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COVID 19: el regreso del terror paraliza al Mundo

Varios países europeos toman medidas restrictivas por el rebrote y el récord de contagios pese a la vacunación. Vuelven los confinamientos totales, la obligatoriedad de los barbijos y hasta los cierres de fronteras. Responsabilizan a la "Pandemia de los no vacunados". Encima una nueva variante aparecida en el sur de África, Ómicron, prende todas las alertas. Y vuelve a poner en debate cómo la distribución desigual de las dosis pone en jaque a la Humanidad.


Por Gabriel Michi


La primera imagen de la variante Ómicron conseguida por científicos italianos.

Parece el "cuento" de nunca acabar. Un "cuento" que no tiene nada de "cuento". Que es, en realidad, la peor pesadilla que ha azotado al Mundo en décadas. La Pandemia de Coronavirus arrasó en dos años con la vida de más de 5,2 millones de personas y contagió a más de 260 millones hasta ahora. Y, en el momento en que el avance de la vacunación (con casi 8.000 millones de dosis aplicadas) parecía lograr acorralar al COVID 19 y los contagios diarios y muertes disminuían de manera categórica, un nuevo rebrote hizo perder las esperanzas. Más allá de que, gracias al efecto de las vacunas la tasa de letalidad ha descendido entre los contagiados en ascenso. Y, encima, como si todo eso fuera poco, este cuadro de agrava con la aparición de una nueva variante, la Ómicron, originada en el sur de África.


El primer caso registrado de esta mutación (en realidad son más de 30 mutaciones sobre la cepa original) se dio en Botswana, país limítrofe de Sudáfrica. Pero la primera información oficializada ante las autoridades sanitarias mundiales partió del país de Nelson Mandela. Eso ocurrió en pasado 24 de noviembre. Y, a partir de allí, los registros de contagios empezaron a reproducirse fuera del continente africano y se diseminaron por el Mundo. En sólo cinco días ya estaban identificados unos 200 contagiados comprobados con esa variante, distribuidos en una veintena de naciones. Y volvieron a poner en evidencia cómo la distribución desigual de las vacunas no sólo jaquean a los países pobres que no las reciben sino que empujan a todo el Planeta al borde del abismo sanitario. Otra vez.


En las últimas semanas los contagios por COVID 19 se multiplicaron en Europa a tal punto de ser considerada -nuevamente- el epicentro de la Pandemia. Muchos países decidieron tomar más medidas restrictivas tendientes sobre todo a que los "no vacunados" depongan su actitud. Así afloraron los pases sanitarios para poder ingresar a distintos lugares (bares, restaurantes, discotecas, entre otros) para acorralar a los no inmunizados y obligarlos en forma indirecta a vacunarse. Eso despertó la furia en varias ciudades con protestas (algunas muy violentas) de quienes consideran que eso significa un avasallamiento de sus libertades. La "Pandemia de los no vacunados", tal como lo había definido el presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, dañó el esfuerzo de las autoridades de las naciones europeas para tratar de frenar de manera definitiva al Coronavirus.


El país que ha ido más allá fue Austria que, con un bajo promedio inmunizados, primero dispuso una cuarentena especial para todos los no vacunados pero, ante la no atenuación de los contagios, decidió redoblar la apuesta y determinar un confinamiento total de sus pobladores y que la vacunación se vuelva obligatoria a partir de febrero. Fue el primer país europeo en hacerlo. Pero hay otros que analizan seguir el mismo camino, como Alemania y Grecia. Es más, la propia presidenta de la Comisión Europea, Úrsula Von Der Leyen, señaló que es hora que en toda la Unión Europea -más allá de la autonomía de la que gozan los 27 Estados que la integran- analicen volver obligatoria la vacuna contra el COVID 19 ya que un tercio de los que allí viven (unos 150 millones de personas de un total de 450 millones) aún no han recibido ninguna dosis pese a que les sobran.


Calles casi vacías y comercios cerrados son algunas de las postales por el nuevo confinamiento en Austria.

Y, encima, una nueva variante: Ómicron


El 24 de noviembre de 2021 las autoridades sanitarias de Sudáfrica informaron a la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre la aparición de una nueva variante del COVID 19 que presentaba más de 30 mutaciones. Días después la OMS la bautizó como "Ómicron", siguiendo la tradición de nombrar e identificar a las variantes y cepas del Coronavirus con letras del alfabeto griego, para no estigmatizar a los países donde fueron detectadas originalmente. A partir de allí el alerta corrió por todo el Mundo pese a los pedidos de prudencia ya que aún se desconoce si esta mutación es más peligrosa, contagiosa o mortal. Sin embargo, la rápida diseminación de la misma por distintos países del Planeta (en momentos donde en muchos lugares se había bajado la guardia por la mayor vacunación) retroalimentaron los temores.


En una semana los casos (alrededor de 200) no sólo se ubicaron en Botswana (en donde se detectó el "paciente 0" allá por el 9 de noviembre) y Sudáfrica, además de los también africanos Nigeria e Isla de la Reunión. También se hizo presente en los europeos Bélgica, Alemania, Reino Unido, Países Bajos, Austria, Italia, España, Portugal, República Checa, Dinamarca, Suecia y Noruega; y en los asiáticos Israel, Hong Kong, Japón y Arabia Saudí. En Oceanía, Australia también registró casos de Ómicron. Y en continente americano se sumaron Canadá y Brasil.






Casi todos los casos detectados provinieron de viajeros que llegaron del sur del continente africano. Unos pocos habían partido desde algún país del norte de África. Pero ya hay casos (que están siendo investigados) de presunta circulación comunitaria en Europa, sin nexo epidemiológico directo con el supuesto origen de la mutación. Así, por ejemplo, se están analizando contagios en el Reino Unido y Países Bajos, donde habría algunos ejemplos datados el 19 de noviembre, es decir, al menos 5 días antes del anuncio hecho por Sudáfrica.


Ahora bien, lo que dejó en evidencia (una vez más) la aparición de esta nueva variante es que la distribución inequitativa de las vacunas a nivel mundial no sólo es injusta e inhumana, sino que además promueve que la Pandemia no concluya nunca y que surjan más mutaciones que eternicen el problema. En el Mundo ya se han aplicado más de 8.000 millones de dosis de vacunas (la población estimada en todo el Planeta es de 7.500 millones), pero el 80% de las mismas se dieron en los países que integran el G20. Otro dato, mientras que hay países que han llegado a inocular a casi todos los adultos, en todo el continente africano (unas 1.200 millones de personas) sólo tienen el esquema completo el 7%. Y quizás si Sudáfrica (el país mas avanzado de la región en esta materia) no hubiese tenido apenas vacunado al 23% de sus habitantes, la nueva variante de Coronavirus, no sería hoy una amenaza. Sin dudas, la falta de compromiso de las grandes potencias y los laboratorios en la ayuda y el envío de vacunas a las naciones más vulnerables, potenció la tragedia.






Y así el "cuento" de nunca acabar del COVID 19 parece reescribirse todo el tiempo. Cuando el Mundo se ilusionaba ya con empezar a apagar el fuego de esa Pandemia que tanto dolor generó, el terror volvió a aparecer. Una pesadilla frente a la que hay que estar bien despiertos. Y en la que hoy, más que nunca, queda en claro que nadie se salva solo.


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