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AD1OS al Dios imperfecto

El pueblo criollo y el Mundo entero lloran a Diego Armando Maradona, el más grande futbolista de todos los tiempos. Su despedida fue emocionante y caótica, como su propia vida. El más argentino de todos los argentinos se fue a los 60 años. Y nadie lo olvidará.


Por Gabriel Michi




"El más humano de los Dioses", lo describió el gigante Eduardo Galeano. Y es lo que fue para muchos. Fue el más argentino de todos los argentinos. La irreverencia y el talento. La magia y los pecados. El genio, ante todo. "Un artista del futbol", lo definió el Presidente francés Emmanuel Macron. El hombre que desde el deporte más popular le regaló las mayores alegrías a los argentinos. El que frotó la lámpara para aparecer en los momentos más difíciles. Un superhéroe para un país acostumbrado a toparse con villanos. Con todo lo mundano de sus caídas que hicieron que sus glorias sean aún más heroicas. Diego Armando Maradona fue eso y mucho más. Fue mil Diegos en un Diego. Y hoy las crónicas de todo el Planeta dicen que murió. Pero nada de eso es cierto, al menos en la memoria de su pueblo.


En la canción la "Argentinidad al palo" la banda Bersuit Vergarabat resalta las contradicciones intrínsecas de la identidad de esta nación. Y Maradona parece un fiel reflejo de ella. Quizás la síntesis más acabada del ídolo sean sus dos goles contra la Selección de Inglaterra en el Mundial de México 1986. El primero, el de la "Mano de Dios" contra un rival que -cuatro años después de la Guerra de Malvinas- simbolizaba mucho más que un oponente deportivo. Y el segundo, el de las gambetas interminables, dejando a medio equipo contrario tirado en el piso, para coronar el mejor gol de la historia de todos los Mundiales. Eso fue Diego, la irreverencia y el talento. La picardía y la hazaña. El David contra Goliat. El Dios pagano que toda la Argentina veneró.



A los 60 años Diego se fue. O comenzó otro camino en la Eternidad. Y su despedida fue como su propia vida. Llena de sentimientos de admiración y devoción por un lado. Y caótica y desordenada por el otro. Miles de personas se acercaron hasta la Casa Rosada para honrar a su máximo ídolo. Hicieron una eterna fila de más de 3 kilómetros para tan sólo pasar unos segundos frente al féretro cerrado y sobre el que se posaba una bandera nacional, además de camisetas de la Selección Argentina y de Boca Juniors (colocadas por su familia) y una casaca de Argentinos Juniors y dos pañuelos blancos (de las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo, que depositó allí el Presidente Alberto Fernández). Muchos de los fanáticos arrojaban algún recuerdo cerca del ataúd, otros sólo transitaban en silencio, otros gritaban su amor al ídolo, otros rezaban. Todos o casi todos, lloraban.


Durante horas la despedida a Diego Maradona en la Casa Rosada fue ordenada y llena de emoción.

Pero llegó la noticia de que, por disposición de la familia Maradona, a las 16 se cerrarían las puertas y a partir de ahí el cortejo fúnebre llevaría los restos de la estrella máxima de Argentina hasta el cementerio de la localidad bonaerense de Bella Vista, donde descansan sus padres, Don Diego y Doña Tota. Entonces la Policía decidió cortar el ingreso mucho antes del final de la fila. Y allí explotó todo. Hubo violencia y represión. Incluso hubo grupos que saltaron las vallas de la Casa de Gobierno e ingresaron por la fuerza. Algo nunca visto, debieron dispersarlos usando gas pimienta en el propio seno de la Sede del Poder Ejecutivo Nacional. Es más, hasta tuvieron que mover el féretro a otro salón más seguro. Afuera la calle era un caos. Gases lacrimógenos, camiones hidrantes, balas de goma y palos partían del lado policial. Piedrazos y todo tipo de elementos contundentes arrojaban algunos que le hacían frente a los uniformados. Una situación desmedida, más sabiendo que se trataba de la despedida de un ídolo amado por todos.


Después de horas de confusión, finalmente el cortejo fúnebre partió rumbo al cementerio privado y en el camino otros miles de personas se acercaron a las autopistas a saludar el transitar de su referente, para guardar en su memoria ese segundo en el que vieron pasar a la caravana del final. Pero en las inmediaciones de la Plaza de Mayo y el Centro porteño quedaron miles de personas que se perdieron la oportunidad de despedir al deportista que más magia les obsequió en sus vidas y que le regaló hasta una Copa del Mundo a fuerza de talento. La despedida de Diego tuvo los matices de su propia vida. Y, aunque sea en esta dolorosa circunstancia, el deseo de que hubiese sido distinta tampoco escapó a ese destino paradójico. El AD10S fue bien maradoniano. Con sus luces y sus sombras.



El caos se generó cuando, por decisión de la familia Maradona, se cerró el acceso. Hubo violencia y represión.

Pero nadie podrá olvidar aquel desvergonzado de la zurda irreverente, a ese pibe humilde de Fiorito que tocó la cumbre del Mundo y por el que hasta en los lugares más lejanos del Planeta se conoció a un país llamado Argentina. Porque Argentina es Maradona. Y Maradona es Argentina. Diego, el más argentino de los argentinos. El que se tatuó la camiseta de la Selección en su corazón. Y el que tatuó su nombre en el corazón de todos. AD1OS al hombre que se convirtió en leyenda. La leyenda del Dios imperfecto.





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