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Una increíble historia de espías

Un británico que trabajaba en la Embajada de su país en Berlín fue condenado a 13 años de prisión por entregar información a Rusia. Lo descubrieron por una agente de Inteligencia inglesa que se infiltró en los Servicios rusos. La operación "Aguijon" tiene ribetes de película.


Por Gabriel Michi



Unas de las imágenes en las que se ve a Smith fotografiando a quienes ingresaban a la Embajada inglesa en Berlín.

Una película de espionaje y contraespionaje que no fue ficción. Fue una historia de la vida real, con ribetes increíbles, dignos de una producción de Hollywood. Una parte transcurrió en Berlín, específicamente en la Embajada del Reino Unido en la capital alemana. El actor principal fue un ex miembro de la Real Fuerza Aérea que había conseguido un nuevo empleo como gurardia de seguridad en la sede diplomática. Pero, lejos de seguir rindiendo fidelidad a la Corona de su país, David Ballantyne Smith -de 58 años- utilizó su estratégico puesto para entregar información sensible a uno de sus principales "enemigos": Rusia. El doble agente sacaba fotografías y tomaba nota de todos lo que ingresaban a la Embajada y se la suministraba a los Servicios de Inteligencia rusos. Pero fue descubierto. Y cómo ocurrió eso también es de película: en una tarea de contrainteligencia una espía encubierta del MI5 -bajo el seudónimo de "Irina"- se infiltró dentro de la la Inteligencia del Kremlin y descubrió al "topo".


Ahora Smith fue condenado a 13 años de prisión luego de haber aceptado su culpabilidad, cuando la operación "Aguijón" lo dejó sin excusas para justificarse. Las pruebas fueron contundentes. Incluso aquellas que lo mostraban al frente del comando de las cámaras de seguridad de la Embajada británica en Berlín, fotografiando con un celular las pantallas por donde se veían los movimientos en la sede diplomática. El espionaje ocurrió entre los años 2018 y 2021.


La historia parece extrapolada de la época de la Guerra Fría, pero que está más que vigente en estos tiempos. Aunque muchas veces se mantengan en secreto. El espía -al que los medios británicos caratularon como "traidor"- sostuvo en su defensa que fue impulsado por una profunda depresión y su deseo de “darle una lección a la Embajada” por presuntos malos tratos que sufría. Pero eso no alcanzó para que el juez Mark Wall se conmoviera. Es más, logró todo lo contrario. El magistrado le recriminó: “Le pagaron por su traición, y estaba motivado por su antipatía hacia este país y tenía la intención de dañar los intereses de esta nación al actuar como lo hizo”. Y lo sentenció a 13 años de prisión.


La Justicia británica aseguró que David Ballantyne Smith ayudó a los rusos a identificar a los integrantes de la misión representativa, enviándole fotos a su contacto. Cada una de ellas iba acompañada de una descripción, lo que ponía en “máximo riesgo” a los señalados.

Entre otros datos entregados, Smith reveló el funcionamiento de la Embajada y su diseño, algo que volvía vulnerable su seguridad.


En el juicio que se le siguió, los fiscales que lo acusaron mostraron también cómo Smith se "había cambiado de camiseta" ya que mostraba no sólo un profundo descontento de su nacionalidad sino que era receptor de mucha propaganda en favor del presidente ruso Vladimir Putin. A "Dmitry" -tal como se lo conocía en la jerga del espionaje- se lo descubrió después de enviar "información altamente confidencial" con datos de los integrantes de la Embajada británica que tenían como misión investigar las operaciones de Rusia. Eso fue detectado por una agente del MI5 que el Reino Unido tenía inflitrado en la Integigencia rusa y al que denominaban "Irina" y quien le tendió una trampa: ella se comunicó con Smith diciéndole que le advierta a su contacto en la ex KGB de que determinada información que él había trasmitido era falsa y podía "perjudicar los intereses de Rusia". Y cuando el guardia de seguridad quiso concretar ese aviso, fue atrapado y detenido.


Así la historia de espionaje para el enemigo de David Ballantyne Smith llegó a su fin. Después de su traición, el ser engañado y atrapado por la contrainteligencia de su país que le tendió una emboscada, acabó con su aventura como agente secreto. En un caso digno de una película de Hollywood. Pero que no es ficción. Es la pura realidad.


Smith trabajaba en la seguridad de la Embajada del Reino Unido en Berlín. Pero espiaba para Rusia.

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