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Un puente solidario para salir de la calle

Cristian Aguirre, el joven que se había quedado sin techo en plena cuarentena logró su misión: con la ayuda de los vecinos de Villa Crespo, que le compraron una bicicleta, empezó a trabajar en mensajería y así pudo volver a habitar una pensión y dejar el porche del edificio donde transitaba sus días y noches. Un logro individual y colectivo, de esfuerzo y solidaridad.


Por Gabriel Michi



Cristian en la puerta del edificio de la calle Aguirre donde vivió varios meses. Foto Facebook Pablo Brahamian.


Es una historia de esfuerzo. Individual y colectivo. Una historia donde se conjuga el deseo de un hombre por conseguir un trabajo digno, para poder tener un techo donde pasar sus días y sus noches. Y también es una historia de compromisos solidarios de gente que ve en él a un hombre de bien al que la vida castigó injustamente pero que tiene toda la voluntad de salir adelante. El 26 de abril MundoNews publicó el artículo "La calle no es su lugar", sobre lo que estaba viviendo Cristian Aguirre, un joven de 32 años que se quedó sin empleo con el inicio de la cuarentena por la Pandemia de Coronavirus y eso hizo que lo obliguen a abandonar la pensión por no poder seguir pagando su habitación. Y esa historia llegó a esta web gracias a la solidaridad de ciertos vecinos de Villa Crespo que, conmovidos por lo que le estaba ocurriendo, no sólo le posibilitaron que se quede en la entrada de un edificio de la calle Aguirre (sí, como su apellido), sino que le abrieron las puertas de sus casas para que pueda asearse y le fueron entregando víveres para que logre sobrevivir. Además, quedaron cautivados por los modales del joven y por su enorme corazón ya que si veía a alguien que como él estaba viviendo en la calle, pero consideraba que estaba en peores condiciones, el propio Cristian le regalaba lo que le habían obsequiado.


Cristian en la habitación de la pensión donde ahora tiene un techo donde enfrentar su nuevo presente.


Pero los vecinos no se quedaron allí. Empezaron a mover cielo y tierra para que este "Señor" -así, con mayúsculas- pueda salir de esa situación. Y, con ese objetivo, hicieron pública su historia. Un claro ejemplo de ello fue el caso de Pablo Bahamian, una especie de "Ángel de la Guarda", que se cruzó en el camino de Cristian. Este artista dio difusión al relato de lo que rodeaba al mundo del joven y sus redes sociales explotaron de mensajes de solidaridad y de ofrecimientos de ayuda. La emocionante publicación de Pablo llegó a MundoNews y de ahí a los canales de noticias. Y, con ello, finalmente apareció la ayuda para que Cristian pueda tener un Documento Nacional de Identidad ya que el suyo se lo habían robado otras personas que, como él, transitan sus noches en la calle.






Tener nuevamente documento resultaba algo central para poder avanzar en otros aspectos cotidianos como, por ejemplo, conseguir un lugar para vivir. Lo que no se concretaron fueron otros ofrecimientos de trabajo que habían surgido tras la difusión de su caso. Pasaron los días, el frío se adueñó de Buenos Aires, y no llegaba la salida. Y Aguirre seguía allí, en la calle Aguirre, sobreviviendo gracias a esos corazones generosos que se le brindaban cotidianamente. Esos mismos que tendrían el gesto que lo llevaría finalmente a encaminarse hacia su sueño más inmediato. Los vecinos de Villa Crespo juntaron dinero y le compraron una bicicleta para que Cristian pueda hacer repartos y mensajería. Y así, juntó peso por peso, para poder alquilarse una habitación en una pensión de Almagro donde esta semana ya comenzó a pasar sus noches.


Como no puede ser de otra manera, por la enorme amabilidad y gratitud que lo caracteriza, lo primero que señala Cristian cuando MundoNews le pregunta sobre su nuevo presente es: "Gracias... De verdad, creo que sin Pablo (Brahamian), los vecinos y ustedes no lo hubiese logrado". Y traza su diagnóstico sobre cómo se siente frente a este nuevo escenario: "Estoy bien. Para empezar todo sirve. Siempre apuesto a más, pero ya va a llegar. Sólo con ganas y fe, voy a lograr mis metas. Pero siempre voy a estar agradecido con la gente".



Cristian hasta diseñó e imprimió sus propios folletos )y también un banner) para promocionar su actividad. "Mensajería en bici - Rápido, seguro y confiable - ZONA CABA", dicen los volantes, donde consigna su nombre y teléfono. Y hasta se lo puede contactar por WhatsApp. Pero, en todo este tiempo no fue lo único que hizo para sobrevivir. También fue ayudante de albañilería y, de vez en cuando, "cuando me necesitan", trabaja en un lavadero de autos. "Todo sirve", señala. "Preferiría algo fijo pero no me quejo. De a poco voy a salir adelante. Y ya hice un paso grande que fue salir de la calle".


Esa calle por donde transitó distintas situaciones. Desde el gesto afectuosos de los vecinos que se acercaron. O los amigos que cosechó en ese duro contexto y con los que compartió esas vivencias. Pero también hubo varios sinsabores. Como, por ejemplo, el mencionado: una noche un grupo de jóvenes también en situación de calle se le acercaron mostrándose amigables y luego le robaron lo poco que Cristian tenía consigo. Sin embargo, él no guarda rencor: "La calle me enseňó cosas buenas y malas. Pero siempre me voy a quedar con lo bueno. Sé que hay mucha gente buena y eso se valora mucho. Lo malo es que hay gente que te roba lo que tenés, sin antes pedirlo. Ojalá hubiese estado cuando pasaba eso. No para pelear, sino sólo para decirle que me lo pidan y se lo hubiese dado", cuenta con esa generosidad que lo describe por completo.




El banner que armó Cristian donde promociona su trabajo de mensajería en su flamante bicicleta.


La voz de los vecinos


Para comprender este gran paso que dio Cristian al pasar de vivir en la calle a tener un techo en una pensión, hay que mirar indefectiblemente a los vecinos de Villa Crespo. En especial a Pablo Brahamian, el hombre que no sólo le abrió la puerta de su casa para que el joven pueda ducharse, darle una comida caliente o facilitarle el enchufe para poder cargar su celular, sino que además fue el impulsor de la enorme bola de nieve de solidaridad que se generó. "Cuando conté la historia de Cristian, llegué a tener 80.000 posteos que me decían que querían ayudar. Pero muchas cosas eran muy complejas. Hubo mensajes de todo el país", señaló Pablo a MundoNews. Uno de los que se acercó fue Alfredo, un hombre que forma parte del Grupo de vecinos de Villa Crespo. "Con él empezamos a hacer una movida en el barrio y pusimos plata entre varios y le compramos una bicicleta. La gente le empezó a dar para hacer changas. Pero aún así no le alcanzaba. Empezó a juntar pesito por pesito", cuenta Brahamian.




Cristian Aguirre con Pablo Brahamian, en la puerta del edificio. Forjaron una gran amistad.


Tras la primera publicación de MundoNews y la posterior entrevista en C5N, que realizó el periodista Justo Lamas, se contactó una persona del Registro Nacional de las Personas (RENAPER) y en 8 días Cristian tuvo su DNI, algo fundamental para poder hacer cualquier trámite. También el programa Buenos Aires Presente (BAP) tomó nota del caso y se acercó.


Ahora Cristian dejó el porche de la entrada del edificio de la calle Aguirre. "Ojalá pueda llegar a conseguir algo más fijo que le ayude a mantenerse", señala Pablo. Los costos de una habitación en una pensión son elevados para el nivel de ingresos que hoy tiene este joven que tocó el corazón de todos los vecinos. Pero los vecinos lo siguen ayudando no sólo dándole esas changas sino algunos víveres. "Comida nunca le faltó. Ni tampoco abrigo. Pero él además siempre se encargó de ayudar a otra gente. Por ejemplo, a Cristian le habían regalado un colchón, pero como él ahora tiene uno en la pensión., se lo regaló al encargado del edificio", relata Brahamian.



Así está hoy la puerta del edificio de la calle Aguirre, ya sin las pertenencias de Cristian. Foto: Pablo Brahamian.

Historia de vida


Como contó Mundonews en su nota de mayo, Cristian Aguirre tenía una meta: conseguir un trabajo para salir de la calle. Y esa meta, se empezó a cumplir. "Yo no quiero limosna. Quiero trabajar, como lo hice toda mi vida", explicaba en ese momento. Su sueño es poder ganar un sueldo para darle todos los gustos a su hija, Agostina, cuyo nombre lleva tatuado en su brazo. A ella no la ve desde que comenzó la cuarentena pero hablan todos los días. Agostina quedó en la localidad bonaerense de Merlo, donde vivía Cristian antes de mudarse a Capital Federal hace unos años. En esa ciudad del Oeste también están sus padres. Pero otro de los efectos de la cuarentena es también la imposibilidad de viajar para visitarlos, más aún cuando no hay dinero siquiera para el pasaje, más allá de la prohibición de la circulación.


Hoy, ese puente solidario que generaron los vecinos de Villa Crespo le dieron un empujón para que Cristian pueda comenzar a transitar el camino de sus sueños. Con esfuerzo y mucho mérito personal, logró dar el primer paso al abandonar la calle y tener un techo donde empezar a reconstruirse. Pero desea que eso sea sólo el comienzo. Un comienzo promisorio, con una magia especial. Esa en donde se conjugan la impronta personal con el corazón colectivo. Y donde ganan todos.





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