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Perú: el país del mito de la economía estable y la realidad de la política inestable

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    MundoNews
  • hace 14 horas
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En las elecciones presidenciales -donde apenas votó el 41%- Keiko Fujimori lideró con el 16,9%, seguida por López Aliaga (12,9%). Así habría ballotage entre dos ultraderechistas, una populista y un conservador. Tras tener 8 presidentes en 10 años, ganó el escepticismo.


Por Gabriel Michi



En Perú la única certeza es la incertidumbre. Y mucho más en materia política. Con una macroeconomía relativamente estable -aunque con una informalidad que oscila entre el 70 y el 80%-, las elecciones presidenciales llevadas a cabo este fin de semana no dejan de evidenciar cómo la inestabilidad política -tuvo 8 presidentes en una década, muchos de ellos juzgados y/o encarcelados por hechos de corrupción- llevó a un escepticismo tan grande que sólo votó el 41% de los ciudadanos habilitados parea hacerlo (11 millones de 27 millones), pese a que el sufragio es obligatorio y que hay multas importantes para quienes no lo hagan. En ese escenario -donde encima se postularon 35 candidatos que aspiraban a la Presidencia, un récord absoluto en toda Latinoamérica- Keiko Fujimori encabeza en recuento de votos con casi el 17%, seguida por Rafael López Aliaga que reunía casi el 13%. De mantenerse esa tendencia, dos referentes de la ultraderecha (una populista y el otro conservador) definirán el ballotage el próximo 7 de junio en la que se decidirá por quien será el sucesor o sucesora del actual presidente interino José María Balcázar. Quién gane, por la enorme atomización de los votos, tendrá otra vez una presencia parlamentaria minoritaria, algo que fue clave en la debilidad de todos los presidentes y su caída por el jaqueo del Congreso.


El uso del condicional tiene que ver con que hubo todo tipo de dificultades y problemas para poder llevar adelante el proceso electoral, a tal punto que se debió abrir muchas mesas de votación el lunes para poder terminar de votar para quienes no pudieron hacerlo el domingo 12 de abril. Y, encima, el conteo de votos viene muy demorado. Fue tan grave lo ocurrido José Samame, director general de ONPE, dimitió tras asumir la responsabilidad de los retrasos y posteriormente fue detenido por la Policía en el marco de una investigación formal iniciada el lunes sobre los fallos.


Si bien los expertos dan por seguro que la hija del polémico ex presidente Alberto Fujimori (fallecido el 11 de septiembre de 2024, tas haber salido de prisión por un indulto) quedará en primer término y será una de las que dispute el ballotage, había algunos interrogantes aún sobre si su competidor terminará siendo el ex alcalde de Lima, López Aliaga, o si hay alguna chance de que el candidato de centroizquierda Jorge Nieto Montesinos (que tenía cerca del 12% de los apoyos) podría arrebatarle ese lugar. En la lista de los que aún soñaban con dar el batacazo y también figuraba otro ex alcalde de Lima, Ricardo Belmont, (10%), Roberto Sánchez (9,9%) y Carlos Álvarez (8,2%)


Con márgenes tan ajustados y cualquiera de los cuatro candidatos aún con posibilidades de llegar a una segunda vuelta, los fallos logísticos corren el riesgo de alimentar las acusaciones de fraude, afirmó Nicholas Watson, de la consultora Teneo. "Cualquier candidato que quede a las puertas del segundo puesto podrá argumentar que no logró clasificarse para la segunda vuelta debido a la incompetencia de la ONPE", dijo Watson.


Fujimori, que era candidata de "Fuerza Popular" dijo que aún quedaba "mucho camino por recorrer" y mucha desilusión a medida que el país se acerca a una segunda vuelta. Por su parte, López Aliaga, figura destacada del partido "Renovación Popular", afirmó que no permitiría un "fraude brutal", argumentando que la mayoría de los centros de votación que no funcionaron se encontraban en Lima, donde tradicionalmente cuenta con mayor apoyo.


Perú, que ha mantenido cierta estabilidad macroeconómica con un Banco Central prácticamente blindado a las urgencias de los políticos de turno, ha tenido una apertura económico que lo llevó a convertirse en el tercer mayor productor de cobre del mundo, pero con una enorme extranjerización de sus recursos. Y vive sumergido últimamente en medio de un aumento impresionante de los niveles de delincuencia. De hecho el tema de la inseguridad fue uno de los ejes más mencionados por los políticos en campaña.


Una campaña que no logró entusiasmar a muchos, algo que se vio reflejado en el altísimo ausentismo a las urnas. Y la atomización de las opciones , con un número muy bajo de apoyos. Hay una enorme desconfianza en las instituciones, potenciado por la inestabilidad de los presidentes y la "puerta giratoria" a la que los someten un Congreso que juega su propio juego de intereses y que va para un lado o para otro de acuerdo a la propia conveniencia del momento de los legisladores. Pero no así de los ciudadanos que ven, lastimosamente, como Perú se convirtió en un país donde la única certeza es la incertidumbre.




PERÚ, EL PAIS DE LAS PRESIDENCIAS IMPOSIBLES


Perú, el país de los presidentes descartables. O de las Presidencias imposibles. Inconclusas. En febrero pasado, una vez más, el Congreso peruano destituyó a un primer mandatario. Se trató del entonces presidente interino José Jerí, quien había asumido su cargo hace apenas 4 meses, luego de sustituir a Dina Boluarte -también desplazada por los legisladores- quien a su vez había reemplazado a su compañero de fórmula, Pedro Castillo, hoy preso como otros mandatarios. Otra vez la inestabilidad política se hacía presente en Perú, con un Congreso que vuelve a mostrar que es quien en realidad detenta la suma del poder político en ese país. Y esa destitución de Jerí encima ocurrió apenas unas semanas antes de esta elección presidencial llevada adelante este 12 de abril y que ahora deberá definirse en el ballotage del 7 de junio, fecha en el que los peruanos deben optar por quien asuma ese frágil rol a partir del 28 de julio. Cuando se destituyó a Jerí, los legisladores optaron por José María Balcázar como presidente del Congreso. Así más tarde asumió la Presidencia de la República, luego de que la vacancia dejada por la censura de Jerí.


El flamante presidente peruano (el octavo en una década) era hasta ese momento un legislador que representa a la región Lambayeque, y fue elegido congresista en las elecciones generales de 2021 por Perú Libre, obteniendo 6.641 votos válidos. Integraba la bancada Perú Bicentenario y, con 81 años de edad, era debutante en el Congreso. Es abogado, con estudios de posgrado y una carrera académica de más de cuatro décadas en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Pedro Ruiz Gallo. Además, trabajó en el Poder Judicial entre 1982 y 2021, hasta lanzarse a la política. En su primer mensaje como presidente garantizó la organización de elecciones libres, y prometió mantener la política económica y la lucha contra la inseguridad ciudadana. “Primero, garantizar al pueblo del Perú que va a haber una transición democrática y electoral pacífica, transparente, que no haya ningún tipo de duda en las elecciones”, expresó Balcázar.


A Jerí lo destituyeron por los cargos derivados de una serie de reuniones no reveladas con dos empresarios chinos en diciembre. Uno de ellos tiene contratos gubernamentales vigentes, mientras que el otro está siendo investigado por su presunta participación en una operación de tala ilegal. Vale aclarar que Jerí niega haber actuado mal y que su participación en las reuniones con los ejecutivos asiáticos tuvieron que ver con la organización de una festividad peruano-china. Sin embargo, sus opositores no le creen y lo acusan de corrupción.

Y aunque hasta ese momento, en febrero pasado, no había sido declarado "culpable" de corrupción por la Justicia, sus ex colegas en el Congreso citaron las acusaciones como una de las razones para destituirlo, argumentando que Jerí se había vuelto incapaz de ejercer sus funciones presidenciales y mostrando, una vez más, que el poder del Parlamento es avasallante y pasa por encima de lo que pueda disponer el Poder Judicial y ni hablar del Poder Ejecutivo. Y es que una cláusula de la Constitución peruana permite a los legisladores destituir a los presidentes que ellos consideren “moralmente incapaces” de ejercer sus funciones, algo que han utilizado en repetidas ocasiones. Y, así, echaron una y otra vez a los primeros mandatarios previamente elegidos o por los ciudadanos o por ellos mismos. Encima los que llegan designados por el Congreso lo hacen muy condicionados por las frágiles alianzas que lo llevaron a ese lugar y en las que se suelen unir sectores opuestos entre sí. Construir esas circunstanciales -e interesadas- mayorías es directamente proporcional a la vulnerabilidad de los presidentes designados.


Perú sumó ya siete presidentes en la última década: Pedro Pablo Kuczynski (julio 2016-marzo 2018); Martín Vizcarra (marzo 2018-noviembre 2020); Manuel Merino (10 a 15 de noviembre de 2020); Francisco Sagasti (noviembre de 2020-julio de 2021); Pedro Castillo (julio de 2021-diciembre de 2022); Dina Boluarte  (diciembre de 2022-octubre de 2025) y José Jurí (octubre de 2025-febrero de 2026). De todos ellos, sólo dos de ellos fueron elegidos por voto popular: Kuczynski y Castillo. Los demás han sido vicepresidentes que sustituyeron a presidentes destituidos y/o congresistas elegidos por sus pares.


Lo llamativo es que, a pesar de lo que muchos denominan como "la puerta giratoria" de la Presidencia y la enorme inestabilidad política que eso representa, la macro economía peruana se ha mantenido estable durante la última década, con gobiernos apegados a políticas económicas ortodoxas que incluyen un gasto fiscal modesto. Pero la desigualdad social y la informalidad de la economía son la otra cara de un país que tiene muchísimos problemas, incluidos los de la violencia y la inseguridad creciente. La nación sudamericana tenía una relación deuda pública/producto interno bruto del 32% en 2024, una de las más bajas de América Latina, lo que ayudó a que lleguen ciertas inversiones extranjeras, incluyendo el mayor puerto comercial del continente, desarrollado por capitales de China. Pero el 80% de sus trabajadores sufren una enorme precarización laboral. En ese contexto, el Congreso, con un poder cada vez más omnívoro, no sólo avanzó una y otra vez contra el Poder Ejecutivo; también aprobó leyes en los últimos años que amenazan la independencia del Poder Judicial de Perú.


La ex legisladora Keiko Fujimori, que hoy lidera el conteo de votos, fue  tres veces candidata presidencial pero resultó derrotado. Su padre (Alberto) fue presidente en la década de 1990 en una de las gestiones más polémicas, corruptas y violentas de la historia reciente de Perú. Alberto Fujimori murió en 2024, pocos días después de salir de prisión. Casi todos los presidentes peruanos terminaron con problemas con la Justicia y muchos de ellos fueron encarcelados. Hay que ver qué pasa con el destino de Jerí. Vale recordar que incluso en Perú existe la única cárcel del Mundo en la que conviven hoy en día varios ex presidente: como informó MundoNews, en el penal de Barbadillo, hoy están presos tres ex mandatarios: Alejandro Toledo (2001-2006), Ollanta Humala (2006-2011), Martín Vizcarra (2018-2020) y Pedro Castillo (2021-2022). Pero el primer preso de esa envergadura que pasó por allí fue el propio Alberto Fujimori.


Sin embargo, lo que nadie duda es que el verdadero poder estará bastante lejos de lo que surja de esa voluntad popular. Porque, en definitiva, eso es lo que demostró la historia reciente de Perú. La historia de un Parlamento todopoderoso que hace y deshace de acuerdo a su conveniencia y sus intereses. A espaldas de la gente. Por eso es el país de los presidentes descartables. De las Presidencias imposibles. E inconclusas.




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