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Como el agua y el aceite: La contracara de Musk en Twitter

  • Foto del escritor: MundoNews
    MundoNews
  • 14 abr
  • 4 Min. de lectura

Jack Dorsey, cofundador de la red social, apoyó su venta al sudafricano, pero se arrepintió. Sus vidas y sus filosofías son opuestas: uno es adicto al trabajo, el otro elige la meditación. La empresa perdió el 80% de su valor en los primeros meses. Pero ahora se recuperó.


Por Gabriel Michi


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Fue una operación ruidosa y explosiva. Además de onerosa: alcanzó los 44.000 millones de dólares. La compra de una parte considerable de Twitter -en 2022- por parte del multimillonario Elon Musk, no sólo significó una mega operación económica sino hasta un cambio de la dinámica de la popular red social. Algo que se vio reflejado en hechos que llevaron el sello de su nuevo mandamás, con una intensísima presencia en la plataforma, y que, como gesto emblemático, por ejemplo, le devolvió a Donald Trump la posibilidad de volver a ella. Esa personalidad de Musk se enfrentó por oposición a la de uno de los hombres clave de Twitter: su cofundador Jack Dorsey, quien aún conserva el 2,36% de las acciones. Las características de ambos, Musk y Dorsey, confrontan diametralmente. Y eso queda en evidencia no sólo en la descripción de lo que son sus costumbres y sus filosofías, sino también en su forma de conducción y hasta en el perfil que le querían dar a la plataforma a la que el sudafricano rebautizó como "X".


A los pocos días de que Musk tomó el timón de Twitter pagando esos 44.000 millones de dólares por el 9% de las acciones (convirtiéndose en el socio mayoritario y pagando 54,20 dólares por cada acción), Dorsey fue categórico: “todo se fue a pique”. Y no era cualquiera el que lo decía. Él mismo había apoyado en un primer momento la operación de venta al magnate sudafricano. Pero, al ver las primeras decisiones que se proyectaba que iba a tomar una vez que desembarcase en Twitter, se arrepintió. Y llegó a plantear que la Dirección no debería forzar la operación en favor del codicioso pretendiente. Sin embargo, todo eso ya estaba en marcha. Aunque con muchas dificultades. Porque desde el momento en el que se aceptó la transferencia de las acciones a Musk hasta que se concretó su llegada, pasaron al menos seis meses. Mientras que previo a todo eso el mismo Dorsey escribió un tuit en el que alababa el arribo de Musk porque contribuiría a extender la luz de la conciencia”, su opinión cambió radicalmente y por eso quiso que se aborte.


Esa mutación en su posicionamiento terminó dándole la razón a Dorsey. Los primeros meses de Musk significaron una pérdida descomunal de anunciantes -que temían por una radicalización de los contenidos que finalmente se concretó- y una estrepitosa caída en los ingresos de la compañía. El valor de Twitter se derrumbó drásticamente desde que el sudafricano la compró en 2022: se calcula que la plataforma perdió entre un 72% y un 80% de su valor. No sólo eso: se despidió o se generó una sangría "voluntaria" de tres cuartas partes de su personal y el proyecto pago de "Twitter Blue" resultó un fracaso. A todo eso se suma que, por la propia psicología egocéntrica y desconfiada de Musk, no nombró a un director en quien delegar tareas. A tal punto que es él quien en forma personal dirige la red. Esas pérdidas que generó el desembarco del sudafricano recién se pudieron revertir con el triunfo electoral y el regreso de Donald Trump al poder y la ventajosa cercanía del principal accionista de "X", quien se convirtió en el funcionario a cargo de los recortes de la administración republicana, a través del Departamento de Eficiencia Gubernamental de EE.UU.


Por eso y por mucho más, Elon Musk y Jack Dorsey son como agua y aceite. El primero es adicto al trabajo al punto de haber dormido en la planta de producción de Tesla cuando la demanda de sus autos eléctricos explotó. Mientras que al segundo le gusta tomarse su tiempo para meditar (Vipassana) dos horas cada día (incluso en el Himalaya) con ejercicios de respiración donde potencia sus sensaciones corporales, "reiniciando su cuerpo" y ayudándolo a tomar "mejores decisiones".


Jack comienza sus rutina diaria a las 5:30 AM, suele ayunar 22 horas al día y camina 5 millas para ir al trabajo. Por su parte, Elon suele comenzar con sus reuniones a las 7:00 AM y en muchas ocasiones no desayuna (aunque sí toma mucho café) y está convencido que sentir hambre "agudiza su concentración". Musk asegura leer dos libros por día (en especial vinculados a la industria aeroespacial, algo que le interesa especialmente por su empresa Space X), mientras que a Dorsey le gusta leer y releer algunos textos más filosóficos y/o espirituales como su favorito: "Tao Te Ching".


El magnate sudafricano se inclina por tomar decisiones rápidas y actuar en consecuencia, mientras que el fundador de Twitter prefiere profundizar y analizar meticulosamente cada jugada. Ambos socios también tienen opiniones contrastantes sobre el equilibrio entre vida laboral y personal: mientras que para Musk "nadie cambió el mundo trabajando 40 horas a la semana" y por eso le dedica 120 horas por semana a sus actividades profesionales en momentos críticos (y pretende que la regulación laboral vuelva obligatorio eso para todos los empleados), para Donsey hay que encontrar un equilibrio ya que "el interés compuesto ayuda a la superación personal".


Esas diferencias también se proyectan a la hora de plantear cómo organizar el trabajo en sus empresas. Musk se motiva en medio del caos y los cambios permanentes, algo que se ve reflejado en la reemplazo constante y la reorganización de sus equipos, a través de un desafiante esquema de "prueba y error" que parte de la premisa de que "si no fracasás, no estás innovando”. Como contrapartida, Donsey cultiva un enfoque "zen", fomentando la meditación diaria y el trabajo en equipo, con la idea central de que "la simplicidad es la máxima sofisticación". Y, dentro de esa lógica de filosofías opuestas, Elon prioriza exclusivamente la búsqueda de resultados, mientras que Jack no se focaliza sólo en eso sino en el camino hacia ese resultado, entendiendo que eso es la fuente del "conocimiento".


Así dos miradas diametralmente enfrentadas, con filosofías que chocan y entran en duelo, se cruzaron en un negocio multimillonarios. Uno jugando a la ruptura y la provocación permanente; el otro apostando a la reflexión y la meditación. Dos universos conflictivos que tuvieron en Twitter su propia batalla. Pero no en superficiales publicaciones en la red social. En su propio corazón.

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