La peligrosa guerra del petróleo que hace temblar al Mundo
- MundoNews
- hace 1 hora
- 4 Min. de lectura
El EE.UU. de Trump no esconde que la principal motivación de su ataque contra Venezuela fue el crudo. En el medio, siguen los secuestros de buques y se desata un conflicto donde los combustibles fósiles se meten en el centro de las disputas. Qué dicen los números.
Por Gabriel Michi

El "sincericidio" de Donald Trump sobre qué quiere de Venezuela es elocuente. No le interesa la falta de calidad de democracia del país caribeño, ni siquiera el supuesto vpínculo de su dirigencia con el narcotráfico (excusa que usó para atacar a esa nación y llevarse a su presidente Nicolás Maduro). Lo que sí le interesa es su petróleo. Y eso quedó demostrado en el hecho de que más allá de los alcances del operativo -bautizado como "Resolución Absoluta"- del 3 de enero que terminó con 58 muertos (32 militares cubanos, 24 venezolanos y dos mujeres civiles, además de 7 soldados estadounidenses heridos)- EEUU dejó en claro que no le interesa cambiar al gobierno chavista que quedó en el poder si cumple con los requisitos exigidos en torno al petróleo. Y esa obsesión quedó aún más plasmada cuando -horas después de anunciar un entendimiento- abordó dos buques petroleros, uno en el Caribe y otro en el Mar del Norte, como parte de su estrategia de quedarse con el crudo venezolano. Esos nuevos actos generan más tensión internacional, sobre todo porque el último de ellos tenía bandera rusa, país que denunció un acto de "piratería" que viola toda la legislación internacional en materia de mares.
En esa embestida por el petróleo el propio Trump anunció que Venezuela -bajo la nueva conducción de Delcy Rodríguez, la ex vicepresidenta de Maduro que ahora juró la primera magistratura- se comprometió a entregarle a los Estados Unidos entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo de alta calidad. Y agregó: “Este petróleo se venderá a su precio de mercado y yo, como Presidente de los Estados Unidos, controlaré ese dinero para garantizar que se utilice en beneficio del pueblo venezolano y de Estados Unidos“. Horas después señaló que con ese dinero venezolano compraría exclusivamente productos fabricados en territorio estadounidense Es decir, un negocio redondo... para EE.UU.
Según las afirmaciones trumpistas, el traslado del crudo se realizaría en los próximos días en embarcaciones con destino directo a puertos estadounidenses, es decir, perjudicando a otros destinos que estaban previstos, como China y Cuba. El gigante asiático, que compraba cerca del 80% del petróleo venezolano (algo que representaba hasta el 8% de sus importaciones de crudo- puso el grito en el cielo. Pero a Trump nada le importa. Con tal de dañar al principal competidor de EE.UU. parece dispuesto a todo. Incluso a no respetar el orden jurídico internacional, algo que ha venido demostrando con total impunidad en los últimos episodios que lo tuvieron como protagonista central
En medio de esos arrebatos aparece el episodio del secuestro del barco petrolero "Bella 1" -rebautizado como "Marinera"- en un abordaje ocurrido em el Mar del Norte, al sur de Islandia, y otro apátrida en el Caribe llamado Sophia. Y la tensión por el crudo se volvió a disparar.
Lo cierto es que a Trump le interesa el petróleo venezolano por varias razones. Si bien EE.UU. es hoy el principal productor de petróleo del Mundo, lo es en gran parte por el no convencional "shale" que logra extraer a través del costoso fracking. Ese combustible es más liviano y sirve para abastecer al mercado minorista de los automotores. pero el crudo venezolano es mucho más pesado y es el que necesita para la industria estadounidense. Además, quedándose con el crudo venezolano perjudica a su principal competidor, China, y también a Cuba (que depende de ese combustible). Y, por otro lado, Trump lograría de esa manera bajar el precio del combustible en su mercado doméstico, algo que le serviría para frenar la caída de su popularidad por el aumento del costo de vida y de las naftas.
En ese contexto, el presidente de EE.UU. no disimuló ni cinco minutos que su objetivo era ese tesoro. Venezuela tiene el principal reservorio de petróleo del Mundo: más de 303.000 millones de barriles, según la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), secundado por Arabia Saudita (267.000 millones de barriles) e Irán, (208.000 millones de barriles). Sin embargo, la producción de crudo venezolano cayó drásticamente en los últimos años, un de 75 %, entre 2013 y 2020, y desde entonces repuntó gradualmente pero sigue muy lejos de sus máximos históricos. Hoy produce 900.000 barriles diarios cuando llegó a superar los 2,8 millones.
En ese contexto, la potencialidad dormida del petróleo de Venezuela es gigantesca. Y a eso apunta -además de cuestiones geopolíticas vinculadas a disminuir la influencia china en el Hemisferio Occidental, el nuevo eje de interés de EE.UU. de acuerdo a la "Doctrina Donroe"- el particular deseo de Donald Trump de quedarse con el crudo venezolano. Porque, en definitiva, ni la falta de institucionalidad democrática, ni las continuas denuncias de violaciones a los Derechos Humanos, ni el jaqueo a las libertades parecen haber influido tanto en la decisión de la Casa Blanca de atacar a ese país y llevarse a su presidente y depositarlo en una prisión de Nueva York. La guerra del petróleo aparece detrás de todo.






