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Reinventarse en tiempos de aislamiento


La cuarentena obligó a muchos a despuntar el ingenio para sobrevivir. Hay historias de todo tipo: desde la dueña de un salón de fiestas infantiles que ahora anima los cumpleaños por computadora hasta la banda de rock que grabó tema y video pero con cada músico desde su casa. También fabricantes de ropa que se volcaron a los barbijos y a la venta por redes sociales. Y un distribuidor de bebidas al por mayor que ahora atiende a particulares.



Por Gabriela Carchak


En su salón Asterisco (Florida) Mariana animaba 30 cumpleaños al mes. Hoy lo hace por computadora.

La necesidad tiene cara de hereje. Y de eso los argentinos saben mucho. La pendular historia del país, con sus crisis recurrentes, resultó ser un entrenamiento eficaz para el más impensado desafío: la Pandemia desatada por el COVID 19. Y sus consecuencias en todos los planos. La cuarentena obligatoria, el distanciamiento social y el peligro de contagio del Coronavirus llevó a diferentes actores de la sociedad, desde comerciantes, músicos y hasta animadores de fiestas infantiles, a tener que reinventarse en su profesión o actividad para poder sobrellevarlo. Hubo reinvenciones apoyadas por la tecnología, como psicólogos o psiquiatras que atienden por videollamadas, pero otros oficios necesitaron un poco más de ingenio o, incluso, previsión. 


Tal es el caso de Mariana, la dueña del salón de fiestas infantiles “Asterisco” (https://www.instagram.com/asteriscofiestas) en Florida, Vicente López, y que hace 36 años se dedica a la diversión de los más chiquitos. Y a solucionarle la vida a los padres en cada cumpleaños. 


- Mundonews: ¿Cuánto hace que no puede trabajar? 

- Mariana: Desde el 14 de marzo estamos con el salón cerrado cuando generalmente solíamos hacer 30 fiestas por mes, con un promedio de entre 25 y 35 niños por cumpleaños. 


- Mundonews: ¿Que sintió cuando empezaron a pasar las semanas y dejó de tener trabajo? 

- Mariana: Al principio me angustié mucho... la incertidumbre económica de no saber cómo afrontar todos los gastos (alquiler, luz, gas, teléfono, rentas) y además los servicios de mi casa porque yo mantengo mi hogar. Es más, armamos un grupo entre todos los salones de Capital Federal, Gran Buenos Aires y muchos del Interior -hay de todo el país- que decidimos llamar SYMA (Salones y Multiespacios Argentinos) para intentar ayudarnos entre todos e incluso pedir algún tipo de asistencia para pagar sueldos o alquileres, porque nuestra categoría de monotributo no entró para recibir beneficios. Es una gran angustia extendida. 


- MundoNews: ¿Cómo se las ingenió para continuar? 

- Mariana: Empezamos a ofrecer shows virtuales de 45 o 50 minutos en los que tocamos canciones en vivo, hacemos títeres, malabares y burbujas. No es lo mismo, porque sabemos que vivenciar las burbujas para los chicos es ideal y fantástico. Pero al menos con estos shows las ven, hago burbujas gigantes, de diferentes formas, esculturas, que en vivo las pueden tocar, e incluso meterse adentro. En este caso sólo las ven, pero de todas formas las disfrutan y se asombran. Esta alternativa nos ayudó a no perder todo, porque nos contaron varios propietarios de salones que ya no van a poder volver a abrir. Pero sobre todo hacemos esto para que los chicos no pierdan la ilusión de festejar su cumple. Por supuesto, son más cortitos y muchísimo más baratos, para que a los papás no les genere un gasto grande en estas circunstancias y los nenes puedan compartir con familia y amigos su día especial.



Mariana extraña el contacto con los chicos en su salón que hoy luce vacío. Se reinventó con las video-animaciones.


La música, también en cuarentena


La sensación de desasosiego que sintió Mariana por las consecuencias de la cuarentena se generalizó en gran parte de la sociedad. De un día para el otro los comercios tuvieron que cerrar, las ventas cayeron, los trabajos programados se esfumaron y encima una Pandemia, de la que casi no había información, se expandía sin control por todo el Planeta. Pero no fue el único rubro que se resintió. También todo lo relacionado con el entretenimiento y la cultura quedó al borde del abismo. Sin embargo algunos artistas, por ejemplo, buscaron la manera de reinventarse en medio de la cuarentena. O, por lo menos, reinventar la forma de hacer llegar su arte al público.

 

Eze Amster, cantante de Limón (https://www.instagram.com/limonmusica), una banda de rock lanzada profesionalmente en 2015 y en vertiginoso ascenso, que fue llamada a participar del Lollapalooza, uno de los festivales más convocantes y esperados por artistas y público, también sintió el golpe sobre esos sueños postergados. 



Eze Amster y sus compañeros de Limón grabaron un tema y un video cada cual desde su casa y luego lo ensamblaron.

Así lo cuenta ante MundoNews: "Para nosotros cualquier lugar, cualquier escenario, es una oportunidad, porque ahí recibís apoyo real de la gente. Hemos ido a San Luis a tocar y nos llevamos sorpresas que quizás no encontraríamos en shows más grandes. Todo tiene que ver con el contacto con la gente que va. Pero, sin dudas, lo que significa la convocatoria al Lollapalooza es una oportunidad increíble, a la que muchísimas bandas aspiran... Es compartir con los consagrados. Pero no se pudo hacer por todo esto de la Pandemia. Aún así tenemos todas las esperanzas puestas en que en noviembre, para cuando se reprogramó el 'Lolla', podamos hacer ese show. De todas formas nunca paramos de pensar y producir".


- MundoNews: ¿Y qué hicieron durante la cuarentena?

- Eze: El tema “BASTA” salió en los comienzos de la cuarentena... No se sabía bien qué iba a pasar y nosotros teníamos muchas ganas de salir a tocar el material nuevo. Pero no se pudo, así que lo hicimos de forma virtual. 


- MundoNews: ¿Cómo hicieron para armarlo si es imposible reunirse como grupo? 

- Eze: Cada uno grabó su parte en su casa. Lo mandamos, lo juntamos, se editó... Incluso grabamos un video de eso y salió, así, sin mucho que pensar. Más que nada fueron las ganas de poder tocar nueva música que recién salía y que la situación no nos lo permitía. De todas maneras, primó la necesidad que teníamos, el deseo de sacar cosas y seguir subiendo material. La Pandemia no nos paralizó. 


Limón iba a debutar en el Lolla. La cuarentena lo impidió. No pueden juntarse como antes, pero graban a la distancia.


Comerciantes que reorientaron su brújula 


Mientras artistas, monotributistas y trabajadores independientes, entre otros tantos miembros del circuito independiente de la economía, ya empezaban a desesperar e idear formas de subsistencia, cuando el COVID 19 se transformó en una realidad en la Argentina y dejó de ser una tragedia asiática o europea, Susana Jasansky, dueña de la marca de ropa Zaf (https://www.instagram.com/zafoficial/), fue pionera y se reinventó a partir del consejo de su pareja, quien siendo médico percibió lo que estaba pasando en el Mundo con el Coronavirus



Susana Jasansky aceptó el consejo de su pareja: por un tiempo dejó de fabricar ropa y fue pionera en los barbijos.


Ante la consulta de MundoNews, Susana lo explica: "Hace 38 años que estoy en el rubro. Nosotros vamos contra la corriente, nuestra venta fuerte es en marzo y abril cuando vendemos la ropa de invierno, colección que empezamos a fabricar en octubre y noviembre. Un día de enero, mi pareja, que es médico, me dijo que todos íbamos a tener que usar barbijo por el Coronavirus y ahí decidí el cambio. Comencé a averiguar cómo se hacían, la tela más conveniente y me puse buscar moldes para ser absolutamente profesional. A la par de esto, hablaba con mis amigos que viven en el extranjero y ellos me decían que iba a llegar el COVID 19 acá. Yo no les creía, hasta que llegó. Hice la moldería y una producción muy chiquita de dos mil barbijos y me acuerdo que hace unos tres meses pagamos el metro de friselina de 45 gramos a $16 y hoy lo cobran a $100. Es que al mes, otros fabricantes como yo, al tener las puertas cerradas, empezaron a hacer barbijos, camisolines, cofias. Hubo mucha demanda de la tela de repente y aumentó de forma brutal. De hecho yo empecé ofreciéndolos a $16 y termine vendiéndolos a $30 porque la friselina se fue al doble y el dólar, en esto, no tuvo nada que ver". 

Pero esta cualidad de ser pionera en la reinvención a partir de la confección de los barbijos a Susana le costó unos cuantos dolores de cabeza.


- MundoNews: ¿Qué recepción tuvieron los barbijos en un principio? 

- Susana: Cuando empecé a publicar los barbijos, mucha gente me insultaba por redes sociales, me exigían que los regale porque eran ‘insumos para la salud’. Después que todos empezaron a publicar, la cosa se calmó. Siempre vendí al por mayor, para tratar de colaborar y mantener los precios bajos. Aprovisioné a geriátricos, empresas de catering para sanatorios, una empresa que vendía suministros de salud a bajo precio para las gobernaciones. Me reinventé pero sin abuso. Cuando todos comenzaron a fabricar, me corrí y traté de concentrarme nuevamente en mi local de Zaf de Flores. Por suerte, haberme adelantado me ayudó a pagar gastos y el sueldo de la empleada, pero el alquiler todavía no lo pagué. Ahora, a la mañana preparo algunos pedidos para el Interior y a la tarde sigo entregando barbijos. Situación de crisis que se convierte en oportunidad, Cabezas que se ingenian para sobrevivir. 

 


Por la cuarentena el local de Zaf Oficial está cerrado y Susana, su dueña, empezó a fabricar barbijos antes que nadie.


Entre los "tapa-bocas" de diseño y las ventas por redes sociales



Otro ejemplo de cómo las personas debieron reinventarse fue el de los propietarios de la firma de ropa urbana "Despega y Vuela" (https://www.instagram.com/despega.y.vuela), que tiene un amplio local, recientemente remodelado, en la localidad de Ingeniero Maschwitz, al norte de la provincia de Buenos Aires.


Gustavo Boca y Verónica González preparan los envíos de los pedidos que le llegaron a su firma "Despega y Vuela".

Cuando empezó la cuarentena, Gustavo Boca y Verónica "More" González, tenían el comercio lleno de mercadería. Y así lo tienen hoy, con el dolor a flor de piel por las pérdidas que esta situación les genera. "Tenemos un local repleto de mercadería, donde está nuestra inversión. Y parece un local desierto, con las cortinas bajas. Un local con todos nuestros ahorros invertidos y sin poder mover nada, desde hace más de 40 días", describe Gustavo.


Pero, luchadores como son, buscaron la forma de aggiornarse al nuevo contexto. También empezaron a fabricar "cubre-bocas", aunque de diseño. Hace más de 30 años que se dedican a la industria textil y eso les ayudó a repensarse en este escenario. Sin embargo, no fue lo único que hicieron. También comenzaron a realizar ventas por Internet, a través de redes sociales y con entregas a domicilio. Un terreno casi inexplorado por ellos.


- MundoNews: ¿Cómo les impactó la Pandemia y la consiguiente cuarentena?

- Gustavo Boca: La cuarentena nos destrozó, nos partió al medio, nos dejó sin recursos. Fue entre una pesadilla y una película de terror. Es muy difícil salir adelante.


- MundoNews: ¿Y cómo lo están haciendo?

- GB: Lo estamos haciendo por medio de las redes sociales. Pero la verdad es que no es lo nuestro. No es algo a lo que estamos acostumbrados. Es algo nuevo para nosotros y no nos alcanza para sostener todo lo que significa mantener el local. Es muy difícil. Lo de las redes sociales sirve para quien ya estaba armado allí. No te podés reinventar y pensar que vas a vender mucho por redes sociales de un día para el otro, por Facebook e Instagram, mientras tenés el local cerrado. Es una ilusión absurda.


- MundoNews: ¿Y qué otra alternativa encontraron?

- GB: Nos pusimos a fabricar "tapa-bocas", medio fashions, de diseño, para ver si con eso hacemos algo de caja. Ese fue nuestro "reinventarnos". De fabricar jeans por años a fabricar "tapa-bocas". Y de tener un local de 80 metros cuadrados lleno de mercadería para vender a mandar dos o tres pedidos chicos por Mercado Libre o Facebook, lo cual no genera ni para la luz. Es muy complicado.



El local de "Despega y Vuela" en Maschwitz está lleno de ropa. "Tavo" y "More" debieron recurrir a la venta por redes.


Cambiar de clientela


Bares, restaurantes, clubes de Barrio, asociaciones culturales y canchitas de fútbol entre otros lugares de encuentro, debieron cerrar sus puertas temporalmente a causa de la Pandemia. Y eso generó un efecto cadena en sus proveedores, que debieron reinventarse para enfrentar la nueva realidad. Algunos de estos sitios son los que reciben regularmente las bebidas de Comercializadora Segurola (https://www.instagram.com/comercializadora_segurola/).



Guillermo tuvo que adaptar su vehículo para poder hacer la entrega de bebidas a domicilios particulares.


Guillermo Stambolski, dueño de la firma le contó a MundoNews su reacción ante la nueva realidad. "Al principio quedamos impactados, paralizados, pero enseguida tuvimos que pensar formas de adecuarnos para poder seguir trabajando. Lo primero que hicimos fue pensar cómo llegar al consumidor particular, cosa que les conviniera más comprarnos a nosotros a bajo precio. Pero, sobre todo, tuvimos que repensar la categoría de productos; en las casas no compran las mismas cantidades ni los formatos que, por ejemplo, un bar o un club: varía por completo desde los envases que se piden, pasando por las cantidades y las variedades. Por eso nos pusimos a pensar más en las familias y en el tipo de consumo de las casas. Así modificamos nosotros también nuestros pedidos". De esta forma fue que, entre los cambios de rutina, Guillermo "adaptó" el auto familiar para poder realizar la distribución doméstica de sus productos.



- MundoNews: ¿Y les cambió mucho el volumen de lo que venden?

- Guillermo Stambolski: Por supuesto, vendemos un 30% de lo que trabajábamos antes. Pero vamos solventando algunos gastos. Otro cambio importante fue que acortamos el tiempo de atención al público en el local para dedicarle más tiempo a la distribución y bajamos casi a $0 el costo de envío, cosa de tentar y facilitarle más la compra a los clientes.



Stambolski tenía su depósito lleno de mercadería cuando la cuarentena lo obligó a reinventarse a la fuerza.

Fabricantes de ropa que pararon producción e hicieron barbijos, fiestas infantiles a distancia, bandas de rock, distribuidores de bebidas, cinco historias que ejemplifican a los que no se rindieron frente a las adversidades ocasionadas por el contexto . Y se reinventaron. La creatividad para subsistir, o incluso crear, se multiplicó en el país a partir del aislamiento obligatorio. Dicen que la necesidad hace que los argentinos tengan el don de reinventar, de “atar con alambre”, o solucionar problemas con ideas o elementos impensados en países desarrollados. Esa creatividad se multiplicó por miles y muchos descubrieron diferentes formas de renacer y no caer en la desesperanza. Sólo se trata de vivir (o sobrevivir), algo que por estos pagos se conoce de memoria. Argentinidad al palo.



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