Los irreparables daños ambientales que deja la guerra de Medio Oriente
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El conflicto desatado entre EE.UU. e Israel con Irán ya produjo más de 300 episodios que contaminaron el ecosistema, tanto por los gases de las explosiones de refinerías como por los derrames por barcos hundidos. Las consecuencias ecológicas pueden durar décadas.
Por Gabriel Michi

Hay muertos y personas heridas. Hombres, mujeres y niños, sin distinción. Civiles y militares. Con responsabilidades y sin ellas. También hay hogares destruidos, hospitales, escuelas, instalaciones de defensa e infraestructura energética. Todo eso abunda en esta guerra en Medio Oriente que ya lleva más de dos semanas y que tiene como protagonistas centrales de un lado a EE.UU. e Israel y del otro a Irán; además de muchos otros actores secundarios que involuntariamente quedaron sumergidos en la contienda bélica. Pero también hay otra víctima central, cuya agonía se ve en el presente pero que también se proyectará a futuro por años y hasta décadas: el medio ambiente. Con todo lo que ello implica para la vida de los seres humanos, tanto aquellos que fueron parte sustancial hecatombe como los que nada tuvieron que ver pero transitan la misma geografía. La guerra en Medio Oriente está generando una contaminación fenomenal sobre todo por el ataque a plantas petroleras en tierra -y las consiguientes nubes de gases y residuos- como también por la gran cantidad de buques cargueros que están siendo hundidas en aguas del Golfo Pésico.
Semejante cuadro pudo verse reflejado tras el infernal incendio que se generó en una treintena de refinerías y almacenes de petróleo iraníes tras los ataques de Israel. Eso hizo que la capital, Teherán -con sus nueve millones de habitantes- amaneciera el 8 de marzo sumergida en un escenario apocalíptico. Una densa e irrespirable nube tóxica cubrió el cielo de la capital iraní, convirtiendo el día en una noche cerrada y peligrosa. La postal oscura que se proyectó alarmó a todos porque llegaban a caer espesas gotas de crudo del cielo.
También el accionar de Irán, tanto con el ataque a plantas petroleras y gasíferas en los países vecinos (donde hay bases militares estadounidenses) como a barcos petroleros, cerealeros y mercantes, está produciendo estragos en el Mar Arábigo y, en particular, en el Estrecho de Ormuz. Los vertidos contaminantes, como también los asfixiantes gases que quedan producto de los bombardeos amenazan las vidas de millones de personas, además de disparar una catástrofe ambiental como pocas veces de ha visto .
Según la organización británica Conflict and Environment Observatory (CEOBS) sólo en los primeros diez días de guerra se dieron más de 300 incidentes con impacto ambiental, no solo en Irán sino también en países vecinos como Emiratos Árabes, Kuwait, Bahréin o Arabia Saudí en el Golfo Pérsico. También se extendió a Chipre, en el Mediterráneo, hasta las costas de Sri Lanka, en el Índico.
Si bien se sabe que todas las guerras tienen un alto impacto ambiental, dado que los bombardeos sobre instalaciones militares liberan metales pesados y compuestos químicos tóxicos, en este conflicto -que comenzó el pasado 28 de febrero- existen varios agravantes ya que los bombardeos a infraestructuras energéticas -muy presentes en la región- se convirtieron en objetivos centrales de esta contienda. Como también -tal como informó MundoNews- las estratégicas plantas desalinizadoras, elemento vital para más de 100 millones de personas que habitan esos países en medio de grandes desiertos: su destrucción podría tener gravísimas consecuencias.






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