación de reservas, la limitación de los precios del combustible y la reducción de la jornada laboral para ahorrar energía.
La Agencia Internacional de Energía recomendó volver al teletrabajo como durante la pandemia de COVID.
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Según Dan Martin, codirector de inteligencia empresarial en Dezan Shira & Associates, el "efecto dominó" de semejante crisis hace que “esto se extienda a todo muy, muy rápidamente: cerveza, fideos, patatas fritas, juguetes, cosméticos”, se verán afectados porque cada vez se hará más difícil conseguir tapas, cajas, bolsas y envases de plástico. Por otro lado, hay subproductos derivados del crudo que son fundamentales para fabricar adhesivos para calzado y muebles, o como lubricantes industriales para maquinaria y disolventes para pinturas y procesos de limpieza. Y, encima, ya se está evidenciando la escasez de otros materiales procedentes de Medio Oriente, como fertilizantes y helio, lo que llevará a encarecer los alimentos y los productos electrónicos, respectivamente.
Las consecuencias también se miden en la macroeconomía: la inflación se acelera en el Mundo y el crecimiento económico se frena o conduce a una recesión global. La producción se ha encarecido no sólo por el faltante de insumos sino también por el aumento de la energía. Algo que ya se está traduciendo en la suba de los precios para los consumidores.
Todo ese fenómeno ya está afectando todo el mercado de los viajes (turísticos o no). Así como hubo cientos de miles de personas de todo el Mundo quedaron varadas por días en países alcanzados por el conflicto, países como Emiratos Árabes Unidos o Qatar que suelen recibir turismo VIP o incluso son escalas ineludibles en los viajes entre Occidente y Oriente, se ven muy afectados al punto que las reservas de hoteles cayeron a sus mínimos históricos y los precios se derrumbaron ante la falta de visitantes. El aumento de los precios del combustible ya se está traduciendo en el incremento del valor de los pasajes aéreos. Y la logística internacional también está acosada: se está dando una suba descomunal de los precios de los seguros en transporte (por la peligrosidad y los desvíos de rutas) que impacta en todos los productos exportables.
Según Morgan Stanley, además de producir alrededor del 17 % de la nafta mundial y el 30 % de su resina plástica, Medio Oriente también suministra el 45 % del azufre, utilizado para fabricar fertilizantes; el 33 % del helio, utilizado en semiconductores, atención médica y aeroespacial; y el 22 % de urea y amoníaco, utilizados como nutrientes para los cultivos.
Hay una profunda afectación en la producción de metales, sustancias químicas y aparatos electrónicos ya que los países de la región son grandes exportadores de azufre -el 24% de este subproducto de la refinación de petróleo y gas parte del Golfo Pérsico- y de materias primas como el aluminio. El azufre se destina a fertilizantes, pero también tiene usos importantes para la extracción de minerales y metales como el cobre o el níquel, fundamentales para la producción de aparatos, vehículos y redes eléctricas, semiconductores, chips, baterías y materiales como el acero inoxidable, entre muchas otras aplicaciones. La industria de los celulares y computadoras está en peligro. Y, así, rubro por rubro las consecuencias del conflicto en Medio Oriente se multiplican. Sumergiendo a la Humanidad a lo que puede ser una crisis sin precedentes. Es la otra cara de la guerra.





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